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Full text of "La isla encadenada : viajando por América"

"^ 



THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F 1787 
.D66 




a 00000 27644 5 



Thís book ¡s due at the WALTER R. DAVIS LIBRARY on 
the last date stamped under "Date Due." If not on hold it 
may be renewed by bringing ¡t to the library. 











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DUE 


DATE RET 
DUE 



















































































































































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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/laislaencadenadaOOdomi 



LA ISLA ENCADENADA 



c 

Marcelino Domingo. 



\ Vcc 



VIAJANDO POR AMÉRICA 



J_y Jrx. 



DA 




Concesionaria exclusiva de venta: 

LIBRERÍA Y EDiTORiAL RIVADENEYRA 

6ran Vía, 8 y 10 

iviadrid 



Sucesores de Rivadeneyra (S. A.). — Paseo de San Vicente, 20. — MADRID- 



SOLILOQUIOS DE UN EMIGRANTE 



EL HOMBRE PELIGROSO 

Nuestro propósito era el siguiente: salir ele 
un puerto de Francia — Cherbourg, la Rochelle, 
Burdeos — hacia los Estados Unidos, y de los 
Estados Laidos dirigirnos a la isla de Cuba. 
Pero este propósito quedó frustrado por la ne- 
gativa a' visar el pasaporte — pretextando nues- 
tra significación política — del Consulado.de los- 
h,stados Unidos en Barcelona, El viaje hubo 
de desarrollarse ya con otro rumbo y en dispo- 
sición espiritual muy distinta a la que teníamos 
cuando fué proyectado. 

La guerra europea ha producido dos daños 
de incalculable volumen : uno de ellos es el me- 
nosprecio a la vida del hombre. La vida huma- 
na apenas tiene hoy valor. Las hecatombes más 
dramáticas, los crímenes más horrendos, los 
atentados del Estado contra el individuo — per- 
secución, encarcelamiento, ejecución — no pro- 



o MARCELINO DOMINGO 

ducen la más leve inquietud. La gente ha leído 
con indiferencia que una oía en Manila barrió 
toda la población de una isla; como asiste 
con indiferencia al panorama trágico que ofrece 
Rusia, donde el hambre causa estragos insos- 
pechados; como ve con indiferencia la conduc- 
ta que desde un año a esta parte sigue el Go- 
bierno español con las organizaciones obreras y 
los hombres más representativos o más audaces 
de estas organizaciones. Jamás la vida del hom- 
bre ha valido menos y ha pesado menos que 
ahora. Otro daño es el egoísmo que se ha des- 
pertado en todas las naciones: las fronteras, 
que antes de la guerra eran brazos abiertos, hoy 
son puertas cerradas. Así como para el médico 
tocjo individuo es un posible enfermo y para el 
juez todo individuo es un posible delincuente, 
en las fronteras todo individuo que desee traspo- 
nerlas es un posible sospechoso. Sospechoso de 
afar.es comerciales que trastornen la economía 
de la nación donde desea entrarse, o sospechoso 
de heterodoxias políticas que pongan en peli- 
gro la ortodoxia de los viejos Estados históri- 
cos, o sospechoso de ser un escapado a la mise- 
ria o a la persecución de su país de origen. Todo 
individuo en las fronteras es un sospechoso. Y 
si la sospecha se comprueba o se presiente o se 



LA ISLA ENCADENADA 9 

supone, las fronteras se cierran inexorablemen- 
te. La generosidad de aquellas zonas de la Tie- 
rra que eran refugio de los caudillos y las ma- 
sas rebeldes de todos los pueblos ha desapare- 
cido con esta guerra, que ha sido llamada la 
guerra por el Derecho y la Libertad. 

El hecho de esta repulsión plantea, sin em- 
bargo, por encima del problema político, un 
problema de orden moral en alto grado sugesti- 
vo. ¿Por qué los revolucionarios de ayer podían 
hallar cobijo y amparo fuera de su patria y los 
revolucionarios de hoy no? ¿Por qué — más en 
concreto — Ruiz Zorrilla pudo pasar en París la 
parte más turbulenta y agitada de su vida y 
en París no permiten entrar, ya no digo a Le- 
nin, sino al más anónimo, al menos influyente 
de los comunistas que ocupan cargo en el actual 
Gobierno ruso? La respuesta es inmediata: 
"Porque Ruiz Zorrilla no era un peligro para 
el Estado francés, y el comunista ruso, sí." 
Pero después de la respuesta inmediata, "surge, 
inmediatamente también, la nueva pregunta: 
¿Por qué Ruiz Zorrilla no era un peligro y el 
comunista ruso sí? Ruiz Zorrilla era un revo- 
lucionario que defendía principios generales, 
comunes a los hombres de su espíritu y posibles 
-en todos los pueblos de una estructura civil se- 



10 MARCELINO DOMINGO 

mejaníe a España; Ruiz Zorrilla pensaba se- 
guramente que uno de los medios que podrían 
producir la transformación del Estado español 
era el de romper los sostenes que el Estado ha- 
llaba fuera de España. No es, en esencia, otra 
muy distinta, con relación a su caso, la posición 
del comunista ruso. Ruiz Zorrilla pasó total- 
mente desapercibido por París, y el comunista 
ruso sería tan percibido que, para evitarlo, 
Francia le ciérralas puertas. ¿Por qué? ¿No es 
la insensibilidad de París ante Ruiz Zorrilla, 
valga como ejemplo, más que porque faite con- 
tenido ideal en Ruiz Zorrilla, por insuficiencia 
de capacidad sensitiva en quienes, confrontando 
los principios de Ruiz Zorrilla, no llegaban & 
interesarse por quien limitaba estos principios al 
caso concreto de una determinada nacionali- 
dad? ¿No es la excesiva sensibilidad que se su- 
pone en París al contacto del comunismo ruso 
consecuencia obligada del hecho de haber sabi- 
do convertir los rusos su propio problema en un 
problema universal y lograr que el ciudadano 
de la ciudad más lejana del mundo, se conside- 
re igualmente ciudadano de Moscú y conside- 
re su propia ciudad como una futura ivloscú en 
donde las experiencias revolucionarias hallen 
también algún día realidad? Ruiz Zorrilla, 



LA ISLA ENCADENADA II 

siendo revolucionario de buena cepa, no era un 
peligro, porque su lenguaje sólo se entendía en 
España, porque sólo hablaba para España, 
porque el núcleo central de su pensamiento era 
Espaáa. El comunista ruso es un peligro para 
las instituciones históricas porque ha sabido ha- 
llar un lenguaje que habla al corazón de los 
hambres descontentos de las cinco partes del 
mundo, Atenas habló también este lenguaje 
que halla. raíces en las más extrañas lenguas; 
Rema, también; también Francia, en otra épo- 
ca, El lenguaje de España pudo ser universal 
por su obra realizada en América; pareció que 
iba a serlo en algunos momentos del siglo XVI. 
Pudo serlo algunas veces, y no sólo no lo ha 
sido nunca, sino que corre el peligro de que su 
zenguaje no sea siquiera el instrumento que uti- 
lice España para su dignificación histórica. 

El hombre de espíritu universal que ha na- 
cido de esta guerra es el comunista ruso. El ale- 
mán puede entrar ya en Francia; el francés 
ruede ocupar una parte de Alemania. Ingleses 
y alemanes, alemanes y norteamericanos, pue- 
den planear alianzas y concertar planes econó- 
micos para lo futuro. El comunista ruso es el 
único europeo para quien existen fronteras; y 
las fronteras existen igualmente para quienes,. 



12 MARCELINO DOMINGO 

aun no coincidiendo en absoluto con las doc- 
trinas y las prácticas del comunismo, han soste- 
nido, en un principio, que apoyar a Rusia equi- 
valía a apoyar el movimiento de más fuerte y 
sana entraña histórica que ha producido la 
guerra. ¿Es por decir esto que el Consulado 
de Estados Unidos en Barcelona me veda 
desembarcar al pie de la estatua de la Liber- 
tad? Si es por decir esto, el repudio equivale a 
una ejecutoria. 



LA SOLEDAD DE ESPAÑA 

El español ausente de su patria y afanoso de 
inquirir el juicio que su patria merece, comprue- 
ba rápidamente la existencia de una creciente 
hostilidad hacia nuestro Estado y una turba- 
ción, desconcierto e incomprensión profundas 
ante la psicología de nuestro pueblo. El Estado 
español va siendo repelido totalmente de la 
convivencia con los otros Estados modernos; el 
pueblo español ha dejado de ser una nota pin- 
toresca para ser una incógnita. No es preciso 
alejarse excesivamente de España para com- 
pulsar esta amarga realidad. A Fas puertas de 
España, en Francia, el español de alma sensi- 
ble topa inmediatamente con ella. 

La denuncia del modus vivendi, que no ha 
sido fruto inconsciente de un súbito impulso, 
sino fruto consciente de una meditada disposi- 
ción y de una razonada documentación de car- 



14 MARCELINO DOMINGO 

gos, descubre la actitud ante el Estado español 
de una determinada clase social. Perjudica la 
denuncia del modas vivendi a España; pero no 
beneficia a Francia. ¿ Por qué se ha ido a ella ? 
La dilación en el curso de reclamaciones que 
el Estado francés presentaba al Estado espa- 
ñol ; la aplicación fulminante por el Estado es- 
pañol de medidas arancelarias que dañaban al 
comercio francés; la evasiva o el circunloquio 
ante la interrogación terminante y categórica son 
las respuestas a la pregunta que se acaba de ha- 
cer. Francia ha ido a la denuncia del modus 
vivendi porque no había posibilidad de soste- 
nerlo dignamente con el Estado español. El Es- 
tado español procede así desde hace tiempo y 
sin que los resultados de este proceder le es- 
carmienten. ¿Quién no recuerda lo sucedido 
con Tánger? Al principio de la guerra, el Es- 
tado francés reclamó al español una solución 
al problema de esta plaza de la zona de Áfri- 
ca. La solución que daba Francia no era, en 
esencia, desfavorable a España. Pero el Esta- 
do español, esperanzado en el éxito de las ar- 
mas germanas y en la obtención, si tal hecho se 
producía, de más amplias concesiones, dio la 
callada por respuesta. La situación actual de 
Tánger ha probado al Estado español el que- 



LA ISLA ENCADENADA 



branto de su forma de proceder. ¿Se ha escar- 
mentado? No. Y no le escarmentará tampoco 
esta hostilidad que ha despertado en la otra 
parte de* los Pirineos entre las fuerzas econó- 
micas, cuya cordialidad era más indispensable 
para el desenvolvimiento o sostenimiento de 
gran número de fuerzas económicas españolas. 
No se reduce a este plano social la hostili- 
dad francesa contra el Estado españo.l Las 
clases proletarias, sin distinción de matices, han 
acordado el boicot contra las mercancías espa- 
ñolas, estimulando, al propio tiempo, a adoptar 
tal conducta a todos los obreros del mundo. 
¿Por qué? A Francia han llegado los gemidos 
de los centenares de obreros presos en las cár- 
celes de España, y ha llegado la noticia de los 
obreros muertos en las calles de Barcelona, y 
ha llegado el detalle de los Centros obreros 
clausurados o disueltos, y ha llegado la versión 
de los años que están en suspenso las garantías 
de la Constitución, con el único objeto de poder 
destrozar, sin respeto a ley alguna, las organi- 
zaciones del proletariado. A los ojos de los 
franceses ha llegado, con sus tintas reales, este 
dramático panorama de España. Y contra el 
Estado español no sólo se adoptan aquellos 
acuerdos que fueron firmes otra vez contra el 



1 6 MARCELINO DOMINGO 

Estado de Hun'gría, sino que se hace en la Pren- 
sa una campaña más enérgica que la que tuvo 
efecto en los días poco halagüeños para el pres- 
tigio internacional de España de la ejecución de 
Ferrer. El juicio común es que el Estado es- 
pañol aplica los procedimientos que utilizó el 
zarismo en sus horas de locura o de desespera- 
ción. Y así como hay revistas conservadoras in- 
glesas que afirman que el Gobierno español es 
el último Gobierno despótico de Europa, no 
hay una sola publicación ¡liberal francesa que 
no evidencie con fechas y hechos concretos los 
procedimientos de represión que se adoptan en 
España y que no reclame contra ellos una re- 
probación universal. 

El Estado español podrá replicar que con- 
vendrá con el francés un nuevo modus vivendi 
y podrá encogerse de hombros ante esta repulsa 
del proletariado. Pero otras realidades le evi- 
denciarán inmediatamente, no ya la soledad 
que le rodea, sino la desconceptuación que esta 
soledad significa. Una de estas realidades es la 
ausencia del Estado español de la Conferencia 
de Washington. No ha sido consultado. No ha 
sido invitado. No ha sido siquiera formularia- 
mente requerido para que delegara su represen- 
tación. Nada. El Estado español no ocupa ya 



LÁ ISLA ENCADENADA i? 

plaza en las grandes Asambleas donde se deba- 
ten los problemas supranacionales. No preocu- 
pa a nadie su criterio ni amedrenta a nadie su 
fuerza. ¿Sería esta situación de humillante in- 
ferioridad la situación del Estado español si en 
los días de guerra, neutral o beligerante, hu- 
biera procedido seriamente, lealmente, viril- 
mente? ¿Estaría el Estado español tan solo si, 
durante la guerra, con su economía o con su 
cultura hubiera tendido lazos cordiales hacia 
aquellas partes del mundo donde hubiera sido 
posible establecer una fuerte solidaridad? ¿Ha- 
bría llegado el Estado español a tal descon- 
ceptuación si en otras Asambleas en las que se 
reclamó su concurso, este concurso hubiera sido 
efectivo, con la indicación de soluciones moder- 
nas y de amplia visión de las cuestiones que se 
debatían? ¿Se prescindiría del Estado español 
si en vez de irradiar su nombre con represiones 
como la de Barcelona, con desastres como el de 
Melilla, con bancarrotas como la de la Hacien- 
da pública, el nombre de España fuera unido a 
una elevada política social, a una obra de colo- 
nización honesta y humana y a una sana y efi- 
ciente organización financiera? El Estado es- 
pañol se ve fuera de los caminos reales que si« 
guen los Estados sólidamente constituidos, por- 



1 8 MARCELINO DOMINGO 

que el Estado español hace todo lo contrario 
de lo que es preciso hacer para permanecer y 
avanzar dignamente por estos caminos. 

¿Y el pueblo español? ¿Cómo es que se so- 
mete, que se resigna el pueblo español? Esta es 
la pregunta que se formulan cuantos justifican 
la hostilidad al Estado. Y la pregunta es una 
interrogación expectante, mezcla de sorpresa y 
desconcierto, de turbación y desencanto. iQué 
psicología es la del pueblo español? La re- 
sistencia a confundir con la hostilidad al Es- 
tado el desvío hacia la Nación hace que esta 
pregunta se formule con reiteración y en todos 
los tonos y desde todos los lados. El español, si 
no quiere ser sorprendido por este desvío, ha de 
precipitarse a dar como respuesta un gesto de 
gallardía que le redima de las culpas del Esta- 
do y le abra la puerta grande de la Historia. 



ANDAR Y VER 

De París a la Rochelle la tierra de Francia 
no ha sufrido las heridas de la guerra. Los 
bosques se conservan íntegros; los prados, los 
viñedos, las huertas, los trigales están en la ple- 
nitud de su cultivo; los caseríos guardan todas 
las líneas y todas las piedras de su arquitectura. 

Las únicas rumas que se encuentran son rui- 
nas del tiempo. Una de ellas es el imafronte de 
una iglesia; la otra es el esqueleto de un ábside. 
Una y otra se alzan en medio del campo. Pero 
no son ruinas abandonadas — como las ruinas de 
España — , ruinas de las que cada día va per- 
diéndose un sillar o una imagen. No. Son rui- 
nas cuidadas, atendidas, veneradas. Consérvan- 
se como monumentos. E,í imafronte está prote- 
gido por unos cipreses, está sostenido por unos 
puntales, está resguardado por unos muros que 
lo rodean; el ábside tiene en torno la misma 



¿o Marcelino domingo 

solicitud. ¿No habrían de hallar este respeto 
todas las ruinas respetables? Las ruinas habrían 
de borrarse del haz de la tierra sin dejar de 
ellas testimonio que pudiese ser profanado o 
habrían de resguardarse así. Plutarco, en las 
Vidas Paralelas, nos cuenta que queriendo el 
padre de Temístocles apartar a éste de los ne- 
gocios públicos, le mostró, en la orilla del mar, 
las galeras viejas maltratadas y abandonadas, 
para darle a entender que del mismo modo se 
conduce la muchedumbre con los hombres pú- 
blicos cuando ve que ya no son de provecho. 
¿No es esta lección la lección de las ruinas? 
Es y no debiera serlo. Torres, monasterios, tem- 
plos, castillos, recuerdos de una civilización y 
de una Edad pasadas : debéis desaparecer bajo 
la tierra como la muerte o debéis permanecer 
con la dignidad de una senectud gloriosa. Fran- 
cia procede así. España procederá así con lo 
pasado cuando lo porvenir sea para ella una 
inquietud y un afán más vivos que son en la 
hora presente. 

LOS PORCHES DE LA ROCHELLE 

Estos porches de la Rochelle son únicos. Se 
tienden por todas las calles; corren la villa de 



LA ISLA ENCADENADA 21 

un extremo a otro. No son unos fastuosos y 
otros modestos; unos de grandes arcadas y 
otros de arcadas humildísimas. Con leves dife- 
rencias, casi todos tienen la misma estructura. 
No son como los de Santiago de Compostela 
ni como los de la plaza de Alcalá de Henares : 
son más bajos, el arco es más tendido. Con los 
pórticos conocidos que pueden compararse éstos 
de la Rochelle es con los de algunos pueblos 
de la montaña de Lérida. Agramunt, por ejem- 
plo. Los porches de la plaza de Agramunt, los 
que se abren a los dos lados de las calles que 
confluyen a la plaza son idénticos a éstos que 
paseamos ahora. 

La vida en los pueblos con porches debe ser 
distinta a la de losj pueblos que carecen de ellos. 
Porque el porche, que no es la casa ni es la 
calle, y es la casa y la calle a un tiempo, debe 
cambiar el espíritu de la calle y de la casa. 
La calle y la casa en los pueblos con porches 
deben dar una raza de hombres distinta a la de 
aquellos pueblos en donde la casa es una celda 
de cuatro paredes, separada de la calle por la 
puerta, que permanece siempre cerrada, y en 
donde la calle es el campo abierto. Sería suges- 
tivo profundizar en la naturaleza de estos pue- 
blos con porches y ver en esta villa de la Ro- 



22 m MARCELINO DOMINGO 

chelle, por ejemplo, la aportación de los por- 
ches a la historia local. 



FILOSOFÍA de la historia 

¿La historia de la Rochelle? Es la historia 
que debiera ofrecerse como ejemplo a todos los 
pueblos. La historia de la RocheUe está inte- 
grada por episodios de fuerte carácter local y 
episodios de alta significación universal. La Ro- 
cheUe ha sido siempre un pueblo atento y en 
marcha : atento a sus deberes locales y en mar- 
cha por el camino que seguían los pueblos guías. 

Concretemos. La Casa de la Villa de la 
Rochelle es un tesoro de piedra y de evocacio- 
nes. Tiene siglos esta Casa de la Villa. Pero 
estos siglos no han borrado las riquezas arqui- 
tectónicas. Las portadas, las columnas, los pór- 
ticos, las torres, las balaustradas, los frisos con- 
sérvanse intactos. Parece que el tiempo se ha 
detenido respetuosamente, apartando o velan- 
do sus huellas. Las evocaciones superan, sin 
embargo, a las piedras. Esta Casa de la Villa 
es testimonio de la fortaleza de la villa. Porque 
la Rochelle sufrió sitios angustiosos. El más 
memorable es el de Luis XIÍI ; el cardenal Ri- 
chelieu lo dispuso con el propósito de asaltar y 



LA ISLA ENCADENADA 23 

castigar las rebeldías constantes de la villa. La 
Rochelle se defendió de tal manera, que de sus 
28.000 habitantes quedaron después del sitio 
sólo unos centenares. Luis XIII, cuando pudo 
apoderarse de la Rochelle, ordenó que "los 
muros, bastiones y fortificaciones, las torres de 
San Nicolás, la Cadena y la cisterna fueran 
arrasadas, y los fundamentos destruidos, y los 
pozos colmados de manera que el arado pudie- 
se pasar sobre ellos como sobre las tierras de 
labor". La Rochelle, sin embargo, no sólo vol- 
vió a alzar sus torres y sus muros, sino que glo- 
rificó la casa que habitaba Jean Guitau, el al- 
calde de la villa durante el sitio, y le elevó un 
monumento para perpetuar y enaltecer su me- 
moria. Otros sitios sufrió la Rochelle. Todos 
los resistió con bravura y de todos se repuso con 
presteza. ¿No es este amor por la historia local 
una cualidad memorable? 

Pero la Rochelle no es como Sagunto o San- 
tiago o Numancia, un pueblo de historia local 
únicamente. Es un pueblo incorporado a la His- 
toria universal. El movimiento religioso de la 
Reforma interesa a la Rochelle — a esta villa 
de los porches y las torres — más que a ningún 
otro pueblo francés. En tal grado le interesa, le 
apasiona y le decide que la Rochelle hace de- 



H MARCELINO DOMINGO 

claración solemne de abandonar el catolicismo. 
Y llevando la resolución a actos concretos, ex- 
pulsa o encarcela o agarrota a los prelados ca- 
tólicos. La Rochelle queda como la villa pro- 
testante de Francia. No es menor la significa- 
ción de la Rochelle en la época de la Revolu- 
ción. Su espíritu estuvo con la obra de París, 
hasta tal punto que, al tener noticia del desastre 
que los vendeanos habían infligido al cuerpo de 
guardias nacionales, la villa se sublevó contra 
los realistas, que hubieron de ser trasladados a 
una isla inmediata. Villa apartada de París, la 
Rochelle no se suma a la Vendée, que encarna 
el egoísmo rural y la insensibilidad aldeana, sino 
que se une a la ciudad que simboliza la más de- 
licada y elevada vida civil. ¿No es esta aporta- 
ción a la Historia universal otra cualidad ejem- 
plar? La Rochelle encierra los dos valores mo- 
rales que debieran regir la vida de todo pueblo : 
un fuerte amor a la personalidad — defensa de la 
independenciaT — y un hondo sentido de la res- 
ponsabilidad — aportación a todos los movimien- 
tos históricos — . La defensa de la independen- 
cia sin aportación a los movimientos históricos 
equivale a defensa de egoísmos y a fosilización. 
La aportación a los movimientos históricos sin 
defensa de Ja independencia equivale a poseer 



LA ISLA ENCADENADA 25 

el vicio de que el cartaginés Barca acusaba a 
Aníbal: al vicio de no saber edificar sobre la 
victoria después de haber vencido. 

EL PUERTO DK LA ROCHELLE 

El puerto de la Rochelle es, en Francia, uno 
de los puertos de embarque para América. No 
está en la categoría de los grandes puertos fran- 
ceses: de Marsella, que se abre a las bocas del 
Rhone ; de Burdeos, que está en la desemboca- 
dura del Garona-; de El Havre, que se extiende 
en las riberas del Sena. El puerto de la Rochel- 
le entra con Boulogne, Caíais, Caen, Cher- 
bourg, Brest, Cette y otros en la categoría de 
los puertos medianos. Hoy, el puerto de la Ro- 
chelle, con sus 133 metros de longitud, su ca- 
nal de 2.400 metros, que señala el curso de la 
rada al puerto, y su tirante de agua accesible a 
buques de 5 a 6 metros, ha quedado reducido 
a un puerto de refugio de barcos de vela. 

El gran puerto de escala se alza más al 
mar, en la rada, y se denomina la Pallice. Tie- 
ne la Pallice 8 metros de tirante de agua, y el 
Estado llevaba gastado en él cuando se decla- 
ró la guerra cerca de 35 millones de pesetas. El 
proyecto de hacer de la Pallice un puerto de 



26 MARCELINO DOMINGO 

primera calidad quedó interrumpido, y no se 
ven, al presente, las posibilidades de realizarlo. 
Francia ha de paralizar sus obras públicas como 
hubo de hacerlo en 1 878 con el programa Frey- 
cinet. El problema de los puertos ha constituí- 
do, sin embargo, desde largo tiempo, una de 
las más serias preocupaciones del Estado fran- 
cés. Observa Francia cómo va quedando atrás 
en su rango marítimo, cómo del tercer lugar ha 
llegado a ocupar el sexto, y siente el afán de 
reconquistar el rango perdido. Estos grandes 
puertos en las desembocaduras de los ríos y es- 
tos puertos medianos en todos los puntos con- 
venientes de la costa nos fuerzan a pensar en 
la desembocadura de los ríos de España, com- 
pletamente desaprovechada, y en nuestras cos- 
tas sin puertos de refugio, ni puertos de pesca, 
ni puertos de escala... Nos fuerzan a pensar en 
Vigo — uno de los puertos naturales más ricos 
del mundo — , en Coruña, donde el buque ha de 
quedar parado en el centro de la bahía por no 
existir obra de ingeniería adecuada... La pre- 
ocupación de Francia habría de ser desespe- 
ración en España, y -la inquietud de Francia 
habría de ser en España fiebre incesante de 
voluntad y actividad.., 



LA ISLA ENCADENADA 27 

Desde este puerto de la Pallice, una mañana 
del mes de diciembre, salimos para América. 
El cielo estaba obscuro, el mar estaba bravo. 
Dentro de este mar y bajo de este cielo, el 
barco avanzaba majestuosamente. 



psicología del pasajero 

El trasatlántico en que hacemos la travesía 
es un buque inglés de gran tonelaje. Al cruzar 
la plancha y entrar en él hemos renunciado a 
nuestra personalidad. La severa disciplina de a 
bordo, el reconocimiento de la impotencia para 
toda acción y la sensación de la fragilidad hu- 
mana ante la magnitud oceánica, abaten los 
más firmes derechos y las más enraizadas vani- 
dades. Quien dijo que un viaje por alta mar 
era una de las experiencias a que debía some- 
terse el hombre que aspirara a encontrarse a sí 
mismo, dijo la verdad. El mar destruye el fon- 
do convencional de nuestro espíritu y descubre 
el fondo que Ortega y Gasset llamó el "fondo 
insobornable del espíritu". El mar, en defini- 
tiva, le enseña al hombre, con el ejemplo vivo 
del hombre, lo que el hombre es. 

El pasaje está compuesto por gente de los 



30 MARCELINO DOMINGO 

más dispares países. Hay ingleses, alemanes, 
belgas, franceses, españoles, rusos, negros, sud- 
americanos, norteamericanos... Todos son igua- 
les, dentro de las diferencias de comodidad 
que la ocupación de una u otra clase señala, 
ante las reglas inflexibles que impone el capitán 
del buque. El capitán de un buque absorbe los 
más extremos poderes de un dictador. Su vo- 
luntad es la única voluntad en acción que exis- 
te en el buque. Su arbitrio es el solo arbitrio que 
puede ser norma. El capitán de un buque es, 
por otra parte, el dictador acatado sin coac- 
ción punitiva de ninguna clase. Y es que la 
dictadura del capitán de un buque es la dicta- 
dura de la inteligencia. Todos nos sometemos 
a él porque tenemos la segundad de que sólo 
él puede conducir el buque a puerto. ¿Se le 
acataría igualmente, si este convencimiento no 
existiera? Evidentemente, no. Si presintiéramos 
que el capitán podía estrellar el buque contra 
el acantilado, las más débiles sumisiones con- 
vertiríanse en las más desesperadas rebeldías, y 
la dictadura se arrancaría de las manos ineptas 
para depositarse en manos de acreditada habi- 
lidad. Un viaje oceánico, en concreto, es un 
ensayo de dictadura, de lo que una dictadura 
debiera ser. Y es, igualmente, una prueba de 



LA ISLA ENCADENADA 31 

lo que una dictadura puede durar, porque no 
hay espíritu delicado que a las dos o tres horas 
de hundimiento en el barco no sienta el anhelo 
de recobrar la plenitud de sus libertades. El 
cruzar la plancha y saltar a tierra es, por este 
motivo, una de las más ricas emociones que 
pueden sentirse. Más rica, tal vez, que la emo- 
ción que se siente al dejar, tras de nosotros, las 
rejas de la cárcel. 

Si el viaje oceánico es un descubrimiento de 
la personalidad humana, tan interesante como 
observarnos es observar a los otros. ¿Qué ha- 
cen esas gentes que pasan con nosotros, sobre 
la cubierta inmensa, la mayor parte de las ho- 
ras del día? Los ingleses, que constituyen ma- 
yoría, viven insularmente, apartados del resto 
del pasaje; esta esquivez, que ellos consideran 
signo de superioridad, y que estudiándole aten- 
tamente nos parece confesión tácita de impoten- 
cia al convencerse de no poder evidenciar esta 
superioridad en la convivencia social con otras 
razas; esta esquivez resalta en el barco. Los in- 
gleses dedican casi todo el día a juegos de 
"sport"; cuando acaban de ellos, entran en el 
smofying-room y consumen impasiblemente in- 
finidad de vasos de cerveza. Alguna que otra 
vez se les ve con un libro en la mano. La mu- 



p MARCELINO DOMINGO 

jer toma parte en todos los juegos del hombre 
y lee con alguna mayor asiduidad. Los alema- 
nes del pasaje se reducen a un matrimonio con 
una hija. Ocultan su origen cuando se les inte- 
rroga. Hablan tres o cuatro idiomas. El hom- 
bre es ingeniero y va a regir unas minas en la 
América del Sur. Su afán es aprender el espa- 
ñol, y pasa las horas del día estudiando ; la mu- 
jer estudia también gramática española. Al 
lado del matrimonio, la hija, una niña de nue- 
ve o diez años, lee, escribe, dibuja... Los fran- 
ceses y belgas que conocimos eran también 
ingenieros : uno de ellos iba a Cuba para poner- 
se al frente de un ingenio ; otro, dirigíase a Val- 
paraíso, donde debía dirigir unas obras... Pa- 
saban las horas riendo, contando historias pica- 
rescas, cantando... Cuando los ingleses acaba- 
ban de jugar, jugaban al mismo juego que los 
ingleses. El rostro de estos franceses y belgas 
denotaba placidez, optimismo, bondad, orgullo. 
Entre los sudamericanos contábanse chilenos, 
peruanos, bolivianos. Distinguíanse por su lo- 
cuacidad, y su deseo era enterar a cuantos en- 
contraban a su paso de las razones que tenían 
los chilenos para ir contra los bolivianos, y a 
los peruanos contra los chilenos ; de los motivos 
justificados de guerra que existían entre unos 



LA ISLA ENCADENADA 33 

y otros... Los españoles constituían casi todo 
el pasaje de tercera. En Coruña y Vigo habían 
subido a bordo. Eran emigrantes. Emigrantes 
proletarios. No eran hombres de ciencia que en 
un intercambio de valores culturales España 
mandaba a América; no eran grandes indus- 
triales, como estos industriales norteamericanos, 
alemanes e ingleses que vienen a España a 
descubrir nuestros yacimientos mineros o a ex- 
plotar nuestros saltos de agua ; no eran ingenie- 
ros, como esos ingenieros belgas y franceses que 
van de una parte a otra del mundo. Eran emi- 
grantes proletarios. España ha descendido a la 
categoría de los países que sólo sirven para 
llenar el hueco que el trabajo manual deja va- 
cante. Esas gentes de a bordo, tan diversas, de 
tan apartadas tierras, descubrían la psicología 
de sus respectivos pueblos y nos mostraban las 
posibilidades que el porvenir de cada uno de 
estos pueblos ofrece. Esas gentes eran, "al mis- 
mo tiempo, una revelación histórica y una anti- 
cipación de la Historia. 

Entre la Pallice y Vigo el mar desencade- 
nóse : las olas barrían cubierta ; la proa hundía- 
se bajo las aguas; el buque, imponente cuando 
se hallaba anclado en el puerto, iba ahora de 

3 



34 MARCELINO DOMINGO 

una parte a otra como pluma al viento. Hubo 
después, durante la travesía, dos o tres días 
más de temporal. El mar, más que triste, más 
que majestuoso, cuando dejó de perfilarse so- 
bre él la línea gentil de la tierra, nos pareció, lo 
mismo en su bravura que en su apacibilidad, de 
una monotonía insuperable. 



EL AVENTURERO ESPAÑOL 

¿Es aventurero el español? Acodado en la 
barandilla del buque y vueltos los ojos hacia 
los pasajeros de tercera, casi todos españoles y 
casi todos emigrantes, la pregunta era una tor- 
turadora obsesión. ¿Es aventurero el español? 
Aquí está, sobre la cubierta de proa, entre ca- 
denas y cuerdas y palos, el español que aban- 
dona España. En su porte, la miseria dejó el 
sello; en su rostro, en las cuencas de los ojos, 
las privaciones fijaron su huella ; en su gesto, el 
cansancio, la flojedad, imprimieron carácter... 
Pasa las horas tendido, caído, rendido... Duer- 
me, canta, habla. ¿Es aventurero el hombre 
que, en ese estado de espíritu, se desarraiga de 
su patria? 

Para resolver en última instancia si el espa- 
ñol es un aventurero, es preciso definir previa- 
mente al aventurero. El aventurero es el hom- 



36 MARCELINO DOMINGO 

bre que se lanza a la ventura movido por un 
romántico impulso de idealidad y por un irre- 
frenable deseo de ofrecer a los ojos panoramas 
nuevos y nuevas emociones al corazón. El va- 
gabundo no es un aventurero, como no es un 
aventurero el desterrado, como no es tampoco 
un aventurero el que marcha forzadamente a 
un lugar, por apartado que este lugar se halle, 
con un fin determinado : cavar la tierra o dilapi- 
dar una herencia. El pordiosero que en los años 
mozos va de pueblo en pueblo mendigando un 
trozo de pan, sin echar raíz en ningún oficio ni 
en ningún hogar, no es Un aventurero; el sega- 
dor que, en cuadrilla, corre España de punto a 
punto ofreciendo su trabajo, no es un aventure- 
ro; el médico, el maestro, el periodista, el mi- 
litar, el negociante que va de un lugar a otro 
buscando aquel en que la fortuna le será más 
propicia, no es un aventurero. La denomina- 
ción de estas actividades es esta: incapacidad 
de acción o acción forzada por la más modesta 
necesidad doméstica. El aventurero responde a 
más nobles estímulos; es de más elegante y 
aristocrática progenie. Salir a la ventura no es 
salir a mendigar, ni salir a la conquista del pan, 
ni salir a llenar las gavetas, ni salir a buscar un 
grado más alto en el escalafón. El aventurero 



LA ISLA ENCADENADA 37 

es el hombre en quien los horizontes ideales 
abarcan el infinito y busca sobrepasar los hori- 
zontes visuales con el deseo de intentar en los 
horizontes ideales la obra que espera y desespe- 
ra en su alma. ¿Es de una categoría así el es- 
pañol que emprende los viajes oceánicos? 

El español de hoy no es un aventurero. Ha- 
bría que estudiar serenamente si el español me- 
rece ostentar con dignidad y seriedad alguna 
vez en la historia este título. Porque la etopeya 
del español que Bernal Díaz del Castillo nos 
ofrece en La Conquista de Nueva España, no 
es la etopeya del aventurero. Es la del genio 
en cinco o seis casos excepcionales, y es la del 
forzado en la multitud de los otros casos. Her- 
nán Cortés fué un aventurero, como lo fué Pi- 
zarro, como lo fué Alvarado, como lo fué San- 
doval, como lo fué Olid... Pero nada más... 
Y España, que no puede ser llamado un país 
de santos por el hecho de ser de Avila Teresa 
de Jesús, ni un país de héroes por el hecho de 
ser un héroe el Cid, ni un país de escritores, por 
el hecho de haber escrito Cervantes el Quijote, 
¿puede ser llamado un país de aventureros por 
destacar en la aventura media docena de nom- 
bres prominentes? Bernal Díaz del Castillo, al 
hablarnos en el capítulo XVI de su obra de lo 



^8 MARCELINO DOMINGO 

que les aconteció a los conquistadores cuando 
costeaban las sierras de Tuste y de Tuspe, dice : 
"...también todos nosotros los soldados estába- 
mos hartos e muy trabajados de andar por la 
mar." Este hombre, "harto y trabajado", ¿era 
el llamado aventurero del siglo XVI? El lla- 
mado aventurero del siglo XX, ¿es este emi- 
grante de ojos y pómulos hundidos, de brazos 
caídos, que va en la cubierta de proa? "La vida 
suele tener aquí — ha escrito Ortega y Gasset 
refiriéndose a la España del presente — una es- 
tabilidad plúmbea y una monotonía aldeana. 
Cada cual entra en el carril de su oficio, atroz- 
mente rígido y prestablecido, y suele hasta la 
muerte seguir en él, sin ensayar usos nuevos, 
sin protesta ni brinco." El español de hoy no 
es un aventurero. Es un sin trabajo, o un vaga- 
bundo, o un desertor, o un desesperado, que 
rompe con todo. Es el español que está mal en 
España o que espera estar bien fuera de Es- 
paña. Es el español que en su patria se muere 
de hambre o se muere de asfixia. Es el bracero 
de Galicia, que gana en una zafra lo que no 
puede ganar en diez cosechas de su país, o es 
Rey Pastor, que encuentra en las Universida- 
des de la Plata la sed de cultura que no ha po- 
dido hallar en las Universidades ibéricas. Es el 



LA ISLA ENCADENADA 39 

mozo veinteañero, que escapa al servicio mili- 
tar, o Unamuno, que salda para siempre las 
cuentas con una opinión que no se decide a 
convertir los juicios privados en el grito de re- 
beldía de una colectividad herida en su sobera- 
nía civil. 

El español, no sólo no tiene alma de aventu- 
rero, sino que no tiene siquiera alma viajera. 
El español no viaja. Los gallegos no conocen 
Madrid; los castellanos no conocen Cataluña; 
los andaluces no conocen Valencia. El tesoro 
inmenso de arte que significa España en el mun- 
do es totalmente desconocido por los españoles. 
El mariscal Gramont, que estuvo en España a 
mediados del siglo XVII, descubría en los es- 
pañoles esta sequedad espiritual, esta indiferen- 
cia para los horizontes nuevos: "No sienten cu- 
riosidad alguna de ver tierras extrañas — escri- 
bía en sus Memorias — y menos aún de ente- 
rarse de lo que en ellas ocurre." ¿Es debido 
ello a cansancio, a agotamiento, a incultura, a 
debilidad de carácter? Indudablemente el tipo 
humano del español ha decaído en los últimos 
siglos. El egoísmo privado se ha desarrollado 
en extremo y ha matado el espíritu público. 
Han desaparecido de nuestra historia los hom- 
bres inflamados por el fuego de grandes ambi- 



4° MARCELINO DOMINGO 

ciones: hombres napoleónicos, que convertían 
su vida en la vida de los néVoes de historia uni- 
versal. La característica del español de nues- 
tros días es el escepticismo, la incredulidad, el 
encogimiento de hombros, la pasividad musul- 
mana. El perfil gentil del aventurero no se di- 
buja en el gris zuloaguesco del cielo de Espa- 
ña. ¿Se ha dibujado cuando en el cielo de Es- 
paña lucía siempre el sol? 

Al ver este buque inglés que cruza el océano 
y pensar que su primera y segunda clase ac»- 
moda ciudadanos ingleses, franceses, belgas, 
alemanes, que con un título científico o una po- 
sición económica, van a ocupar fuera de sus 
países puestos de alta jerarquía social, y que 
en tercera clase, sobre la cubierta de proa, lleva 
tendidos, hundidos, caídos a los emigrantes, y 
que ellos son todos españoles, y que ellos son 
todos proletarios, la pregunta viene al corazón 
y a los labios: iqué es esta España, que solo 
lanza al mundo esos hombres? 



LECTURAS EVOCADORAS 

El buque nos aleja de España en las horas 
que España se halla aplanada por la sorpresa y 
la vergüenza del desastre de Annual. Sorpresa 
y vergüenza por las que han pasado todos los 
pueblos en guerra. Pero que en los pueblos 
fuertes crean las grandes conmociones revolu- 
cionarias y en los pueblos débiles, ablépticos y 
paralíticos, producen abyectos abatimientos o 
extraños y paradójicos sentimientos patrióticos. 
El buque nos aleja de España en las horas que 
España alinea su juventud para embarcarla 
toda hacia Marruecos, y gasta cantidades fabu- 
losas en el sostenimiento de la acción militar, y 
adopta, ella, la metrópoli civilizada, ante la 
colonia incivil, una actitud de rabiosa venganza. 
El buque nos aleja de España en horas en que 
expatriarse, escapando a la contaminación, es 
redimirse, 



4 2 MARCELINO DOMINGO 

El buque, en alta mar, enfrenta la proa ha- 
cia las Antillas, hacia la isla de Cuba, hacia el 
último trozo de dominio que España tuvo en 
América. ¿No sería sugestivo volver los ojos 
hacia aquella guerra colonial, que acabó en 
1898, y confrontarla con esta guerra colonial 
de ahora? De 1898 a 1.921, de la rendición de 
Santiago a la rendición de Monte Arruit, van 
más de veinte años. ¿Qué aprendió España en 
ellos? ¿Qué vicios desterró? ¿Qué virtudes ad- 
quirió? ¿Qué renovación impuso a sus institu- 
ciones prominentes: poder moderador, poder 
ejecutivo, ejército? Tocqueville escribía que las 
guerras valorizaban los pueblos ; ponían al des- 
cubierto el valor moral, civil, económico, políti- 
co, de los pueblos. ¿Qué valorización puede 
hacerse de España poniendo en parangón los 
procedimientos empleados en Cuba con los que 
se están empleando actualmente en la zona de 
ocupación del Norte de África? 

Tenemos en la mano un libro de Charles Be- 
noist. Se titula L' Espagne, Cuba et les Etats- 
Unis. Se publicó en 1898. Va dedicado a le 
grande et chéri memore e de don Amonio Cá- 
novas del Castillo. Las doctrinas de este libro 
concuerdan de tal manera con las doctrinas del 
hombre publicóla quien iba dedicado, que cuan- 



LA ISLA ENCADENADA 43 

do estas doctrinas se expusieron, antes de apa- 
recer en el libro, en la Revue des Deux Mon- 
des, Cánovas hubo de sincerarse declarando en 
voz alta que no le pertenecían. ¿No advierten 
detalles como el de la fecha de publicación, que 
el libro recogía impresiones vivas, reales; y el 
de la coincidencia de criterio con el político que 
tuvo durante la guerra colonial las más altas 
responsabilidades de gobierno, un sentido con- 
servador y moderado en las afirmaciones que 
el libro contiene? No es este libro un libro com- 
puesto con referencias de tercera o cuarta mano, 
ni un libro de apasionadas fierezas revoluciona- 
rias. Es un libro que transcribe una realidad que 
estuvo frente a los ojos del escritor. Y la trans- 
cribe con espíritu apacible, más dispuesto a la 
disculpa y al perdón que a la ira. 

"El palacio del gobernador de la Habana 
— dice Benoist — fué el lugar de la tierra don- 
de se durmió más y mejor". No se sabía en él 
nada de lo que acontecía en Cuba ni desde él 
se hacía nada para hacer cordiales e íntimas 
las relaciones entre España y Cuba. "Dormía- 
se, las puertas altas abiertas, en el feliz aban- 
dono de la naturaleza tropical; quienquiera 
que pasase podía entrar, sentarse, tomar un 
vaso de agua, escuchar, si era la hora de la 



44 MARCELINO DOMINGO 

causerie, la sola cosa sagrada, después del sue- 
ño". Dormir mucho y hablar mucho; ignorar- 
lo todo y dejarlo todo de hacer. Vivir sin tortu- 
ras espirituales y sin sentido del deber sobre la 
tierra que truena. ¿No parece este palacio del 
gobernador de la Habana el palacio del alto 
comisario en Tetuán? El general Berenguer 
vivía alegre y confiado, con siete millones en 
el presupuesto para servicios de confidencia, y 
sin saber una palabra de la organización y di- 
rección de la harka, de su potencia ofensiva y 
de las probabilidades de resistencia que podrían 
ofrecer ante un ataque repentino las tropas es- 
pañolas. No han venido con los años los escar- 
mientos; 1921 es como 1895. 

Cierta o fantástica, Benoist relata en la pá- 
gina 46 de su libro una entrevista del general 
Chinchilla, gobernador de la Habana, con Ma- 
ceo. Maceo entró en el palacio del goberna- 
dor para pedir el pago de unos abonarés. El 
general español y el caudillo cubano se enarde- 
cieron en el diálogo. El caudillo le dijo al ge- 
neral que él disponía de miles de hombres para 
lanzarse con ellos a la montaña. El general le 
replicó al caudillo que su afán era prenderle y 
fusilarle. De las palabras llegaron a las manos. 
Maceo salió de mala manera del palacio del 



LA ISLA ENCADENADA 45 

gobernador. Cierta o fantástica la escena, 
¿quién no la compara, al recordarla, con otra 
escena, cierta o fantástica también, que en el 
palacio de la Comandancia general de Meli- 
11a tuvieron el general Silvestre y Abd-el-Krim? 
Revelan las dos la misma disposición de espí- 
ritu en los hombres representativos que Espa- 
ña pone al frente de sus colonias. No han cam- 
biado con los años los procedimientos; 1921 
es lo mismo que 1890. / 

Benoist relata una a una las gestiones que 
cerca de España realizaron los Estados Uni- 
dos, con el propósito de adquirir la propiedad 
de la isla. Habla de la venida a España del 
embajador norteamericano Mr. Saunders. "La 
Corte de España estaba en La Granja — escri- 
be Benoist — , y la cartera de Estado acababa 
de pasar del duque de Sotomayor al señor Pi- 
dal, en el Ministerio presidido por el general 
Narváez. Es por el general que Mr. Saunders 
decidió comenzar el ataque, esperando llegar 
por él a la Reina madre, Cristina, cuya influen- 
cia sobre los asuntos cubanos era muy grande, 
a causa de los intereses considerables que ella 
tenía en la isla". ¿No son actualmente los mis- 
mos intereses quienes determinan la orienta- 
ción en Marruecos? Benoist compara la suble- 



4¿ Marcelino domingo 

vación de Filipinas con la de Cuba. Y en la 
página 160 escribe: "Un disentimiento existía 
entre el presidente del Consejo y la Reina re- 
gente. Cánovas quería nombrar al general Pri- 
mo de Rivera como sucesor del general Blan- 
co; la Reina quería que el sucesor fuera el ge- 
neral Polavieja, jefe de su Cuarto militar. La 
Reina había expresado en términos claros y 
bastante vivos el pensamiento que tenía, y era 
que, tanto en Cuba como en Filipinas, era ya 
tiempo de entrar en el período de acción, dar 
el golpe fuerte y terminar". ¿Período de ac- 
ción, golpe fuerte y terminar? ¿No son éstas 
las mismas palabras que han salido ahora, des- 
pués de Annual, del Palacio Real? Más evo- 
cadoras son aún las páginas de Benoist. Habla 
del relevo de Polavieja, mal visto por la Rei- 
na, exigido por Cánovas. Polavieja llegó a 
Madrid. "De la estación-^-dice Benoist — , el 
general fué directamente a Palacio. Entonces 
pasó el incidente del balcón. La Reina regen- 
te, el Rey Alfonso XIII; las princesas, sus 
hermanas, y la infanta Isabel, su tía, se situa- 
ron en una ventana para ver al general pasar 
por la plaza de Oriente. El general, de pie en 
el coche y descubriéndose, gritó : ¡ Viva la Rei- 
na!, ¡Viva el Rey! Todo Madrid comentó el 



LA ISLA ENCADENADA 47 

hecho. Cánovas hubo de negarlo en las Cáma- 
ras, diciendo que el Rey, jugando, había abier- 
to la ventana, y la Reina había salido a bus- 
carlo... O misére des peüls rois — termina Be- 
noist — qui jouent, et des reines qui, se souve- 
nan\ trop quelles sont meres, oublient une minu- 
te que, par une fenétre ouverte dan un palais 
royal, on ne sait jamáis, en notre temps, quelles 
fidelités peuvent sortir, ni quels malheurs peu- 
\>en entrerf" Los años no sólo no han servido 
para aprender en los hechos, sino que se rein- 
cide temerariamente en ellos. El recibimiento 
oficial hecho al general Berenguer en horas en 
que es residenciado por el Parlamento tiene 
más gravedad que la ventana abierta del Pa- 
lacio Real el día de la llegada de Polavieja. 
La ventana abierta pudo excusarse como un 
juego, y los mismos Reyes hubieron de sopor- 
tar la excusa, que era una repulsa. ¿Qué ex- 
cusa posible hay en el acto presente? No; 
1921, peor que 1848, cuando vino Mr. Saun- 
ders; peor que 1896, cuando fué relevado 
Blanco; peor que 1897, cuando entró Pola- 
vieja en Madrid... 1847, 1896, 1897, son el 
mal; el mal que se agrava... 1921 es la evi- 
dencia trágica y deprimente del mal sin re- 
medio. 



PANORAMAS TROPICALES 



LAS EVOCACIONES DE LA HABANA 

La Habana tiene todas las tonalidades de 
luz y todas las significadas características de 
una ciudad de Andalucía. Con una peculiari- 
dad. Que en la Habana las tonalidades de luz 
son más vivas que en Andalucía, y que las ca- 
racterísticas andaluzas son, naturalmente, más 
prolijas y más relevantes en cualquier rincón 
de Andalucía. El verde, el blanco y el azul, 
que son los colores de Andalucía, son de tonos 
más fuertes en la Habana. Las rejas, las can- 
celas, los patios con flores, las calles angostas 
y la voz ceceante y melodiosa, que son los ras- 
gos de la Habana, destacan más ostensible- 
mente en Andalucía. 

La primera impresión que ofrece la Habana 
es la de una dinámica vida comercial. La am- 
plia bahía tiene anclados en ella incontable nú- 
mero de buques de gran tonelaje, que recogen 



52 MARCELINO DOMINGO 

y desembarcan pasajeros y mercancías; buques 
de la línea Key-West, que hacen normalmen- 
te la travesía de Cuba a los Estados Unidos; 
buques que realizan servicios de cabotaje; bar- 
cos de vela; remolcadores; los /erry, que cum- 
plen la función de transportadores. Los mue- 
lles están abarrotados de género, y en ellos, 
una multitud compuesta de blancos, negros y 
amarillos vive febrilmente una vida de trabajo. 
Al apartarse de la bahía y entrar en la ciudad 
percíbese más claramente el valor que el co- 
mercio ha alcanzado en la Habana. Almace- 
nes en todas las calles y barrios enteros de al- 
macenes. En la planta baja de las casas, bajo 
los pórticos, en los cuatro lados de las plazas, 
sólo hay tiendas. ¿No constituye esa cantidad 
inconmensurable de tiendas, más que un signo 
de potencia comercial, un peligro comercial? 
Porque con ser numerosa la población de la 
Habana y con ser además la Habana el cen- 
tro de aprovisionamiento de todo Cuba, es en 
apariencia superior la intensidad comercial a 
la capacidad de adquisición de la isla. Y e» 
ya de tiempo de Fourier la sentencia de que 
un comercio profuso y difuso sólo sirve para 
encarecer la mercancía, sin enriquecer al co- 
merciante. ¿Pueden subsistir sin apremios eco- 



LA ISLA ENCADENADA 53 

nómicos y sin elevación extraordinaria de pre- 
cios estos pequeños bodegones de las calles su- 
cias y angostas de los barrios pobres y estos 
suntuosos almacenes de las calles de San Ra- 
fael y Pi Margall? El trastorno que la quie- 
bra de los Bancos ha producido en la Habana 
nos evidencia cómo una gran parte de este co- 
mercio estaba y está montado sobre bases arti- 
ficiales. El comercio más fuerte no es el que 
tiene más puertas abiertas a la calle. La vida 
comercial de la Habana, en definitiva, ganará 
en intensidad y estabilidad el día que dismi- 
nuya en prolijidad. Con menos tiendas y ci- 
mientos más sólidos en las tiendas que queda- 
ran, el ciudadano de la Habana viviría con 
menos gasto; el comercio haría sus balances 
con mayor beneficio ; los ramalazos que en tiem- 
pos de anormalidad económica causan tantos 
estragos — y la Habana es buen testimonio de 
ello — no moverían siquiera la aguja de sus 
torres. 



En la ciudad de piedra de la Habana hay 
dos ciudades: la vieja ciudad española y la 
nueva ciudad independiente; la vieja ciudad 
española está constituida por castillos, por ca- 



54 MARCELINO DOMINGO 

serones que sirvieron de hospedaje a las insti- 
tuciones oficiales, por restos de muralla... Pero 
hay dos aspectos de la vieja ciudad española, 
que evocan el sentido de magnificencia de la 
España de siglos pasados: uno de ellos es la 
noble traza del antiguo palacio de los capita- 
nes generales; palacio suntuoso, de elegante 
línea castellana, que recuerda Tos grandes edi- 
ficios del tiempo de Carlos III. Este edificio 
fué hasta época muy reciente residencia del 
presidente de la República; hoy ocúpalo el 
Ayuntamiento. El otro aspecto memorable es 
el de la plaza de la Catedral. Esta plaza, 
con sus pórticos, con sus casas señoriales, con 
la iglesia ocupando toda la línea de uno de 
sus lados, es plaza igual a la de cualquier his- 
tórica ciudad de Castilla. España dejó bien 
clavado su sello en estos evocadores rincones 
de la Habana. 

La nueva ciudad independiente tiene ras- 
gos de gran ciudad europea. El Parque Cen- 
tral, con el palacio del Centro Gallego y sus 
hoteles; el paseo del Prado, con sus amplias 
calzadas y sus ricos edificios; el Malecón, ten- 
dido junto al mar; el Vedado y los nuevos re- 
partos, con la elegancia de sus quintas, son 
trozos de la Habana que podrían apuntarse 



LA ISLA ENCADENADA 55 

con elogio si se hallaran en París, en Londres... 
Son trozos de la nueva ciudad que dan dere- 
cho a la Habana a entrar en la categoría de 
las grandes ciudades modernas. Esta nueva 
ciudad independiente justifica la independen- 
cia de la Habana. Algo hay en ella, sin em- 
bargo, que un español, preocupado por la sig- 
nificación histórica de su país, no puede pre- 
senciar sin alzar su protesta contra los antepa- 
sados que dominaron en América. Son los mo- 
numentos. Uno de ellos, el que se alza en el 
Parque Central, es el del filósofo de la revo- 
lución, José Martí, muerto en Dos Ríos por 
las tropas españolas; otro, el que se encuentra 
al final del paseo del Prado, es el del poeta 
Zenea, ejecutado por las autoridades españo- 
las; otro, el templete que hay junto al Morro, 
y ante el cual se destocan todas las cabezas, 
es el de los siete estudiantes de Medicina fu-» 
silados por los militares españoles en 187Í. 
acusados del horrendo delito de haber desente- 
rrado el cadáver de un capitán de voluntarios 
con objeto de hacer sobre él estudios anatómi- 
cos; otro, el que se levanta a Maceo en la 
plaza, de Maceo. Este último es de una rique- 
za artística y una elegancia de líneas insupe- 
rable. ¿Qué furor vesánico y qué ceguera men- 



56 MARCELINO DOMINGO 

tal inspiraban los actos de los representantes 
en Cuba de la España oficial? ¿Qué incom- 
prensión o qué indiferencia eran la de la Es- 
paña vital ante estos desafueros y desaciertos 
de la España oficial? 

En la ciudad nueva, como testimonio de lo 
que España fué para Cuba, se levantan estos 
monumentos. En la ciudad vieja, como testi- 
monio de lo que Cuba sigue siendo para Es- 
paña, se conserva en el frontispicio del Ayun- 
tamiento el escudo heráldico de España. El 
alcalde de la ciudad — varón de rica historia 
personal, de inmensa popularidad y de auste- 
ra conducta en todos los cargos que ha ejerci- 
do, don Marcelino Díaz de Villegas — nos 
mostraba este escudo con respeto y emoción. 
Respeto y emoción que prueban la obra que 
hubiera podido hacer en América una España 
más rica en valores civiles que la España pa- 
sada, y la que podría hacer aún una España 
históricamente y moraímente más ambiciosa 
que la España de nuestros días. 



LA LUZ, LA PALMERA Y EL CABALLO 

La inmensa riqueza de la naturaleza cuba- 
na percíbese corriendo por el centro de la isla, 
desde un confín a otro, desde Habana a San- 
tiago. La vegetación manifiesta su exuberancia 
en la copiosidad de plantas que cubren todo el 
haz de esta tierra, Los ojos acostumbrados a 
extenderse sobre los desiertos yermos y roco- 
sos de Aragón, de Castilla, de Extremadura, 
sorpréndense de esta ufanía. Ni Galicia, ni las 
Vascongadas, ni Andalucía, son tan prolíficas. 
Todo es verde en este suelo cubano: las ribe- 
ras de los ríos, las cuñas de las montañas, las 
maderas de las casas... Todo. El hombre del 
campo apenas ha de realizar otro trabajo que 
recoger del campo sus productos. El sol, el 
agua, el aire y la tierra realizan la totalidad de 
las labores. 

Pero esta naturaleza no sólo es rica; es be- 



58 MARCELINO DOMINGO 

lia. Es bella con belleza esplendente. La exu- 
berancia no ha borrado el detalle ni ha oculta- 
do el matiz. Al contrario: los ha intensificado 
con líneas y colores de una delicadeza insupe- 
rable. La palmera es el motivo en toda la ex- 
tensión de este paisaje: una palmera alta, de 
tronco blanco y recto, fino en su base inferior 
al emerger del suelo, ligeramente abombado en 
su parte media, fino otra vez antes de abrirse 
sobre él, como plumas verdes, la curva gentil 
de sus hojas. La palmera encuéntrase a veces 
sola sobre una planicie inmensa y tiene evoca- 
ciones bíblicas; forma a veces bosque frondo- 
so, y en el bosque cada una de ellas resalta con 
un encanto propio. Recórtase en los crepúscu- 
los sobre las tonalidades del cielo, y su tonali- 
dad verde es la que hiere el espíritu. La pal- 
mera señorea en este trozo de América con la 
majestad procer con que el pino y el ciprés, ár- 
boles selectos, magnifican otros trozos del sue- 
lo de España. 

Esta naturaleza de Cuba, tan rica y tan be- 
lla, guarda también la sugestión de su primiti- 
vismo. El cobijo del hombre es el bohío: una 
choza de hojas y tronco de palma. El hombre 
es de la raza negra y aparece, atisbando por 
una de las aberturas del bohío o a lomos de 



LA ISLA ENCADENADA 59 

una caballería, con un amplio sombrero de 
paja, casi desnudo el cuerpo, prendido al cin- 
to el machete. En el fondo del bohío, en ex- 
traña promiscuación, descúbrense hacinados la 
mujer, los hijos, las bestias domésticas. Solare 
esta naturaleza resalta, a trechos, la nota se- 
vera de un ingenio o la nota pintoresca de un 
poblado. El ingenio presenta en su parte cen- 
tral el edificio de la fábrica, y en torno, la in- 
finidad de habitaciones de los trabajadores y 
los colonos. El poblado es una calle larga, de 
casas de madera y de color; en el poblado, con- 
fundidos con los negros, se ven los blancos y 
los chinos; los chinos, que van compitiendo con 
los blancos en toda clase de exportaciones co- 
merciales. El ingenio es una nota severa por 
el orden, el trabajo de colmena, el silencio y 
la disciplina que se observa en él; los hombres 
realizan su labor con el método de una gran 
fábrica, moderna. El poblado es una nota pin- 
toresca por el ruido de voces y la confusión de 
gentes que hay en él. Todo el mundo habla y 
todo el mundo habla en voz alta.,. Los negros 
van con el machete; los blancos llevan todos 
un enorme pistolón; los chinos son los únicos 
que no llevan arma de ninguna clase y se mue- 
ven silenciosamente y activamente. Las muje- 



6o MARCELINO DOMINGO 

es. ..,.-....;.... s. x 

res aparecen en las puertas de las casas con 

sus trajes blancos y planchados hasta los pies; 
la laxitud de su cuerpo y de sus brazos nos re- 
velan un alma devorada por sueños y supers- 
ticiones. El poblado es, en fin, la nota gaya 
de cualquier pueblo español en día de fiesta. 

Tanto como la palmera, es el caballo un sig- 
no característico del campo de Cuba. E/1 caba- 
llo se ve en todos los bohíos; se ve en los po- 
blados. Es el amigo inseparable del hombre. 
Todas sus diligencias, todos sus viajes, los rea- 
liza a caballo el guajiro. A machetazos se abre 
paso en la manigua y a caballo pasa entre los 
platanares y desciende a los ríos y sube a los 
montes y se interna en los bosques. El perfil 
del caballo dibújase siempre en éstos horizon- 
tes. ¿No es el caballo quien da al guajiro una 
•xcesiva movilidad? El pobre soldado espa- 
ñol que, en la guerra que por su independencia 
sostuvo Cuba, hubo de entrar a pie en la ma- 
nigua y a pie avanzar por las trochas y a pie 
ir de un poblado a otro, supo de esta ligereza 
del guajiro, montado siempre a caballo, mar- 
chando a caballo de una parte a otra, hacien- 
do a caballo la guerra. 

La luz del sol sobre el azul pálido del 
cielo, la nota gentil y femenina de la pal- 



LA ISLA ENCADENADA 6 i 

mera, la agilidad del caballo: éstas son las 
características de la naturaleza cubana. La 
riqueza artística de estas características se ex- 
plica diciendo que, siendo las mismas en toda 
la extensión de la tierra de Cuba, los ojos no 
quisieran cerrarse nunca para verlas siempre. 
Y es que sobre la unidad de color y línea, el 
matiz ha dado a esta unidad las variedades 
más exquisitas. 



SANTIAGO, LA CIUDAD CONVULSA 

Santiago es la ciudad de las convulsiones 
geológicas y de las convulsiones históricas. Los 
signos de estos dos fenómenos — el de la tierra 
y el de las almas — son bien ostensibles. Cual- 
quiera que sepa andar y ver por las calles y 
por los aledaños de la ciudad advertirá, en las 
calles, una configuración característica, y en 
los aledaños, el vestigio de sucesos memora- 
bles. 

Las casas de Santiago están edificadas para 
resistir las sacudidas sísmicas. Son casas bajas 
y de madera. No quiere ello decir que no haya 
edificios de cuatro y cinco pisos y de piedra 
labrada: hoteles, almacenes, Bancos, teatros, 
círculos, afrontan ya el peligro de los terre^ 
motos, elevando sobre la tierra movediza gran- 
des y modernas construcciones. Pero la gene- 
ralidad son casas bajas y de madera. No quie- 



64 MARCELINO DOMINGO 

re ello decir tampoco que las casas de esta 
contextura sean misérrimas viviendas. Al con- 
trario: exteriormente son de una delicada con- 
figuración; elévanse unos palmos sobre el ni- 
vel del suelo; asciéndese por unos escalones a 
la lonja o al atrio que resguarda la puerta de 
entrada. Una profusión de ventanales, enreja- 
dos con rejas de rica traza, y siempre abiertos., 
muestran el interior, que ofrece muchas veces, 
por el decorado y el moblaje, el aspecto de un 
palacio. Una de las casas que guarda todo su 
sabor clásico es la casa donde, en 31 de di- 
ciembre de 1803, nació el poeta José María 
Heredia. Es baja, de color rojizo; tiene unos 
ventanales con reja de madera. El interior es 
un gran zaguán, que conserva como una reli- 
quia, en uno de los lados, la habitación donde 
vino al mundo el poeta; una habitación pe- 
queña, obscura, con muebles que el tiempo y 
el recuerdo han santificado. Al otro lado del 
zaguán se abre a la luz clara y alegre de una 
gran sala una escuela de niños: una de esas 
escuelas que son la ejecutoria más rica de la 
urbe moderna. Otra de las casas de rancio 
linaje es un viejo edificio donde se. hallan ins- 
talados un museo y una biblioteca y en el que, 
entr» viejos cañones y viejas banderas, «e ve. 



LA ISLA ENCADENADA 65 

al anochecido y desde la calle, a unos mucha- 
chos y a unos hombres — blancos y de color — 
leyendo silenciosa y afanosamente libros o pe- 
riódicos. 

Las calles de Santiago concuerdan con las 
casas. Son calles angostas, tortuosas, empina- 
das. Hay calle que es una escalera. Hay calle 
que es una rampa. Hay calle que es un calle- 
jón morisco o andaluz. En tiempos de Espa- 
ña, estas calles eran barrancos y torrenteras; 
el agua corría por ellas, arrastrando las barre- 
duras, o se encharcaba, produciendo las fiebres 
que devastaban la población inmigrante. Hoy 
no. La primera intervención norteamericana, 
después de 1898, se distinguió por la atención 
preferente que prestó a los problemas de higie- 
ne y enseñanza. En Santiago empleó 160.000 
litros de petróleo, 18.000 litros de ácido car- 
bónico y 1 1 .000 libras de carburo de cal en 
una obra radical y rápida de desinfección. Im- 
puso el asfaltado. Estableció un presupuesto 
inicial de 600.000 francos para atender todas 
estas necesidades. No se ha seguido después 
con el impulso del principio. Pero las calles, 
anchas o estrechas, horizontales o quebradas, 
son vías llanas y limpias. El agua no forma 
balsas pudendas. Han desaparecido totalmen- 

5 



66 MARCELINO DOMINGO 

te las enfermedades que, con ser un peligro 
grande, constituían un ludibrio mayor que el 
peligro. El adecentamiento de las calles ha 
obligado a adecentar las casas y adecentar a 
las personas. El general Weyler no conocería 
seguramente este Santiago de hoy, y para po- 
nerse a tono del aseo actual de la ciudad ha- 
bría de usar hoy, si pudiera retornar a Cuba, 
un uniforme más aseado que el que vistió en 
los desdichados tiempos de las concentraciones. 
Los aledaños de Santiago rememoran las 
convulsiones históricas. En su puerto, el terce- 
ro de la isla, en comunicación constante con los 
Estados Unidos, con España, con Habana, con 
Jamaica y con Haití, se encuentra la bahía, de 
donde salió la menguada escuadra que España 
confió al almirante Cervera: la escuadra que 
había de rendir a Norteamérica; la escuadra 
que supo tener, antes de desaparecer, un gesto 
de virilidad heroica y de audacia loca... En un 
monte circundante se halla la loma de San 
Juan, donde un fuerte restaurado recuerda una 
de las últimas acciones que se libraron en 
1898, y cerca de la loma, el árbol inmenso y 
frondoso y exuberante donde se firmó la paz... 
En otro monte más lejano, junto al poblado de 
Caney, se sostienen en pie las ruinas de otro 



. LA ISLA ENCADENADA 67 

fuerte: el fuerte donde batalló y se resistió el 
general Vara de Rey. Es un fuerte de cuatro 
paredes deíeznablesr; es un fuerte alzado sobre 
la cima de un monte; es un fuerte que se ha- 
llaba defendido por un viejo cañón que se con- 
serva aún allí, como recuerdo ominoso del ar- 
mamento con que España obligaba a batirse a 
sus soldados. Es un fuerte solo, erguido qui- 
jotescamente frente a un anfiteatro de monta- 
ñas, que constituía un campo estratégico for- 
midable. Los aledaños de Santiago tienen 
otros vestigios memorables. Descubren éstos 
los episodios de aquellas escenas de la lucha 
por la independencia, que España, indebida- 
mente, llamó guerra contra Cuba, y que Santia- 
go, atinadamente, denominaba revolución para 
obtener la independencia... Tan interesante 
como abrir los ojos ante estas piedras es acer- 
car el alma a hogares como el de la Redacción 
del Cubano Libre, como el del despacho de un 
hombre venerable, don Eudaldo Tamayo, que 
fué amigo de Pi Masgall, que estuvo preso en 
España y que, habiendo sido guía y adalid del 
movimiento revolucionario, tiene aún para el 
país contra cuya dominación se alzó una pala- 
bra de perdón por sus yerros y la firme espe- 
ranza de que una generación de españoles más 



6&*. MARCELINO DOMINGO 

comprensivos establezca con Cuba una alianza 
cordial más fuerte y más obligada que la de- 
pendencia que quisieron conservar leyes sin ló- 
gica, administradores sin ética y armas sin fre- 
no. Estos hogares históricos, que nos hablan del 
dolor de la historia pasada — historia de guerras 
y de rompimientos — nos hablan también de la 
historia futura — historia de paz y de conviven- 
cia — . Las viejas almas rebeldes despiertan en 
nosotros evocaciones más hondas y más hondo 
respeto que las viejas piedras en ruina. Estas 
nos hablan de una España que quisiéramos bo- 
rrar de la Historia; aquéllas nos ofrecen las 
posibilidades de una España que quisiéramos 
clavar en la Historia. 



REFLEXIONES DE UN ESPAÑOL 



UN ESPAÑOL EN AMERICA 

La primera sensación que experimenta el es- 
pañol al cruzar la plancha del buque y poner 
los pies en tierra firme de América es una sen*- 
sación de sorpresa. América sorprende como 
una revelación, La sorpresa acrece a medida 
que van apareciendo ante los ojos del español 
hombres, instituciones, panoramas, posibilida- 
des. Sobre todo, posibilidades. Porque la can- 
tidad de cosas que fué posible hacer y que es 
posible hacer en América es una cantidad in- 
conmensurable. América vélase aún con tal gen- 
til decoro, que sólo muestra su perfil a los ojos 
muy propincuos. Para conocer a América hay 
que acercarse a ella. Y al acercarse, cada espa- 
ñol experimenta la sorpresa y el encanto de un 
nuevo descubrimiento. 

No es extraño el hecho. El español de estas 
últimas generaciones no se ha sentido atraído 



72 MARCELINO DOMINGO 

más que por el trozo de América que acababa 
de librar guerra con España y acababa de des- 
prenderse de ella: la isla de Cuba. Y la isla 
de Cuba aparecía con la fascinación tenebrosa 
de la tierra donde la enfermedad y la lucha 
cruenta enterraron más de doscientos mil hom- 
bres. Aun pasean por España sus vestigios mor- 
bosos los españoles que escaparon a la muer- 
te... ¿Q ue I a enfermedad diezmadora desapa- 
reció tan pronto desapareció el poderío de Es- 
paña? ¿Q ue I a guerra no fué, en definitiva, sino 
un episodio de la historia de España? cQ ue en 
vez de ser las barricadas de Barcelona o el pro- 
nunciamiento de Vicálvaro fué la sublevación 
de los cubanos? Estas consideraciones podían 
ser preocupación de algunos hombres interesa- 
dos en una conquista moral de América, pero 
no han sido juicio colectivo. A pesar del núme- 
ro de españoles que reside en la isla de Cuba, 
de la relación íntima que estos españoles guar- 
dan con España, de la obra admirable que es- 
tos españoles realizan, este último trozb de 
América desprendido de España es desconoci- 
do totalmente por el español peninsular. Es de- 
cir, es algo peor que desconocido: es mal co- 
nocido. 

La segunda sensación que América despier- 



LA ISLA ENCADENADA 73 

ta en el español que seriamente se acerca a ella 
es la sensación de la responsabilidad. El espa- 
ñol, que al trasponer las fronteras de su país y 
entrar en otras tierras de Europa ve despreciada 
su categoría nacional, ve enaltecida esta cate- 
goría al desembarcar en América. Un español 
de significada jerarquía intelectual o política en 
su país, ve desvalorizada, disminuida esta je- 
rarquía al hallarse en Francia, en Inglaterra, en 
Alemania; esta misma jerarquía se ve aumen- 
tada al hallarse en América. Todo lo que en 
Europa es hostil al español, es cordial al espa- 
ñol en América. Y no es que Europa repele al 
español ; es que el español ha ido desentendién- 
dose de los altos deberes culturales, civiles y so- 
ciales equivalentes a ese magisterio de transcen- 
dencia histórica que se denomina europeísmo. 
América, que tal vez ha visto este hecho más 
profundamente que Europa, quiere descubrir en 
cada español que se acerca a ella el embajador 
de una España nueva ; de una España superior 
a la España que conquistó América y dominó 
en ella. Esta es la sensación de responsabilidad 
que experimenta el español, El español que en 
otras tierras de Europa siente el deber de labo- 
rar en su país para edificar una patria respeta- 
ble con objeto de que el español sea respetado 



74 MARCELINO DOMINGO 

en su significación, en América siente inmedia- 
tamente el afán de hacerse merecedor del res- 
peto que encuentra y de elevar España a la al- 
tura de este respeto, que en el alma de quienes 
lo profesan es más una esperanza que un con- 
vencimiento. Ortega y Gasset juzgó claramente 
esta sensación cuando, al frente del segundo 
tomo del Espectador, en vísperas de su marcha 
a Buenos Aires, escribió estas palabras: "Pre- 
veía en el viaje de América la experiencia más 
aguda que puede hacer un español espiritual. 
Tengo una noción demasiado clara de lo que 
hemos dejado de hacer los españoles en la 
América española durante el último siglo para 
mirar frivolamente las responsabilidades de un 
meditador peninsular que cruza el Atlántico." 
El español debe cruzar el Atlántico con el pen- 
samiento fijo en la obra que España dejó de 
hacer y de la obra que América espera que 
realice la España futura. 

La tercera sensación que América alumbra 
en el español, es un apetito insaciable de com- 
prendernos. Apetito en el español de hoy que 
desea comprender al español de siglos pretéri- 
tos. ¿Qué llevaba en el alma el español del si- 
glo XVI que arribó a estas costas? ¿Qué hizo 
para que, dejando el tesoro de su religión y su 



LA ISLA ENCADENADA 75 

lengua, perdiera el dominio civil? ¿Qué fué el 
español que, dejando en América tan honda 
huella de las grandezas y de las miserias de 
España — grandezas] y miserias que perduran — , 
acabó por ser desposeído de todo el haz de esta 
tierra? ¿Qué dejó España en América que, 
finalizadas las guerras, cuando la dependencia 
de colonia a metrópoli cesaba, era posible en- 
tre españoles y americanos una convivencia 
social que el tiempo intensifica con rasgos de 
cordialidad? ¿Qué conducta debería ser la 
conducta futura de España, la vieja metrópoli 
desangrada y caída, con respecto a estas anti- 
guas colonias que han logrado ejecutorias de 
soberanía? Este apetito de comprendernos, re- 
visando los fundamentos de nuestra historia y 
de nuestra psicología, y de trazar sobre las 
ruinas del impeno deshecho las líneas de una 
federación, es la sensación que inquieta el espí- 
ritu. Esta sensación es el honrado y humano 
afán de ver el trozo de mundo sobre el que po- 
demos influir con ojos de juez, que van con jus- 
ticia, y con ojos de águila, que van con magnífi- 
ca grandeza. 



; UN MANIFIESTO REVELADOR 

CUBA IGUAL A ESPAÑA. — FRENTE AL ESTADO 
ESPAÑOL 



I 



Un documento — el Manifiesto del partido 
revolucionario cubano a los pueblos hispano- 
americanos — publicado en octubre de 1895 nos 
descubre los motivos del último y definitivo al- 
zamiento de Cuba contra el Estado español. 
Estos motivos, aunque intuidos, no eran deta- 
lladamente conocidos por los españoles poste- 
riores a aquella época, y han sido ya olvidados 
por los españoles que tuvieron ante sus ojos, en 
toda su magnitud, el problema trágico del des- 
garramiento para España del último trozo que 
le quedaba de América. Conviene recordarlos. 
Por varias razones. Primera: Para advertir 



78 MARCELINO DOMINGO 

que la rebeldía de Cuba fué excesivamente jus- 
tificada. Segunda: Para declarar que la nación 
española no es el Estado español, y que sólo la 
pasividad de la nación puede explicar que se la 
identifique y se la complique con la venalidad 
del Estado. Tercera : Para afirmar que la obra 
del Estado español en Cuba fué la misma que 
fué y es la del Estado español en España y que 
lo único lamentable es que no existieran ni exis- 
tan en España contra el Estado español el es- 
píritu y la organización de protesta que triun- 
faron en Cuba. 

Las leyes que regían en Cuba la vida civil 
constituían una punible mixtificación. "El dere- 
cho electoral que le fué concedido al cubano 
— dice el Manifiesto — significó un escarnio." 
¿No es un escarnio el derecho electoral en Es- 
paña? "Las inclusiones y exclusiones de elec- 
tores — sigue el Manifiesto — y las controversias 
a que puedan dar lugar esas operaciones se de- 
ciden por lo que se llama Comisión permanente 
de las Diputaciones provinciales, y los miem- 
bros de esa Comisión son nombrados por el go- 
bernador general. No hay para qué decir que 
sus mayorías han sido siempre adictas al Go- 
bierno. En caso de que algún elector se en- 
cuentre lesionado por las resoluciones de la Co- 



LA ISLA ENCADENADA 79 

misión permanente, le queda el recurso de acu- 
dir a la Audiencia del distrito. Pero las Au- 
diencias están compuestas, casi en su totalidad, 
de magistrados europeos, están supeditadas a la 
autoridad del gobernador general y son meros 
instrumentos políticos en su mano. Tanto por 
los amaños de la ley como por las irregulari- 
dades cometidas y consentidas en su aplicación, 
los cubanos apenas tuvieron representación en 
el Parlamento, y se han visto privados tam- 
bién de la representación que les correspondía 
en las Corporaciones locales, y en muchos casos 
han sido totalmente excluidos de ellas. Cuando, 
a pesar de todos los obstáculos legales y de la 
parcialidad del Poder, han conseguido pasaje- 
ras mayorías, ha procurado y ha logrado el Go- 
bierno anular su triunfo. Una sola vez logró, el 
partido autonomista la mayoría en la Diputa- 
ción provincial de la Habana; en esa misma 
vez el gobernador general nombró de entre los 
españoles la mayoría de la Comisión permanen- 
te. Con procedimientos semejantes han ido sien- 
do expulsados los cubanos de los Cuerpos m«- 
nicipales. Por eso últimamente se ha dado el 
hecho escandaloso de que en el Ayuntamiento 
de la Habana no se sentara un solo cubano." 
¿No es esta exposición de agravios un ca,pí- 



8o MARCELINO DOMINGO 

tulo de la historia de España de nuestros días? 
¿No podría alegar el español contra su Estado 
lo mismo que el cubano alegó contra el Estado 
español? Esta inmoralidad de las inclusiones y 
exclusiones subsiste aún en la España de hoy. 
Esta Comisión permanente de las Diputaciones 
existe en la actualidad, y en ella no hay vena- 
lidad que no halle una firma, ni atropello al 
elector que no encuentre un apoyo, ni peculado 
que rio tropiece con una mano propicia; si se 
ofrece el caso insólito de una Comisión perma- 
nente honesta y de delicado espíritu civil, el go- 
bernador respectivo cuida de no aprobar uno 
solo de los acuerdos de dicha Comisión. ¿Las 
Audiencias? La responsabilidad en España lle- 
ga aún más arriba. Las actas de sesión del 
Congreso de los Diputados ponen al descubierto 
los procedimientos que emplea el Tribunal Su- 
premo cuando ha de dirimir sobre derechos elec- 
torales. 

"Todavía el predominio del Gobierno va 
más lejos — sigue el Manifiesto — . El goberna- 
dor general nombra sus alcaldes, que pueden 
no pertenecer a la Corporación, y el goberna- 
dor de la provincia nombra los secretarios. Se 
reserva además el Gobierno el derecho de re- 
mover los alcaldes, de sustituirlos y de suspen- 



LA ISLA ENCADENADA 81 

der los concejales y los Ayuntamientos parcial- 
mente o en masa." 

Como en España. ¿Qué dirían los cubanos 
de hoy si supieran que en unas elecciones cele- 
bradas en diciembre de 1920 fueron cambiados 
en España todos los alcaldes de elección po- 
pular y sustituidos por alcaldes nombrados por 
el Gobierno; fueron suspendidos más de dos- 
cientos Ayuntamientos; fueron encarcelados la 
víspera de las elecciones en infinidad de distri- 
tos todos los interventores de mesa que repre- 
sentaban el derecho del candidato contrario al 
Gobierno; fueron expulsados del Colegio elec- 
toral o desacatados por la fuerza pública los 
notarios que iban a ser fedatarios del resultado 
de la elección? iQué dirían? Dirían, tal vez, 
que su palabra de pueblo con conciencia de su 
soberanía estaba en la rebelión de 1895, rebe* 
lión revolucionaria que les libró del Estado qufe 
procedía en la colonia como procedió entonces 
y procede hoy en la metrópoli. ¿Qué dirían? 
Repetirían tal vez, para replicarnos, los prime- 
ros conceptos del manifiesto copiado. Conceptos 
que dicen así: "La guerra es una triste necesi- 
dad. Pero cuando un pueblo ha agotado todos 
los medios humanos de persuasión para recabar 
de urj opresor injusto el remedio de sus males, 

6 



82 MARCELINO DOMINGO 

si apela en último extremo a la fuerza con el fin 
de repeler la agresión permanente, que consti- 
tuye la tiranía, ese pueblo hace uso del legíti- 
mo derecho de defensa y se encuentra justifi- 
cado ante su conciencia y ante el tribunal de 
las naciones. Este es el caso de Cuba en sus 
guerras contra España." Repetirían estos. con- 
ceptos que constituyen, tanto como la justifica- 
ción, la dignificación de un pueblo. Porque un 
pueblo sólo debe exponer sus descontentos 
cuando haya luchado por remediarlos. Un pue- 
blo sólo puede dar cuenta de sus agravios cuan- 
do está en línea de combate para rebelarse con- 
tra quien se los infirió. 

El caso de Cuba en sus guerras contra Es- 
paña es el mismo que podría alegar la nación 
española el día que se alzase violentamente con- 
tra su Estado. 



El capítulo de agravios de Cuba contra el 
Estado español no se detiene en los desafueros 
electorales. Se extiende a otros extremos de 
transcendencia: a la gestión financiera de la 
metrópoli con respecto a la colonia; a la dis- 
tribución de ingresos y gastos en el Presupues- 



LA ISLA ENCADENADA 83 

to; a las relaciones económicas; a la conducta 
que seguían las autoridades españolas con los 
cubanos. Sobre todo ello es conveniente fijar 
la atención. 

"España no tiene, en realidad, política co- 
lonial — escribe el Manifiesto — . No ha busca- 
do en las tierras lejanas que ha sometido por la 
fuerza sino la riqueza inmediata: la que ha 
arrancado con violencia al trabajo de los natu- 
rales. Por eso no es hoy España sino un pará- 
sito de Cuba. La explota con su régimen fiscal, 
con su régimen mercantil y con su régimen bu- 
rocrático." 

¿Procede de manera distinta el Estado es- 
pañol en España? ¿No existe en España un 
régimen fiscal más prohibitivo que protector 
que, a cuenta de amparar el cultivo de deter- 
minadas zonas y el desenvolvimiento de signifi- 
cadas industrias, corta las alas a una economía 
más adecuada a las condiciones productoras del 
país y más conveniente a la generalidad de los 
españoles? ¿No cae la burocracia civil y mili- 
tar — incompetente y deshonesta — como un peso 
muerto sobre las partidas del Presupuesto? El 
manifiesto no deja aislado el concepto. Lo jus- 
tifica y lo remacha con cifras. 

"En 1868— dice— debíamos $ 25.000.000. 



84 MARCELINO DOMINGO 

I 

Al estallar la guerra actual, nuestra deuda se 
calculaba en $190.000.000 liquidados. En 31 
de julio de este año — 1895 — se calcula que la 
isla debe en globo $ 295.707.264. Atendida 
su población, la deuda de Cuba supera a la de 
los demás pueblos de América, incluso los Es- 
tados Unidos. Esta deuda enorme, contraída 
sobre el país, y a espaldas suyas; esta carga 
que lo agobia y no le deja capitalizar ni aten» 
der a su fomento, ni al entretenimiento siquiera 
de sus industrias, representa una de las formas 
más inicuas de la explotación que sufre. Hay en- 
globados en ella una deuda de España a los 
Estados Unidos; los gastos hechos por España 
cuando la ocupación de Santo Domingo; para 
la invasión de México en compañía de Francia 
e Inglaterra, y con motivo de su algarada con- 
tra el Perú; los anticipos hechos al Tesoro es- 
pañol durante las recientes guerras carlistas y 
cuanto España ha gastado para mantener su 
soberanía en Cuba y para subvenir a los despil- 
f arros de su administración desde 1 868. Ni un 
solo céntimo de esos caudales se ha invertido 
en Cuba para la obra de la civilización y el 
progreso. No se ha construido con ellos un 
solo kilómetro de carretera o ferrocarril, no se 
ha encendido un sqlo faro ni dragado un solo 



LA ISLA ENCADENADA 85 

puerto. No se ha levantado un asilo ni se ha 
abierto una escuela. A las generaciones por ve- 
nir se les han dejado las cargas, sin ninguna 
compensación ni provecho." 

¿No son estas palabras de un cubano de hace 
treinta años las mismas que podría alzar con- 
tra el Estado español un español de nuestros 
días? El Estado español tiene una Deuda de 
miles de millones de pesetas: deuda que ha pa- 
sado la línea del déficit para caer en la línea 
de la bancarrota. El pago de esta deuda repre- 
senta en la tributación del español un porcen- 
taje excesivo. ¿Es esta Deuda como la que con- 
trajo Alemania cuando nacionalizó sus ferro- 
carriles o como la que cargó Francia cuando las 
reformas escolares de Ferry? No. Esta Deuda 
no significa para España un kilómetro de fe- 
rrocarril ni la pared de un edificio escolar. Es 
la Deuda creada por una administración inca- 
paz y deshonesta. Y conste que en el concepto 
de esta administración pudenda va comprendi- 
da la deuda de cinco mil millones que represen- 
ta la acción militar, política y diplomática de 
Marruecos. 

"Pero las cifras desnudas de los presupues- 
tos y de la deuda cubana — sigue escribiendo el 
Manifiesto — dicen todavía muy poco respecto a 



86 MARCELINO DOMINGO 

su verdadera importancia y significación, como 
máquinas para exprimir los productos del tra- 
bajo de un pueblo. Hay que ver más de cerca 
la estructura de esas cuentas de gastos. Los de 
Cuba en los últimos presupuestos se descompo- 
nen así: 

Obligaciones generales $ 12.884.549 

Gracia y Justicia " 1.006.308 

Guerra " 5.918.598 

Hacienda " ' 727.892 

Marina " 1.091.969 

Gobernación " 4.035.071 

Fomento " 746.925 

Como se ve, de esta tremenda carga, la ma- 
yor parte corresponde a gastos totalmente im- 
productivos. La deuda consume el 40,89 por 
100 del total. La defensa del país, contra sus 
mismos naturales, que es el único enemigo que 
ha amenazado a España, y en que deben in- 
cluirse los gastos de Guerra, Marina, Guardia 
civil y Cuerpo de Orden público, toma el 36,59 
por 100. Para todos los demás egresos que 
exige la vida civilizada queda el 22,52 por 
100. Y de éstos, para preparar el porvenir, para 
fomentar los recursos del país, nos reserva el 
Estado 2,75 por 100." Lo mismo que la Es- 
paña de hoy. Deudas y fusiles: esta es la Es- 



LA ISLA ENCADENADA 87 

paña que Cuba expulsó del último trozo de 
América donde dominaba España. Esta es, 
sin escarmiento y sin enmienda por parte del 
Estado, la España que pide plaza en el mun- 
do convulso de 1923. 

Deudas y fusiles. Deudas para sostener los 
fusiles. El afán espiritual de todos los pueblos 
es levantar el Estado-maestro sobre los ruino- 
sos cimientos del Etat-gendarme, que creyó que 
la función esencial del Estado consistía en ase- 
gurar periódicamente el orden público. España, 
en su pasividad, ve cómo el Estado-gendarme 
es la característica cada día más prominente 
del Estado español. Lo ve con dolor y lo paga 
con agobio. Pero lo ve, o cierra los ojos para 
no verlo, y calla o protesta en voz baja, que es 
más abyecto que callar, y, aun con agobio, 
paga. 

III 

No eran sólo razones de orden económico las 
que justificaron el alzamiento de Cuba contra 
España. Eran razones de orden jurídico y or- 
den moral: supresión de los Tribunales de 
justicia, irresponsabilidad de los funcionarios, 
desafueros de la fuerza pública, falta abso- 
luta de seguridad personal. Y también en este 



88 MARCELINO DOMINGO 

nuevo aspecto las analogías entre la Cuba de 
ayer y la España de hoy saltan a los ojos. 

"La existencia del bandolerismo — escribe el 
Manifiesto — ha servido para cercenar la juris- 
dicción de los Tribunales ordinarios y dejar so- 
metidos a los cuba-nos a la jurisdicción de gue- 
rra, a pesar de estar proclamada la Constitu- 
ción del Estado. En efecto, el Código de Jus- 
ticia militar dispone que los delitos contra las 
personas, contra los medios de transporte y el 
incendio, cuando se cometen en las provincias 
de Ultramar y las posesiones de África y Ocea- 
nía, caigan bajo la jurisdicción 1 , de guerra." ¿No 
está suprimido actualmente en Barcelona el Ju- 
rado a pretexto de que quedaban impunes los 
crímenes llamados sociales? ¿No hace tres años 
están suspendidas en España todas las garan- 
tías constitucionales y no es ya en nuestro país 
este régimen anticonstitucional el régimen nor- 
mal? ¿No puede decirse que la Constitución 
del Estado español, más que una Constitución 
vigente, es una Constitución yacente? La ex- 
cepción jurídica que tanto dolió a Cuba hace 
treinta años, es la regla jurídica de la España 
actual. 

"La seguridad personal es un mito entre nos- 
. otros — continúa el Manifiesto — . Hombres co- 



LA ISLA ENCADENADA 8o 

locados fuera de la ley y hombres amparados 
por la ley han dispuesto de la Hacienda, de la 
tranquilidad y de la vida de los habitantes de 
Cuba. La fuerza pública, lejos de ser el ampa- 
ro, ha sido el terror de los campesinos cubanos. 
Por dondequiera que pasaban sus individuos 
sembraban la alarma en torno suyo, con el tra- 
tamiento brutal a que sometían a los vecinos, 
quienes, en muchos casos, huían de sus hoga- 
res, a la sola aproximación de las parejas. Por 
el más fútil pretexto apaleaban sañudamente a 
los guajiros inermes, y reiteradas veces han ma- 
tado a los presos que conducían. Tan notorios 
llegaron a ser estos desafueros, que en 15 de 
octubre de 1883, el brigadier Denis tuvo que 
publicar una circular, en la que declaraba que 
sus subordinados, "a pretexto de adquirir con- 
fidencias, recurren a medios violentos", y que 
"son muy frecuentes los casos en que individuos 
que son conducidos por fuerzas públicas, inten- 
tan su fuga y se ven sus conductores en la ne- 
cesidad de hacer uso de sus armas". cQ u ^ re- 
quisitoria no podría formular un español de hoy 
contra el Poder público al hablar de la Ley de 
Fugas? No dice el Manifiesto el número de los 
cubanos muertos por este despiadado y poco 
gallardo procedimiento; el número de españo- 



9 o MARCELINO DOMINGO 

les muertos así en estos últimos tiempos y en 
plena ciudad pasa de algunas docenas. "Las 
deportaciones por causas políticas — sigue el 
Manifiesto — tampoco han cesado en Cuba." 
Tampoco han cesado en España. Corriendo las 
carreteras de España, atados y conducidos por 
la Guardia civil, pernoctando cada noche en 
una cárcel distinta, han ido de un extremo a 
otro del país — los que han podido hacer el tra- 
yecto — millares de obreros. "Y aunque se dice 
que no ha habido ninguna ejecución política 
después de 1878 — continúa el Manifiesto — , es 
porque se ha recurrido al expediente más sen- 
cillo del asesinato. El general Polavieja ha 
manifestado con la mayor sangre fría que en 
diciembre de 1880 se apoderó en Cuba, Pal- 
ma, Songo, San Luis, Guantánamo y Sagua de 
Tánamo, de 265 individuos, a quienes deportó 
en un mismo día y hora a la isla africana de 
Fernando Poo." ¿No es Mahón hoy para Es- 
paña lo que fué Fernando Póo para esos 265 
individuos? "Cuba recuerda con horror el ho- 
rrible asesinato del brigadier Vicario Leyte, 
ocurrido en Ñipe en. septiembre de 1879. Aca- 
baba de encenderse de nuevo la guerra en 
Oriente. El brigadier Leyte residía en Mayarí, 
bajo la seguridad de que no sería molestado, 



LA ISLA ENCADENADA 9 1 

según, promesa solemne del jefe español de esa 
zona. No había transcurrido, sin embargo, un 
mes del levantamiento, cuando, encontrándose 
en Ñipe, fué invitado por el comandante del 
cañonero Alarma para comer a bordo. Ley te 
se dirigió al cañonero, pero no ha regresado 
más. Fué agarrotado en un bote por tres mari- 
neros, que arrojaron su cadáver al agua. Este 
atentado se cometió por orden del general es- 
pañol Polavieja." 

¿ Por orden de quién se cometieron el atenta- 
do contra Layret y el atentado contra Boal? 
Layret, indefenso, paralítico, fué muerto a tiros 
al trasponer el umbral de su casa. Boal, preso, 
recibió a media noche la orden de libertad y fué 
asesinado en la calle a los pocos momentos de 
quedar libre. No. No es el cuadro trágico de 
Cuba menos sangriento que el cuadro de Es- 
paña. La seguridad personal no existía allí en 
1880. Tampoco existe aquí en 1922. 

¿Qué más alega el Manifiesto? ¿El espanto 
que la idea de un litigio pone a todo cubano 
honrado? ¿El que, a pesar de figurar enormes 
cantidades en el Presupuesto, desde 1878, no 
se había construido en Cuba un solo camino 
militar? ¿El que en un país con 670 kilómetros 
de longitud y con superficie de 1 1 8.833 kilo- 



93 MARCELINO DOMINGO 

metros cuadrados, sólo existieran 276 1 /2 kiló- 
metros lineales de carreteras, y éstas casi exclu- 
sivamente en la provincia de la Habana? ¿El 
abandono de la higiene pública? ¿El que hu- 
biera un 76 por 100 de analfabetos y no exis- 
tiera instrucción técnica e industrial ninguna? 
No queremos analizar la actual realidad es- 
pañola. Porque, de hacerlo, habríamos de po- 
ner al margen de estas cifras otras cifras que 
denotarían un atraso y un abandono mayores. 
Y no podríamos anotar, en cambio, un gesto de 
rebeldía de la Nación española contra su Es- 
tado, más viril y más civil que el gesto de la 
antigua colonia contra la antigua Metrópoli. 
Más viril, más civil y más justificado. 



LA ESPAÑA QUE PERDURA 
EN CUBA 



UN CENTRO ESPAÑOL 



España no tiene idea de la autoridad moral 
y la riqueza material que significan los Centros 
españoles de América. Si esta idea existiera, se 
habría producido ya, cerca de ellos, una acción 
encaminada a solidarizarlos entre sí en Améri- 
ca y a revestirlos de un poder jurídico excep- 
cional. Se habría contado más con ellos. Se 
habría unido más España a ellos. Pero — digá- 
moslo otra vez — España no tiene idea, ni apro- 
ximada, del esfuerzo que los Centros españo- 
les de América representan y de la obra que, 
con espíritu de continuación en el esfuerzo, han 
realizado. Seamos, a través del Océano, em- 
bajadores de esta idea. 

El Centro Gallego de la Habana va a ser- 
virnos de caso concreto. El Centro Gallego llá- 
mase Palacio del Centro Gallego. Y lo es. Edi- 
ficado en el Parque Central, ocupa casi el es- 



9í> MARCELINO DOMINGO 

pació de uno de sus lados. Es una maravillosa 
construcción arquitectónica. La ornamentación 
de su fachada es elegante, delicada y majestuo- 
sa. Su interior es soberbio: soberbia la enorme 
escalera de mármol, soberbio el inmenso salón 
de actos* soberbia la distribución y profusión 
de dependencias. La decoración es de insólita 
riqueza: cuadros, espejes, lámparas, bronces de 
traza maestra destacan en todos lados. El coste 
de este Palacio está valorizado en más de dos 
millones de pesos. 

El número de socios del Centro Gallego os- 
cila entre cuarenta y cincuenta mil ; la cuota es 
de dos pesos y medio mensuales. Los servicioí 
que el Centro presta son estos: asistencia mé- 
dica en un Sanatorio, propiedad del Centro; 
Caja de Ahorros; beneficencia, cuyo objeto es 
repatriar a cuantos asociados queden sin posi- 
bilidades económicas para hacerlo por su cuen- 
ta; enseñanza para los dos sexos, y que com- 
prende desde el Kindergarten hasta la más 
completa preparación para el comercio; biblio- 
teca, gimnasio, baños. El movimiento de dinero 
que todas estas actividades representa, según el 
último presupuesto, es el siguiente: 



LA ISLA ENCADENADA 



97 



Capital activo $ 4.724.136,16 

Capital pasivo " 2.284.666,25 



Capital líquido $ 2.439.469,9 1 



INGRESOS 

Por cuotas $ 558.837,82 

Por rendimientos del Teatro na- 
cional " 103.342,43 

Por propiedades del Centro 40.260,05 

Por ingresos de Salones 21.508,15 

Por ingresos del plantel 1.583,50 

Por pensionistas y otros ingresos de 

r .La Benéfica " 9.647,27 

Por intereses " 2.011,04 



Ingresos en la Habana $ 737.190,26 

— en las Delegaciones... ' 121.085,40 

Total ingresos $ 858.275,66 



GASTOS 

Asamblea de apoderados 

Seguridad y conservación de edi- 
ficios 

Contribuciones y otras cargas 

Impuestos 

Secretaría gral., personal y efectos... 

Sección de Orden 

— de Cultura 

Secciones de Fomento y Propa- 
ganda 

Suma p sigue 



1.763,73 

8.431,43 
35.069,40 
10.930,59 
31.141,13 
11.761,13 
17.257,63 

818,57 



217.173,61 

7 



o8 MARCELINO DOMINGO 

Suma anterior $ 217.173,61 



Sección de Inmigración 

— de Bellas Artes 

— de Inmuebles 

— de Sanidad 

Delegaciones y gastos sanitarios. 



5.863,20 

2.396,97 

20.329,85 

401.764,50 

121.085,40 



Total de gastos $ 768.613,53 

La realización de todos estos servicios se 
practica por personal de una extraordinaria 
competencia y de un ejemplar sentido de res- 
ponsabilidad. Altos funcionarios, médicos y 
maestros, cumplen su labor con el espíritu reli- 
gioso de un sacerdocio. Las oficinas del Cen- 
tro Gallego son oficinas modernas: amplísimas 
dependencias con todas las apariencias de un 
buen ministerio. Trabajan en ellas un secreta- 
rio, un vicesecretario y un auxiliar del secreta- 
rio; un contador, un auxiliar de Contabilidad, 
un auxiliar de Registros, un auxiliar de Teso- 
rería, un mecánico y un auxiliar de mecánico; 
un oficial de la sección de Sanidad, un auxiliar 
de Cultura, Bellas Artes y Fomento, un auxi- 
lia^ de propaganda y un auxiliar de inmuebles, 
orden e inmigración; hay, además, siete escri- 
bientes, un mensajero, un conserje, un primer 
dependiente, dos porteros, diez dependientes, 
un sereno y un electricista. Las escuelas son ale- 



LA ISLA ENCADENADA 99 

gres, aireadas, sanas; el material pedagógico es 
escogido; el profesorado consta de los elemen- 
tos siguientes: un director general de clases; 
para las clases diurnas: nueve profesores, una 
profesora de Mecanografía y Taquigrafía, dos 
profesores de Corte y Labores, un profesor de 
Inglés, una profesora de Bordados y un profe- 
sor de Dibujo. Para las clases nocturnas: un 
profesor de Dibujo, uno de Lectura, uno de 
Escritura, dos de Aritmética elemental, uno de 
Aritmética mercantil y Teneduría de libros, 
uno de Taquigrafía y Mecanografía, uno de 
Inglés y uno de Gramática; para la sección de 
Bellas Artes: una profesora de Piano, una de 
Solfeo, un profesor de Solfeo e Instrumentos 
de cuerda y un profesor de Declamación; hay, 
además, entre todas las clases, un estacionario, 
dos bedeles y un auxiliar de bedel. La Casa 
de Salud se baila a las afueras de la ciudad, en 
pleno campo ; ocupa un radio inmenso de terre- 
no; tiene infinidad de pabellones entre los jar- 
dines. El instrumental es completo, y el perso- 
nal está integrado por un director, un vicedi- 
rector cirujano, un cirujano, trece médicos de 
visita, un bacteriólogo y un auxiliar, un profe- 
sor de Rayos X, un médico interno, auxiliar de 
Cirugía un médico interno anestesista, un far- 



ioo MARCELINO DOMINGO 

macéutieo, tres médicos dentistas, seis médico^ 
internos, un jefe de enfermeros, una enfermera, 
nueve enfermeros graduados para cuartos de 
operaciones, un enfermero para sala de opera- 
ciones, doce enfermeros de departamentos, doce 
auxiliares de enfermería, quince auxiliares noc- 
turnos, sesenta y cuatro sirvientes para departa- 
mentos, un practicante de farmacia y encarga- 
do ele almacén, un encargado de farmacia, cua- 
tro practicantes de farmacia, un sirviente de far- 
macia, tres profesores de enfermeros, un escri- 
biente de dirección, un enfermero para el gabi- 
nete del Centro y quince sirvientes; un adminis- 
trador, un tenedor de libros, un carpetero, un 
telefonista, un introductor de enfermos, un men- 
sajero, un inspectoc de serenos, dos guardaal- 
macenes, nueve cocineros, un mondador, seis 
íavanderos, cuatro costureras, cinco serenos, 
once encargados de limpieza, dos jardineros, 
cuatro mecánicos, dos carpinteros, dos albañi- 
les, dos pintores y un capellán. ¿Da todo esto 
ya idea del valor de los Centros españoles de 
América? 

La grandiosidad del Centro Gallego es la 
del Centro Asturiano y la del Centro de De- 
pendientes. Menos fastuosos, menos ricos son 
el Centro Español, el Centre Cátala, el Cen- 



LA ISLA ENCADENADA 101 

tro Andaluz, el Centro Castellano, el Centro 
Valenciano. Pero su obra está igualmente es- 
piritualizada por una fuerte emoción pública. 
Estos Centros, desconocidos e insospechados en 
España, son, en América, una revelación del 
esfuerzo de español: del esfuerzo del español 
aislado, expatriado, del español sin el obstácu- 
lo y sin la asistencia de su Estado, Estos Cen- 
tros españoles, alzados como palacios, organi- 
zados como naciones, son un testimonio de las 
posibilidades de disciplina, de sacrificio, de mé- 
todo, de perseverancia, de construcción que exis- 
te en el espíritu del español. Posibilidades que 
duermen en el español que no sale de España. 
Posibilidades que despiertan violentamente 
en el espíritu del español en el mismo momento 
que el español se desarraiga de su patria, salta 
las fronteras y fija su residencia en cualquier 
parte del mundo. 



UNA QUINTA DE SALUD 

La finalidad de esos Centros españoles de la 
Habana no es alzar un Palacio, ni tener en él 
escuelas, biblioteca, cajas de ahorro, billares, 
baños; no es tampoco construir un edificio don- 
de puedan reunirse y convivir y hablar de la 
tierra lejana los expatriados de una misma re- 
gión... La finalidad de esos Centros españoles 
es edificar una Casa de Salud — la Quinta — 
donde los asociados, en caso de enfermedad, 
puedan hallar completa y gratuita asistencia fa- 
cultativa. Nada le amedrenta al español emi- 
grante: ni el desarraigarse de su pafs, ni el an- 
dar a la ventura, ni la lucha para obtener tra- 
bajo, ni la clase de trabajo que habrá de reali- 
zar; sólo el temor a enfermar lejos de los su- 
yos le escalofría el alma. La Casa de Salud vie- 
ne a ser, pues, un Sanatorio en todos los senti- 
dos: cura el cuerpo y libra el espíritu de pre~ 
ocupaciones desalentadoras. 



104 MARCELINO DOMINGO 

La disposición de estas Quintas es magnífica. 
Se hallan todas ellas situadas en las afueras de 
la ciudad: en pleno campo o en el monte. 
Abarcan una extensión inmensa de terreno. Su 
distribución es por medio de pabellones. Los 
pabellones, delicadamente decorados, con am- 
plias escalinatas y con artístico juego de colum- 
nas, se alzan en un jardín donde hay paseos de 
palmeras, arriates de flores, plazas con fuentes 
o estatuas. Más que Quintas de Salud, ofrecen 
la impresión de balnearios, de hoteles, de ciu- 
dades escolares. Todo parece encontrarse en 
ellas menos el cirujano y el doliente. Dentro de 
los pabellones, el silencio, la limpieza y la luz 
ofrecen una saludable impresión de paz y de 
bienestar. Compréndese el gesto de orgullo con 
que, principalmente los asturianos y los galle- 
gos, muestran su obra; compréndese el lazo que 
esta obra es para el asturiano o el gallego, que 
se lanza a un viaje oceánico. Lo que no se cbm- 
prende es que España ignore totalmente la tras- 
cendencia y las posibilidades de una obra de 
esta magnitud. 

¿No dirán los números más que las pala- 
bras? En la Quinta del Centro Gallego se rea- 
lizaron durante el año 1921 las operaciones 
quirúrgicas siguientes: Gabinetes dentales r 



LA ISLA ENCADENADA 105 

930 abscesos, 4.998 cauterios, 5.215 extraccio- 
nes con anestesia local; siete extracciones se- 
cuestro de los maxilares, 293 estomatitis, 213 
empastes de caries, 93 exámenes radiográficos, 
tres exóstosis radiculares operados, 553 gingi- 
vitis, 66 hemorragias post-operatorias, 43 ma- 
nifestaciones sifilíticas tratadas, tres osteítis, una 
necrosis, 1.252 periostitis y puípitis, seis reac- 
ción Wasserman, 224 tratamientos evolución 
cordales, 78 trayectos fistulosos, tres sinusitis, 
20 alveolitis, 105 piorrea-alveolar, una extrac- 
ción cordal incluido, dos fractura simple maxi- 
lar superior; total, 14.1 14 operaciones dentales. 
Gabinete oculista: 412 operaciones en la con- 
juntiva y en los párpados, 46 en las vías lacri- 
males, 250 en la córnea, 88 en el cristalino, 27 
en el iris, tres en la esclerótica, diez en el globo 
ocular y diez en los músculos; total, 846 opera- 
ciones en los ojos. Clínica de garganta, nariz y 
oído: 280 operaciones. Clínica de cabeza, cara 
y cuello: diez operaciones. Clínica de tórax, 
abdomen y miembros: 337 operaciones. Clíni- 
ca de aparato génito-urirtario : 109 operaciones. 
Clínica de operaciones diversas: 124. Análisis 
practicados en el laboratorio clínico: de orina: 
7.834 parciales y 3.354 completos; de sangre: 
16.915 figurados, 2.800 microbiología y 4.0B5 



io6 MARCELINO DOMINGO 

Wasserman; de leche: 62 completos y 1.107 
parciales; esputos, 2.715; jugo gástrico, T09; 
heces fecales, 244; total, 24.005 análisis. Tra- 
bajos realizados en el Gabinete de Rayos X: 
diatermia, 565; radiografía, 3.194; radiotera- 
pia, 296; alta frecuencia, 237; electro-coagula- 
ción, 244; corrientes galvanofarádicas, 2.747; 
radioscopia, 687; radium, 127; consultas, 383; 
total, 8.480. Relación de las fórmulas despa- 
chadas en la farmacia de la misma Quinta: 
Enero, 76.148; febrero, 75.072; marzo, 
68.225; abril, 70.070; mayo, 69.907; junio, 
71.589; julio, 77.231; agosto, 77.709; sep- 
tiembre, 72.815; octubre, 67.232; noviembre, 
61.183; diciembre, 58.094. Total, 845.275 
fórmulas. Entrada de enfermos en la Quinta: 
Enero, 1.122; febrero, 1.014; marzo, 920; 
abril, 950; mayo, 855; junio, 1.103; julio, 
1.289; agosto, 1.190; septiembre, 1.194; oc- 
tubre, 946; noviembre 770; diciembre, 650. 
Total, 12.679 enfermos. Fallecidos: Enero, 
28; febrero, 29; marzo, 28; abril, 26; mayo, 
23; junio, 27; julio, 19; agosto, 28; septiem- 
bre, 20; octubre, 14; noviembre, 11; diciem- 
bre, 18. Total, 261 fallecidos, o sea sobre una 
asistencia de 12.679 enfermos, una mortalidad 
media de 2,05 por 100. ¿Dan ya estos núme- 



LA ISLA ENCADENADA 107 

ros idea completa de la obra que realizan las 
Quintas de Salud alzadas y sostenidas por los 
españoles de Cuba? Piénsese que la Quinta de 
Salud de los asturianos, llamada Covadonga, 
es superior a la del Centro Gallego, y que en la 
Habana existen, además, la Quinta de los De- 
pendientes y la de los otros Centros regionales. 
Piénsese que el Centro Español de Cienfuegos 
tiene también su Quinta de Salud, maravillosa 
obra de disciplina y de ciencia, regida por un 
hombre eminente: el doctor Méndez. Piénsese 
que en Santiago de Cuba se levanta sobre un 
cerro la Quinta de Salud de los españoles. Y 
piénsese en que no hay ciudad de Cuba en la 
que se reúnan unos centenares de españoles don- 
de no haya, el Centro, magnífico como un pala- 
cio, y la Quinta, acogedora y alentadora, como 
imagen de piedra de la Caridad y de la Es- 
peranza. 

Esas Quintas sirven para que el español pue- 
da emplear en Cuba, sin preocupaciones, todo 
su esfuerzo. Pero sirven, sobre todo, para evi- 
denciar la capacidad de esfuerzo que existe en 
el alma del español. 



EL ESTADO ESPAÑOL Y LOS ESTADOS 
DE AMERICA 

El hispanoamericanismo verborrista y de oca- 
sión, de conveniencia o de postín, lo confunde 
todo porque todo lo desconoce. Para esta espe- 
cie de hispanoamericanismo, el más extendido y 
el más ruidoso, las colonias españolas en Amé- 
rica y las relaciones políticas de España con 
América son una sola y una misma cosa. Y no; 
no hay problemas más disociados y más dis- 
pares. Uno de ellos es la relación diplomática 
entre la antigua metrópoli y las antiguas colo- 
nias de lengua española que conquistaron su 
soberanía: las relaciones que pueden determi- 
nar una alianza política para fines comunes y 
una interdefensa económica para conveniencias 
industriales y comerciales recíprocas. Uno de 
ellos es éste con líneas bien definidas y limita- 
das. Y otro es, por una parte, la función orgá- 



no MARCELINO DOMINGO 

nica que debe realizar en América y desde 
América con respecto a España la colonia es- 
pañola que reside en América, y, por otra par- 
te, la conducta que el Gobierno español debe 
seguir con esta colonia. 

No es la primera vez que se establece tal dis- 
tinción. En el Primer Congreso de la Federa- 
ción Española cíe la República Argentina, ce- 
lebrado en 1913, se habló ya de esto en térmi- 
nos de insuperable precisión. Lo mismo ha sido 
hecho en asambleas posteriores, localizadas en 
Cuba, Méjico y Uruguay. Últimamente, en un 
libro de delisada prosa, de inquietud histórica 
y de noble objetivo — Ideario de la colonia es- 
pañola, por nuestro amigo Carlos Badía, cón- 
sul de España en Veracruz — , se insiste sobre 
dicho extremo. "Una cosa es la política hispa- 
noamericana propiamente dicha — escribe Ba- 
día — , la que se estipule de Estado a Estado, 
y otra muy distinta la política que el Gobierno 
español desarrolla en relación con sus naciona- 
les establecidos en América. El primero es un 
problema de política internacional; el segundo 
es sólo un aspecto externo de la política inte- 
rior de España. El primero es superior en je- 
rarquía, en magnitud y en trascendencia; pero 
el segundo es de una urgente realización, por 



LA ISLA ENCADENADA m 

cuanto encierra en sí mismo las posibilidades 
que han de asegurar el éxito del primero en la 
esfera internacional". No es nueva, pues, la 
determinación de los aspectos del problema. 
Como no es nuevo advertir que las voces que 
han puntualizado claramente las realidades y 
las posibilidades han salido siempre de Améri- 
ca. Y como es menos nuevo que nada afirmar 
que el Estado español ha permanecido cruza- 
do de brazos ante las insistentes demandas de 
una rápida y reglamentada acción jurídica. 

En el aspecto diplomático, de relación de 
Estado a Estado, el Estado español va distan- 
ciándose de día en día de los anuguos Estados 
hispanoamericanos. Económicamente, España 
no ha cuidado de establecer contratos comer- 
ciales fuertes con América, y si desaparecie- 
ran las colonias españolas que en América exis- 
ten, desaparecerían totalmente los últimos ves- 
tigios de nuestra acción comercial trasoceánica. 
El desenvolvimiento económico de las Repú- 
blicas americanas, la interdependencia que 
ellas han establecido, la ventaja que les ofre^ 
cen mercados como Alemania, Francia y los 
Tratados con cláusulas de favor que han con- 
venido con los Estados Unidos, han determina- 
do una parte de esta realidad ; la otra parte ha 



H2 MARCELINO DOMINGO 

sido producida por la influencia y el desconoci- 
miento del Estado español ante los problemas de 
América: la no realización del modus vivendi 
que se intentó con Cuba, y para cuyo éxito Cuba 
aportó las máximas concesiones y facilidades, 
prueba hasta qué punto España ha vivido y 
vive de espaldas a América. Del régimen de 
dominación, con tarifas aduaneras impuestas 
desde la metrópoli y reglamentación de salidas 
de buques, no ha sabido pasar al régimen de 
convivencia. Y por no renovarse va muriendo. 
El Estado español va perdiendo de día en día 
las relaciones comerciales con los Estados ame- 
ricanos de lengua española. ¿Politicamente? 
Políticamente, estas relaciones diplomáticas tie- 
nen una apariencia de mayor consistencia; pe- 
ro en el fondo son más deleznables y quebra- 
dizas que las comerciales. Los Estados ameri- 
canos tienen un sentido de su responsabilidad 
- que no ha adquirido aún el Estado español. 
Socialmente y culturalmente llevan adelante 
una obra que no ha sido superada aún por mu- 
chos Estados europeos. Avanzan con una ra- 
pidez juvenil maravillosa, dejando en la Na- 
ción la huella luminosa de su paso. El Estado 
español, a través de los mares, aparece a los 
ojos de estos pueblos inquietos y modernos co- 



LA ISLA ENCADENADA H3 

mo un cuerpo paralítico con el que no es posi- 
ble anclar de la mano. ¿La tradición histórica? 
¿El idioma? Por encima de estos valores mo- 
rales, de enorme trascendencia, existe hoy, co- 
mo aglutinante de jerarquía principal, el valor 
representativo de las ideas o los intereses. Ideas 
o intereses son los que atan, y ni ideas ni inte- 
reses representa hoy España para América. 
¿Puede crearlos y ser nexo otra vez? Induda- 
blemente. España tiene capacidad económica 
suficiente para consumir muchas primeras ma« 
terias de América y para manufacturar artícu- 
los que hoy América adquiere en otros merca- 
dos europeos. España tiene oportunidad en la 
hora presente para llevar a todas las Conferen- 
cias que celebran las naciones europeas, y de 
las que están ausentes las Repúblicas hispano- 
americanas, la voz de América, sabiéndose ele- 
var al plano civil y moral que la América de 
lengua española ocupa. Puede España ser 
nexo otra vez. Pero ha de serlo rápidamente 
y con extremado tacto, evitando, para que este 
nexo no sea ya posible, que se repitan hechos 
como el del modus vivendi con Cuba o el de 
la actuación de los embajadores de Méjico con 
respecto al problema de la tierra, o el de las 
Comisiones a usanza de las que, presididas por 



H4 MARCELINO DOMINGO 

el infante don Fernando, fueron a Chile. Cada 
uno de estos hechos lamentables pone al sol las 
raíces del Estado español y cierra el camino a 
todos los convenios económicos o políticos que 
en lo futuro puedan intentarse. 

En definitiva, el hispanoamericanismo pre- 
senta dos aspectos. El segundo será analizado. 
En el primero, de relación de Estado con Es- 
tado, es cada día mayor la distancia entre Es- 
paña y América. Para que esta distancia se 
acorte, no valen los sentimentalismos históricos 
ni las invocaciones a los imperativos del idioma; 
es necesario que el Estado español advierta que 
los Estados americanos le han pasado delante 
y que con obras y finalidades nuevas llegue a al- 
canzarlos. Es necesario que España olvide lo 
que fué, empeñada en vivir eternamente de sus 
glorias pasadas, y piense en lo que debe ser, in- 
teresándose en vivir únicamente del esplendor 
de las glorias que produzca con el esfuerzo de 
cada día. Vivir de la historia pasada en horas 
en que los pueblos se afanan en ser actores dig- 
nos de uno de los momentos más intensamente 
históricos que ha vivido la Humanidad no es 
vivir: es morir. 



EL ESTADO ESPAÑOL Y SUS COLONIAS 
DE AMÉRICA 

El problema de la actuación posible de las 
colonias españolas de América presenta dos as- 
pectos: el de la relación que el Estado español 
debería tener con dichas colonias y el de la re- 
lación que las colonias están dispuestas a guar- 
dar con el Estado español. Los dos aspectos 
presentan una conexión tan íntima, que depen- 
de de la solución que obtenga uno de ellos la 
solución del otro. 

¿Qué relación actual tiene el Estado espa- 
ñol con las colonias? Oficialmente, ninguoa. El 
Estado español sabe de ellas, de su existencia, 
por la frecuencia con que de América recibe 
donativos; por la atención que en época db cri- 
sis económica en América encuentra el inmi- 
grante español que desea o necesita retornar a su 



H6 MARCELINO DOMINGO 

país; por las exportaciones de mercancías que, 
aun en decadencia, es posible desde España a 
Cuba, a Méjico, a la Argentina. El Estado es- 
pañol sabe de ellas por estas realidades que en- 
tran por los ojos. ¿Lazo jurídico? ¿Dependen- 
cia legal? ¿Reconocimiento solemne de las co- 
lonias que representan cuatro millones de es- 
pañoles — la quinta parte de la población espa- 
ñola — ? Nada. Los españoles que han cruza- 
do el Océano han perdido todos sus derechos 
civiles: no tienen representación en el Parla- 
mento, no pueden intervenir por medio del 
voto en la elección de cargos para su Munici- 
pio, no gozan el derecho a ocupar una plaza 
o designar quién ha de ocuparla en el Senado; 
sólo es efectivo, con rigideces intraspasables, el 
deber de cumplir con el servicio militar. El Es- 
tado español desposee al español trasoceánico 
de todos sus apelativos; sólo mantiene uño: el 
de prófugo. ¿Compréndese una visión tan limi- 
tada, tan estrecha, de las funciones del Estado 
y de los derechos individuales? ¿Compréndese 
esta postergación de todos los atributos, esta re- 
lajación de todos los nexos y la subsistencia úni- 
camente del Código militar? El Estado espa- 
ñol no tiene relación ninguna con sus colonias, 
y el único signo de dependencia que entre uno 



LA ¡SLA ENCADENADA "7 

y otras se mantiene más equivale a una impo- 
sición irritante y subversiva que a una obliga- 
ción cordial. 

¿Qué relación debería existir entre el Esta- 
do español y las colonias de América? Una 
relación íntima, profunda, intensa. El español 
trasoceánico debería conservar todos sus de- 
rechos políticos: elegir, ser elegible. La volun- 
tad y la voz de cuatro millones de ciudadanos 
no pueden ser desdeñadas, mucho menos por 
un Estado que apenas tiene en su territorio un 
número cuatro veces mayor al de habitantes 
expatriados. Las "colonias flotantes" de Ale- 
mania constituyen un ejemplo de organización 
en este sentido. La emisión del sufragio en las 
trincheras de Francia de los soldados norteame- 
ricanos y los soldados franceses durante la úl- 
tima guerra europea son otro ejemplo de res- 
peto a las facultades civiles de cada hombre. 
El Estado, por encima de las líneas de los te- 
rritorios, debe llegar hasta allí donde cada ciu- 
dadano llegue; el Estado no ha de tener lími- 
tes geográficos. ¿Los imperativos del servicio 
militar? Estos deben ser los menos exigibles. 
El español trasoceánico — hasta que se impon- 
ga el servicio voluntario, que sería, en este as- 
pecio también, una solución definitiva — debe 



II» MARCELINO DOMINGO 

tener amplias posibilidades de realizar en Amé- 
rica iodos los trámites del reclutamiento: redi- 
mirse, adquirir en América la instrucción mili- 
tar, cumplir en América, en fin, por los pro- 
cedimientos que sea, todos los deberes de las 
armas. Esta debería ser la relación entre el Es- 
tado español y sus colonias de América. Rela- 
ción de mutua dependencia: que obligara a las 
colonias y obligara al Estado. A las colonias, 
manteniendo o excitando su responsabilidad ci- 
vil; al Estado, extendiendo el área de sus 
derechos y sus obligaciones. El otorgamiento de 
signos de soberanía a las colonias, como el otor- 
gamiento de signos de soberanía a las diversas 
nacionalidades que asientan en el territorio es- 
pañol, ¿no equivaldría en definitiva sino a un re- 
surgimiento del Estado por la colaboración más 
efectiva que representarían estas nuevas perso- 
nalidades jurídicas? 

Ningún otro Estado permanecería ante co- 
lonias de la cantidad y la calidad de las espa- 
ñolas en América con la indiferencia del Es- 
tado español. Esta indiferencia del Estado ha 
influido en el espíritu de las colonias de tal 
manera, que habiendo evidenciado pública- 
mente éstas infinidad de veces el propósito de 
organizarse e imponerse, han acordado, siempre 



LA ISLA ENCADENADA 1 19 

que este propósito ha trascendido, organizarse e 
imponerse sin la asistencia y la anuencia del Es- 
tado español. El Estado, que en España vive 
en pugna con la Nación, en el pensamiento de 
las colonias españolas se representa como un 
obstáculo o un estorbo para el afianzamiento y 
el reconocimiento de su personalidad, y quieren 
apartarlo del camino. Constituirse al margen de 
él, organizarse apartadas de él, estatuirse sin él. 
¿No fué éste el espíritu de los Congresos que 
las colonias españolas han celebrado en Bue- 
nos Aires, en Cuba y en Méjico? Sí. Las co- 
lonias españolas de América se sitúan ante el 
Estado en la actitud hostil de todas las Juntas 
de defensa que con espíritu de clase se haa 
constituido en España en los últimos tiempos. 
Y es lógico. El Estado, en España, no ha exis- 
tido, como en el caso de las colonias españolas 
de América, o se ha evidenciado como un ejem- 
plo de incapacidad y deshonestidad, obstacu- 
lizando y corrompiendo las más animadas y 
austeras iniciativas populares. Por esto, cuan- 
do una de tales iniciativas surge, lo primero que 
se plantea es el problema del Estado, y lo que 
inmediatamente se resuelve es ir contra él o 
marchar sin él. Las colonias españolas, por ra- 
zones psicológicas, explicables en el inmigrante, 



120 MARCELINO DOMINGO 

deciden lo último. En la imposibilidad de con- 
siderar al Estado como enemigo, deciden no 
contarle como colaborador. 

¿Hacen bien? ¿Hacen mal? Hacen bien 
desde el punto de vista de las colonias espa- 
ñolas actuales en relación con el Estado espa- 
ñol actual. Hacen mal considerando esta rela- 
ción de colonia y Estado por encima del tiem- 
po y las realidades de un momento histórico. 
El Estado es factor insustituible en la resolu- 
ción de este problema. Prescindiendo de él, las 
colonias españolas, fueren cual fuesen los dere- 
chos que obtuvieran, no pasarían de ser entida- 
des privadas sin consistencia jurídica alguna. 
Más que esta actitud, lo pertinente a las colo- 
nias, hasta lograr su reconocimiento, sería de- 
mandar al Estado el nombramiento para Amé- 
rica de los embajadores y cónsules más sensi- 
bles a su misión, más capacitados de ella, más 
dispuestos a realizarla, más aptos para dar al 
Estado español en América una característica 
de fuerte modernidad. Embajadores que no 
fueran diplomáticos de salón o temperamentos 
arraigadamente conservadores, incompatibles 
con las inquietudes de América; cónsules del 
delicado espíritu de Buylla, el cónsul de Ma- 
tanzas, y de Buhigas Dalmáu, el cónsul de la 



LA ISLA ENCADENADA 121 

Habana, y de Badía Malagrida, el cónsul de 
Veracruz en Méjico. Embajadores y cónsules 
así podrían vertebrar las colonias, guiarlas y 
articularlas con el Estado. Constituyendo ellos 
en América una representación del Estado es- 
pañol, superior al propio Estado, podrían, no 
sólo evitar la justa malquerencia de las colo- 
nias al Estado, sino que podrían influir sobre 
el viejo, paralítico y corrupto Estado español 
en tal forma, que fueran estas colonias una de 
las más potentes fuerzas renovadoras que ha- 
brían actuado en la política española. ¿Es este 
peligro tal vez el que motiva que el Estado se 
desentienda de las colonias de América y que 
algunas personalidades influyentes de las co- 
lonias contengan a éstas cuando se proponen 
organizarse y actuar? 

Muchos problemas tiene planteados Espa- 
ña. Uno de los que menos le ha preocupado es 
uno de los más trascendentes: éste de las co- 
lonias españolas. Nosotros creemos que debe 
constituirse con ellas una organización jurídica 
que tenga, por encima de los Estados históri- 
cos, los derechos y los deberes de un super-Es- 
tado: derechos y deberes fijos ya en otras insti- 
tuciones internacionales. América, que es la opo- 
sición que justamente podría temerse, segura- 



122 MARCELINO DOMINGO 

mente aceptaría y aun aplaudiría que esta in- 
mensidad de españoles que vagan por su Con- 
tinente como si no perteneciesen a ningún Es- 
tado, tuvieran la más alta categoría civil y una 
exigible y solidaria responsabilidad. ¿Falta la 
iniciativa? ¿Falta la voluntad que empiece y 
no cese hasta llegar al fin? Los Centros espa- 
ñoles extendidos por toda América podrían ser 
esta iniciativa y esta voluntad. Ellos podrían 
actuar y resolver con más autoridad que nin- 
gún otro organismo. Háganlo.. No les falta- 
rán en España hombres que secunden sus pro- 
puestas y que cuiden de abrirles de par en par 
las puertas de la legalidad. 



LOS RECONQUÍSTADORES, PEORES 
QUE LOS CONQUISTADORES 

Hacia la parte del mundo donde habría de 
volver con preferencia los ojos y encaminar re- 
sueltamente los pasos todo español que se sin- 
tiera con estímulo de responsabilidad histórica 
es hacia América. Es una parte del mundo 
donde España tiene el deber de rehabilitarse, 
apareciendo distinta a lo que fué cuando do- 
minó en ella, r donde, a pesar de ello, tiene la 
posibilidad de engrandecerse, colaborando en 
la obra que actualmente América realiza. Por 
lo que España fué para América, por el con- 
cepto que de España pueda tener América y 
por el noble afán creador de la América de 
nuestros días, el español que hacia América 
vuelva los ojos y los pasos ha de sentirse po- 
seído de las más altas virtudes morales, y sólo 
ha de abrir los labios cuando tenga el conven- 



124 MARCELINO DOMINGO 

cimiento que su palabra puede despertar suges- 
tiones desconocidas. 

¿Es en esta disposición como el español cru- 
za el Atlántico? Digamos, en primer térmi- 
no, que son contados los españoles prominentes 
que hayan emprendido o se sientan decididos 
a emprender un viaje oceánico. Ninguno" de 
nuestros grandes políticos o de nuestros gran- 
des escritores o de nuestros grandes profesores 
se ha visto aún tentado por este afán. Cierto que 
ha habido alguna excepción, pero ella no enti- 
bia la firmeza del juicio. Nuestros grandes 
políticos habían de las relaciones hispanoame- 
ricanas sin conocer una sola de las posibili- 
dades que para estas relaciones existen; nues- 
tros grandes escritores divagan sobre el pasa- 
do y el futuro de América sin acercarse a las 
puertas donde este pasado se descubre con toda 
su tragedia y donde este futuro se adivina en 
toda su magnificencia; nuestros grandes profe- 
sores no han advertido aún que la cátedra más 
propicia a una lección en lengua española es 
la tribuna que puede alzarse en cualquier par- 
te de la América latina. Los grandes políticos, 
los grandes escritores y los grandes profesores 
españoles no han advertido aún que el camino 



LA ISLA ENCADENADA 125 

más seguro que se abre a un porvenir florecien- 
te de España es el camino a América. No han 
advertido esto, y si lo han advertido no se han 
resuelto a ir ellos por este camino de vanguar- 
dia. El camino, abandonado así, ha quedado en 
poder de españoles de menor cuantía, que van 
a América a realizar una labor que sólo sirve 
para arraigar, en esta América con plenitud de 
vida espiritual y material, el convencimiento de 
que la España de hoy es la pobre España — la 
pobre España espiritual y material — de siem- 
pre. 

Sacerdotes que en España no tienen en la 
Iglesia ni éh la Literatura valorización ningu- 
na llegan a América y se hacen llamar monse- 
ñores y se otorgan plaza de académicos y se 
presentan como predicadores del rey; nombres 
totalmente anónimos en nuestro país, se acre- 
ditan de embajadores científicos; uno de ellos 
ha habido que ha abierto las puertas de las ca- 
sas y de las cajas haciéndose pasar por hijo de 
Ramón y Cajal. ¿Para Q u é más? En esta 
América, donde el españolismo adquiere, por 
la distancia y la nostalgia, una exacerbación 
sentimental, creadora unas veces y morbosa 
otras, esos sacerdotes, convertidos al ser pasa- 



126 MARCELINO DOMINGO 

dos por agua, en monseñores, y esos innomina- 
dos que buscan apellidos que les den lustre, ob- 
tienen fastuosas acogidas. ¿No nos enseñan es- 
tas notas picarescas que sigue no marchando a 
América lo mejor de España y que lo que de 
España va a América en el siglo XX es lo mis- 
mo que fué en los siglos de la Conquista? Estos 
monseñores y estos embajadores recuerdan lai 
páginas de Bernal Díaz del Castillo al narrar 
las aventuras de Hernán Cortés. Recuerdan 
las páginas en que Hernán Cortés, para admi- 
rar a los habitantes de Tabasco, hizo que un 
caballo tomara olor a yegua y "que relinchara 
e hiciera bravuras" durante el tiempo que Her- 
nán Cortés pactaba con los habitantes de Ta- 
basco las condiciones de paz. Hernán Cortés 
les hizo ver que el caballo era un ser sobrena- 
tural. Recuerdan las páginas en que, narrando 
la entrada de Cortés en Tlascala, advierte que 
los conquistadores llevaban un "lebrel de muy 
gran cuerpo, que era de Francisco de Lugo, y 
ladraba mucho de noche ; y al preguntar aque- 
llos caciques del pueblo a los amigos que traía- 
mos de Campoal que si era tigre o león o cosa 
con que mataban los indios, respondieron: 
"Tráenle para que cuando alguno los enoje los 
mate". La fantasía del caballo y del lebrel es 



LA ISLA ENCADENADA Í27 

la misma que la fantasía del monseñor y del 
sabio apócrifo. El afán de alucinación es el 
mismo en una época y en otra. Revela, a tra- 
vés de los tiempos, una misma disposición espi- 
ritual respecto a pueblos a los que España ha- 
bría de haberse acercado siempre poseída de un 
gran respeto y de una inmensa sinceridad. 

España ha de plantearse seriamente el pro- 
blema de selección de los hombres que han de 
propagar sus relaciones con América. En el 
momento de la conquista, por no preocuparle 
a España quiénes fueron los conquistadores, 
la conquista no fué un timbre glorioso para el 
pueblo conquistador; en los siglos de domina- 
ción, por no interesarle a España quiénes de- 
berían ser los dominadores, toda la América 
española se alzó contra España, desgarrándo- 
se violentamente de ella; en estas horas históri- 
cas — horas únicas — de reconquista moral de 
América, formando con ella una federación de 
los pueblos de habla castellana, el descuido de 
España respecto a los embajadores de esta re- 
conquista puede hacer que tal vez cuando Es- 
paña advierta lo que pudo hacerse, otros pue- 
blos más audaces hayan ocupado ya en la cul- 
tura, en la economía y en el corazón de Amé- 
rica el puesto de España. Y entonces se dará 



128 MARCELINO DOMINGO 

el caso de quedar España definitivamente ex- 
pulsada de América, sin que España — lo que 
en ella tiene un valor intelectual, moral y civil 
representativo — haya entrado en América una 
sola vez. 



ESPAÑA FUERA DEL CAMINO 
DE AMERICA 

Aunque las costumbres y prácticas políticas 
no hayan adquirido en Cuba una absoluta de- 
puración ética y un fuerte sentimiento colecti- 
vo, es indudable que las instituciones del Es- 
tado y la ordenación legal de ellas tienen un 
aliento de modernidad, desconocido totalmen- 
te en España. Aunque la intervención expresa 
o tácita de los Estados Unidos ha producido 
en Cuba la anestesia de la opfnión pública, es 
innegable que aplicando el oído al alma popu- 
lar cubana se advierte un hondo afán de supe- 
ración y un deseo de reconquistar la sobera- 
nía, para dar a ésta un matiz social avanzado. 
Más tarde o más temprano ; Cuba seguirá líneas 
paralelas a Méjico, y Méjico y Cuba unidos, 
empujarán a las otras Repúblicas de la Amé- 

9 



130 MARCELINO DOMINGO 

rica latina y serán un estímulo poderoso para 
la inquietud febril y vital de los países de la 
América del Sur. En concreto: la América 
española, políticamente, es hoy superior a Es- 
paña y concentra energías para avanzar en ca- 
mino ascendente. 

¿Advierte España lo que significa para ella 
esta realidad? Expongamos sinceramente los 
hechos. El americano nativo tendrá para Es- 
paña, según considera el pasado histórico, odio, 
respeto o piedad. Hay americano a quien la 
conquista le parece una obra de aventureros 
desalmados; hay americano que la diputa una 
obra de gigantes, de colosos; hay americano 
que sólo la ve como la materialista busca del 
vellocino de oro. Hay americano para quien 
la dominación es una época de ludibrio de la 
Humanidad; hay americano para quien signi- 
fica una intervención que dignifica a un pue- 
blo; hay americano para quien vale solamente 
como prueba para evidenciar la incapacidad 
colonizadora de España. Sea cual sea la po- 
sición en que se coloque el americano respecto 
al momento de intervención de España en 
América, lo cierto es que hoy el americano tie- 
ne la seguridad que sus instituciones políticas, 
sus elementos de cultura y su sentido social han 



LA ISLA ENCADENADA 13 1 

pasado delante de España. Y mira a España 
con pena, con ira o con burla. La Monarquía, 
el Parlamento que no actúa, la represión pro- 
letaria, la contumacia de Marruecos, le arran- 
can al americano juicios de justa dureza. Tal 
vez el sentido terminante de esta actitud fué ex- 
presado por el actual ministro de Instrucción 
pública de Méjico, nuestro amigo José Vascon- 
celos, quien, al ser preguntado sobre el recibi- 
miento que se haría en Méjico a Alfonso XIII, 
respondió: "Bueno, por ser el representante ofi- 
cial de España; pero Méjico preferiría que Es- 
paña estuviera representada de distinta mane- 
ra." América, con un ímpetu insospechado, 
abre vías nuevas en la historia del mundo. Y 
España, que no puede alzarse luminosamente 
ante ella como valor ejemplar de cultura, de 
política, de transformación social, va quedando 
fuera del camino de América. ¿Recuerdos his- 
tóricos? No atan. ¿El idioma? Hoy los hom- 
bres no se, asocian por el idioma, sino por las 
ideas, y si el idioma castellano no sabe interpre- 
tar desde España las ideas que fluyen en el 
alma del americano, el idioma dejará de ser 
también un nexo entre España y América. Más 
que el idioma y los recuerdos históricos, lo que 
volvería los ojos de los americanos a España 



132 MARCELINO DOMINGO 

sería una España con valores culturales univer- 
sales, con instituciones políticas modernas, con 
firmes y resueltos avances sociales. Sólo esto. Si 
España no quiere romper definitivamente con 
América, está ya advertida de los deberes apre- 
miantes y urgentes que se le imponen. 

Para las colonias españolas de América, esta 
realidad americana tiene aún mayor transcen- 
dencia. El español inmigrante, venido general- 
mente a América para lograr una posición eco- 
nómica difícil de obtener en España, es, en las 
horas de lucha para obtener esta posición, hom- 
bre atento únicamente a sus labores, y en las 
horas de presión de ella, hombre celosamente 
defensor de lo obtenido. Más claro: el español 
emigrante, organizado en colonia, ofrece la apa- 
riencia de una colonia formidablemente conser- 
vadora. Así se le considera en algunas regiones 
de Cuba; así se le ve, sobre todo, en Méjico. 
¿Advierte la colonia española el desprestigio 
que esta actitud significa para Esparta y el que- 
branto que esta actitud le causa a ella misma? 
El interés de esta colonia, por ambición históri- 
ca, habría de ser el de anticiparse a todas las 
transformaciones políticas y sociales que en 
América se operaran, guiarías, ser su luz. Si no 
se atreve a ser esto, no ser, por lo menos, obs- 



LA ISLA ENCADENADA. 133 

táculo. Prestigiaríase así España por la obra ci- 
vil de las colonias españolas en América. Y si 
las ambiciones históricas no les llamaban a em- 
presas de tan delicada riqueza espiritual, el ins- 
tinto de conservación debería estimularles a 
ellas. Porque hasta hoy, América, atenta a sus 
luchas políticas, a consolidar su independencia, 
a manumitirse de intervenciones extrañas, ha 
podido dejar que en manos de los españoles 
quedara todo el comercio, o toda la industria, 
o toda la propiedad de la tierra. Pero dispues- 
ta ahora América a afianzar su soberanía polí- 
tica en su soberanía económica y fundamentan- 
do ésta sobre postulados de ortodoxia socialista, 
el sentido conservador de las colonias españo- 
las puede ser estímulo para que se proceda re- 
suelta y audazmente contra ellas. La resistencia 
de arriba dará alas y ambiente a todas las vio- 
lencias de abajo. 

Para España y para las colonias españolas 
de América ha llegado su hora más crítica. O 
se alzan con espíritu e instituciones de espíritu 
y obra liberal al plano que ocupa América, o 
van a quedar totalmente barridas del camino 
que América va abriéndose en el mundo. 



ASIA DESPIERTA 

Uno de los panoramas morales más sugesti- 
vos en enseñanzas y estímulos de este momento 
histórico es el que ofrece el espíritu civil de 
muchos pueblos del Asia. Unos pueblos de és- 
tos, el Japón, con indepedencia y con plenitud 
de soberanía se extienden, por curiosidad inte- 
lectual y con afanes intervencionistas, por todo 
el mundo: los Estados Unidos, que no sienten 
vacilaciones ante ningún otro poder, ante el po- 
der del Japón pénense en guardia. Otros pue- 
blos de ésto*, la China, mansamente, sedosa- 
mente, insensiblemente van despojando al eu- 
ropeo y al americano de muchos mercados. 
Otros pueblos de éstos, en fin, antiguas colonias, 
álzanse en armas contra la poderosa metrópoli 
y obtienen la libertad o centuplican la fuerza 
y la pasión para obtenerla. El hecho histórico 



136 MARCELINO DOMINGO 

que significan estos últimos es lo que tiene una 
mayor transcendencia. 

El despertamiento del Asia es sincrónico al 
desmembramiento de Europa, Europa descien- 
de mientras Asia asciende. Europa será aún 
la organización, pero Asia es el espíritu; Eu- 
ropa será aún el orden, pero Asia es la norma ; 
Europa será aún el presente, pero Asia es lo 
porvenir. La guerra de los cinco años que co- 
menzó en 1914 y en la que, moralmente, fue- 
ron beligerantes todos los pueblos dol mundo, 
ha producido fenómenos históricos de un estre- 
cho paralelismo con los que produjo la Revo- 
lución francesa. La Revolución francesa, por 
su fuerza ideal, por su impulso civilista, por su 
poder fecundante, produjo la independencia de 
América y el hundimiento definitivo de España 
como Imperio; esta guerra está ya producien- 
do, por las mismas razones, la independencia del 
Asia y el hundimiento del Imperio británico. 
España era la Roma del siglo XVII : domina- 
dora, autoritaria, segura de sí misma, convenci- 
da y pagada de su poder, y poco cuidadosa, 
por consiguiente, de hermanar el poder con el 
deber. Inglaterra es la Roma de nuestro siglo, 
un poco más liberal que la primitiva Roma y 
un poco más reflexiva que la Roma que fué 



LA ISLA ENCADENADA 137 

España; pero es la Roma de hoy, y, como la 
Roma del siglo III y la del siglo XVÍÍ, más 
ya en el ocaso que en el levante de la Historia. 
Guglielmo Ferrero, en su P.uina de la civiliza- 
ción antigua, afirma que Europa se encuentra, 
a la hora actual, en la situación que estaba el 
Imperio romano a principios del tercer siglo, 
cuando se hundió súbitamente, 3' estas caracte- 
rísticas del Imperio romano decadente las fija 
más en Inglaterra que en ningún otro pueblo 
del viejo continente. Lo mismo advierte Oswaíd 
Spengler en su recientísimo libro Der untergang 
des Abendlandes ("La decadencia del Occi- 
dente") , el mayor éxito de la literatura filosó- 
fica de Alemania en estos últimos años: "Todo 
es periodismo en Occidente — afirma en sínte- 
sis — •; todo es decaimiento, principalmente en 
Inglaterra." Y así lo evidencia, además, con- 
juntamente con las tesis filosóficas y las profe- 
cías históricas, la visión justa de la realidad. 
Inglaterra era en 1914 el eje financiero del 
mundo. Hoy lo es Norte América. Inglaterra 
era en 1914, por su producción de carbón, el 
poder industrial más significado de la Tierra; 
hoy este poder industrial se traslada a los paí- 
ses que posean más riqueza petrolífera. Inglate- 
rra ocupaba antes de 1914 el primer lugar en la 



138 MARCELINO DOMINGO 

industria metalúrgica; pasó luego a ocupar el 
segundo, por ocupar el primero los Estados 
Unidos; pasa después a ocupar el tercero, por 
ocupar el segundo Alemania; ocupa ahora el 
cuarto, por haber pasado Francia a ocupar el 
tercero. Inglaterra tenia en 1 908 — año de cifra 
de paro más alta — un 7,8 por 109 de la pobla- 
ción obrera sin trabajo; tiene en 1921 el 15,3 
por 100. Inglaterra, en 1914, dominaba sobre 
Irlanda, sobre Egipto, sobre India; en 1921 
ha tenido que renunciar a la casi totalidad de 
sus derechos sobre Irlanda y sobre Egipto, y ha 
de sostener en la India, contra Gandhi, las 
mismas batallas que tuvo que sostener España 
en América contra Bolívar. Inglaterra después 
de la guerra europea es España después de la 
Revolución francesa: las dos tienen el aspecto 
de Roma en su decadencia. 

Las razones de Egipto y la India contra In- 
glaterra son razones arrancadas de la ideología 
creada por la guerra europea, como las razones 
de las colonias americanas contra el Imperio 
español al reclamar la independencia eran 
arrancadas de la ideología de la Revolución 
francesa. Bolívar hablaba como Dantón y has- 
ta como Napoleón; Gandhi, el caudillo del 
nacionalismo indio, y Saad Pacha Zaghlul, el 



LA ISLA ENCADENADA 139 

caudillo nacionalista de El Cairo, hablan como 
hablaban Francia e Inglaterra cuando soste- 
nían que debía seguir la guerra en defensa del 
derecho y la libertad, y como habló Wilson 
cuando ofreció a Europa para apaciguarla y 
encaminarla hacia nueva vida el evangelio de 
los catorce puntos. "¿No habéis dicho — gritan 
cara a Europa los nacionalistas de la India y 
del Egipto — que debe reconocerse la libertad 
de los pueblos? ¿No habéis reconocido la de 
Alemania y la de Polonia? ¿Cómo vais a jus- 
tificar, pues, nuestra sumisión contra nuestra vo- 
luntad a un régimen de protectorado?" Las ra- 
zones del Egipto y la India son tan fuertes 
como la cantidad de pasión que ponen en que 
se les oiga y la cantidad de constancia que 
ponen en la lucha que llevan adelante. Por eso 
los nacionalistas de la India no han querido 
rendir homenaje al príncipe de Gales ni han 
aceptado ya cargos de delegación en los orga- 
nismos que el Gobierno inglés tiene establecidos 
en el régimen de protectorado. Por eso los na- 
cionalistas egipciacos no atendieron a lord Ni- 
cher cuando fué a El Cairo, y sólo hanse de- 
cidido a suscribir un memorándum, cuyas dos 
primeras bases dicen así: Primera: Desapare- 
cerá el protectorado, y Egipto obtendrá su in- 



M° MARCELINO DOMINGO 

dependencia; y, Segunda: Egipto gozará del 
derecho a tener representación diplomática y a 
ser admitido en la Sociedad de las Naciones." 
¿No parece la voz y el tono de voz de esas co- 
lonias la voz y el tono de voz de la América 
del Sur en 1808? Parecen la misma voz y el 
mismo tono dentro del ámbito inmenso de la 
Historia. Ahora que el Imperio inglés tendrá 
tal vez el sentido histórico que le faltó al Im- 
perio español. Irlanda es una prueba; Egipto es 
otra. El Imperio inglés, desistiendo a tiempo y 
por normales procedimientos de ser Imperio, 
mantendrá seguramente una Federación espiri- 
tual y política con sus antiguas colonias; fede- 
ración más consistente, menos odiosa y más du- 
radera que el Imperio. Entonces la Roma del 
siglo XX, en la decadencia como la Roma del 
siglo III y la del siglo XVII, daría a esas Ro- 
mas del siglo III y ¿e\ XVII el ejemplo vivo 
de la lección que para hombres y para pueblos 
dejó escrita el poeta : renovarse o morir. Muere 
quien no se renueva; quien se renueva, perdura. 
En definitiva. El latido universal de la Re- 
volución francesa trajo la libertad de un con- 
tinente: América; el latido universal de esa 
nueva revolución civil y social, que hasta aho- 
ra se conoce con el nombre de guerra europea, 



LA ISLA ENCADENADA 141 

está dibujando las líneas de un nuevo continente 
que se libera: Asia. El hecho que Lenin sea 
el hombre que más devociones inspira en el 
Asia abre una vía de luz sobre el camino que 
el continente mentado sigue. El hecho que Ru- 
sia tenga más características asiáticas que euro- 
peas ¿no nos enseña que la liberación de Ru- 
sia puede encerrarse también en el fenómeno 
psicológico e histórico de la liberación del con- 
tinente asiático? 



FORJADORES 
INDEPENDENCIA 



MARTI, EL ESCULTOR DE SU PUEBLO 

En Cuba tienen monumentos Céspedes, Ze- 
nea, Maceo, Estrada Palma; hay monumen- 
tos respetados de antiguos reyes o antiguos ge- 
nerales españoles; pero el monumento que se 
alza en el lugar selecto y predilecto de cada 
ciudad de la isla, es el monumento a Martí. El 
filósofo aparece siempre en él con gesto noble. 
Su bella cabeza conserva los rasgos de dalzu- 
ra y de meditación característicos. Martí no 
sólo es, con el tiempo, la figura que acrecienta 
la cantidad de sus devotos; con el tiempo ha 
llegado a ser la única figura política de Cuba 
unánimemente acatada, considerada unánime- 
mente indiscutible. Sólo él podría lograr hoy lo 
que logró Napoleón el día de la batalla de 
Austerlitz, cuando comunicó a sus tropas que él 
estaría fuera de la línea de fuego : la confianza. 

"Martí fué más grande que el resto de los 
cubanos en el gigantesco empeño de obtener la 

10 



146 MARCELINO DOMINGO 

liberación de nuestro país — escribe en Los con- 
quistadores un maravilloso escritor, Emilio Gas- 
par Rodríguez — , no porque luchara y muriera 
como un héroe de Plutarco, que muchos lucha- 
ron y murieron en aquella lid sangrienta que nos 
hizo libres, sino porque pensó más y aun más 
profundamente que el resto de los cubanos." 

Esta es la verdad. Martí fué la idea de la 
Revolución cubana. Fué la Idea sentida, tami- 
zada en el corazón, caldeada por él; no la idea 
fría, dogmática, cerebral, doctrinaria de hom- 
bres cordialmente secos o cordialmente fríos. 
Fué la Idea repartida como pan bendito, pre- 
gonada desde la tribuna libre, mantenida desde 
la cárcel, expandida como nunca desde el des- 
tierro. Fué la Idea inspirando la acción, y en la 
acción por la Idea, por el convencimiento de la 
Idea, ir hasta la muerte. El poeta Kiergaard, 
que llamó estetas a los que con entusiasmo por 
una idea no actuaban, y filisteos a los que sin 
entusiasmo actuaban, y sólo hombres a los que 
actuaban por el entusiasmo que sentían, com- 
prendería a Martí en esta última y excepcional 
calificación. 

"Atravesó la vida como quien lleva en las 
manos antorcha y pebetero — escribe el doctor 
Varona — . Mas cuando llegaba el caso, qui- 



la isla encadenada h1 

taba del cinto el hacha o bajaba del hombro la 
piqueta y las empuñaba con resolución. Quería 
alumbrar y perfumar; pero sabía que mucha3 
veces es preciso antes descuajar el bosque o 
acabar de derruir el edificio carcomido y ya 
inservible. Mas destruyera, preparara o edifi- 
case, todo lo hacía como si no hubiese de ha- 
cer otra cosa. Sabía que éste era el medio, el 
único medio de hacer al cabo la grande obra, 
que era el imán de su alma, la que sentía pal- 
pitar debajo de las otras, como se siente bullir 
el agua profunda en las entrañas de la roca." 

En definitiva : Martí fué la Idea, la Pasión y 
la Acción. Fué pluma, lira y espada para que 
la Idea, la Pasión y la Acción dejaran huella 
en la historia de su pueblo. La vida de Martí, 
compleja y plena en cada una de sus formas, es 
el testimonio de intensidad y proteidad de la 
vida de un caballero del Renacimiento. 

Martí valió lo que quiso valer, y quiso valer 
todo lo que valió con un solo propósito: obte- 
ner la independencia de Cuba. Todas sus ener- 
gías concéntranse a este solo fin. Su doctrina es 
la de los espíritus modernos y reflexivos de 
América, que, no sólo pugnan por conseguir la 
soberanía de las antiguas colonias, sino que lu- 
chan por dar a América un valor civil, cultural 



' 48 MARCELÍNO DOMINGO 

y emocional más fuerte que el que posee Euro- 
pa. Martí, no sólo se propuso separar a Cuba 
de España, sino incorporar Cuba a una unidad 
de civilización superior a la que estuvo someti- 
da hasta su independencia. Para él Europa en 
todos sus aspectos tenía ya dolorosos rasgos de 
decrepitud, y América en todas sus manifesta- 
ciones ofrecía destellos inconfundibles de ju- 
ventud y lozanía. En este sentido, Martí es su- 
perior a Bolívar: al pobre Bolívar, que prefi- 
rió llamarse libertador a emperador, y que mu- 
rió diciendo que en el mundo había habido tres 
majaderos: Cristo, Don Quijote y él, y ade- 
más, que "trabajar por América era* como arar 
en el mar". Es Martí superior a Bolívar, porque 
Bolívar recoge para alzar a América contra 
España el ambiente de libertad que extendió a 
todo el mundo la Revolución francesa, y Martí 
alza a Cuba contra España en un momento en 
que el ambiente del mundo estimula a la for- 
mación de grandes Imperios y a la obtención de 
toda clase de dominios coloniales. Es Martí 
superior a Bolívar porque Martí creyó en Amé- 
rica y Bolívar, no; no creyó ni aun en las horas 
en que con más furia puso su palabra y su es- 
pada al servicio de ella. El fuego de Europa y 
las glorias napoleónicas incendiaron el alma de 



LA ISLA ENCADENADA J 49 

Bolívar; el alma de Martí vivió de su propia 
luz y su propio fuego. Bolívar es figura fantás- 
tica de leyenda; Martí es ejemplar monumento 
de la Historia. La vida de Bolívar es una vida 
de altos y bajos, de depresiones y ascensiones^ 
de creencias e incredulidades, de entusiasmos 
locos y de los más desoladores decaimientos. 
La vida de Martí es una línea recta, firme, se* 
gura, serena. En su país, entre las multitudes 
que le aclaman o las multitudes que le aban- 
donan; en la cárcel, confundido con los crimi- 
nales más abyectos ; en el destierro ; en las horas 
de quietud que parece que el mundo se ha de- 
tenido en su órbita histórica y que ha de ser 
siempre el mismo; en las horas en guerra, en 
que parece que el hombre ha de transformarlo 
todo, Martí es siempre el mismo. No pierde la 
confianza en las horas de decaimiento general 
ni pierde la serenidad en las horas de locura co- 
lectiva. No se siente solo cuando nadie le acom- 
paña, porque está siempre con sus pensamien- 
tos!; no se deja arrastrar cuando un pueblo en- 
tero le aclama, porque sus pensamientos le 
guían. "Cada pueblo — dice José Enrique Ro- 
dó — crea héroes en la medida que los necesita y 
los sueña." Cuba necesitaba a Martí, y por ser 
Martí muy de Cuba ha llegado a ser una de las 



15° MARCELINO DOMINGO 

figuras salientes de la Humanidad. En las Vi- 
das Paralelas iría al lado de Mazzini. 

España no conoció a Martí. No importó que 
Martí conociera todas las cárceles de España, y 
que libre, pero con el deber de permanecer en 
Madrid, pasara los días en el Ateneo estudian- 
do y desentrañando nuestros clásicos; no impor- 
tó. España no conoció a Martí. O le befó, o le 
encadenó, o se rió de él, o le entregó a los Tri- 
bunales. Pi Margall sí supo de Martí y escribió 
sobre él palabras justas; también supo de Mar- 
tí, D. Francisco Giner. . . A última hora, quien 
advirtió todo lo que Martí valía fué Martínez 
Campos. Advirtió la admirable organización 
que Martí había creado en Nueva York; ad- 
virtió la fe que su apostolado había encendido ; 
advirtió intuitivamente — el general de la Res- 
tauración era analfabeto — la obra cultural que 
Martí había realizado... Y quiso parlamentar 
con él. Martí, deseoso de concordar la inde- 
pendencia con el ahorro de sangre, salió de 
Nueva York, y acompañado de unos cuantos 
leales, comenzó a atravesar la isla. ¿Celada de 
Martínez Campos? ¿Impulso criminal espon- 
táneo de un militar español? Misterio. La rea- 
lidad es que cuando Martí avanzaba, confian- 
do en la hidalguía de quien le había requerido, 



LA ISLA ENCADENADA l$ l 

lo emboscaron las tropas reales y de un tiro le 
partieron el corazón. "El águila desapareció 
entre rayos — escribe Varona — . Cayó como un 
titán, pero cayó en lo alto, después de haber 
escalado el cielo. Y el mundo que había soste- 
nido en sus brazos no se hundió con él. Había 
preparado diez mil brazos para recibirlo" Es 
verdad. Cuando Martí fué muerto, la Revolu- 
ción estaba ya en marcha: la había impulsado 
su palabra; la había justificado su pensamiento. 
Pero para que triunfara fué necesario segura- 
mente que Martí regara con su sangre el suelo 
de Dos Ríos y que el último acto del Estado 
español frente al apóstol fuera una traición. 

Hoy se habla en Cuba de Martí con mayor 
unción que nunca. Se buscan sus libros ; se edi- 
tan los agotados; se estudian sus máximas; se 
repiten sus pensamientos: pensamientos claros, 
profundos, fuertes. Se levantan estatuas a Mar- 
tí en las alamedas, en las plazas, en los luga- 
res selectos de cada ciudad. Martí está en los 
labios de todos los cubanos. ¿Les llegará otra 
vez al corazón, a lo hondo del corazón, a la 
raíz del corazón? Si ello se realiza, Cuba debe- 
rá a Martí, por su presencia, la independencia, 
y por la irradiación de su vida, la reconquista de 
la soberanía. 



1 



MACEO, 
LA ESPADA DE LA INDEPENDENCIA 

El monumento a Maceo es el más bello mo- 
numento de toda la isla de Cuba. Ved el si- 
tio donde está emplazado y ved la obra. El si- 
tio es una inmensa plaza que se abre al final del 
Malecón y que linda por uno de s^s lados con 
el mar; en el comedio de esta plaza se alza -el 
monumento. La obra es de una riqueza de lí- 
neas insuperable. Sobre un enorme pedestal 
cuadrado, de piedra blanca, se yergue, monta- 
da a caballo, y esculpida en bronce, la figura 
del caudillo; el caudillo aparece con la cabeza 
destocada, el pecho hacia atrás y en la mano 
el machete ; el caballo, refrenado, encoge la tes- 
ta y dibuja en el aire un gesto de bravura. Este 
hombre y este caballo, puestos al lado del mo- 
numento a Martínez Campos, que se esconde 
entre las arboledas del Retiro de Madrid — un 



154 MARCELINO DOMINGO 

general cubierto con el capote todo el cuerpo; 
un caballo con la cabeza arrastrada por el sue- 
lo — , tienen todo el valor de un paralelo histó- 
rico. La obra del monumento a Maceo no ter- 
mina aquí: en la piedra del pedestal destacan 
relieves de bronce con escenas de la guerra 
e inscripciones como esta : "Audaz y temerario, 
no volvió jamás sus armas contra las leyes de 
la República y peleó hasta morir." Entre los 
relieves, en el zócalo del pedestal y en la base, 
sobresalen figuras de líneas rodinescas: una si- 
mula la Victoria; otra, la Patria; otra, el Do- 
lor. La plaza está rodeada de cañones del tiem- 
po de España: cañones grandes, pesados, que 
son un adorno en el mismo sitio donde fueron 
urfe amenaza y un peligro. En los crepúsculos, 
desde la lejanía, sobremontando la figura de 
Maceo los edificios más altos de la ciudad, la 
mancha del caudillo a caballo se recorta sobre 
las nubes rojizas y ofrece la impresión fantás- 
tica de un Pegaso entre llamas de fuego. 

Nosotros, ante el monumento, volvemos el 
espíritu hacia el panorama moral que ofrecía 
España en aquellos días de su guerra contra 
la revolución cubana. Eramos niños. Pero guar- 
damos la impresión de la borrachera de vítores 
que producía el embarque de los soldados; de 



LA ISLA ENCADENADA iS5 

los gritos de odio que se alzaban contra el cu- 
bano, a quien se consideraba desleal y traidor; 
de la adhesión casi colectiva que obtuvo la fra- 
se de Cánovas: "Hasta la última peseta y el 
último hombre."; del desprecio y la protesta 
que rodeó la actitud de Pi y Margal!. Y sobre 
todo, guardamos la impresión del valor repre- 
sentativo que se daba a Maceo. Se hablaba de 
él con los adjetivos que se añaden hoy al nom- 
bre del Raisuni. A nuestros ojos llegaba con 
la catadura de un facineroso vulgar: desarra- 
pado, ignorante, con la tez negra y el alma ne- 
gra de malas pasiones. Tanta fe teníamos en 
la fortaleza de nuestro poder, que a la risa des- 
pectiva y misericordiosa con que se acogió la 
intervención en la guerra de los Estados Uni- 
dos, acompañaba el cantar con que en las es- 
cuelas, engolando la voz y alzando el brazo, 
los alumnos decían que con una espada de car- 
tón en mano de cualquiera de ellos bastaba 
para acabar con Maceo. El gran escritor Enri- 
que José Varona, en un discurso pronunciado 
en Chickering Hall, Nueva York, dijo que 
"no se sintió Roma más tranquila después de 
la muerte de Aníbal, ni la Europa monárquica 
más segura después de la muerte de Napoleón, 
que España cuando una bala casual la libró de 



156 MARCELINO DOMINGO 

Maceo". Y esto, que pudiera semejar una hi- 
pérbole inaceptable, fué una verdad. Revivir 
aquellos momentos de la Historia española es 
advertir uno de los momentos en que el fervor 
patriótico se unió a la causa más injusta y al 
desconocimiento más grande que de la causa 
por que se jugaba el oro y la vida ha tenido 
un pueblo. Dios seguramente quiso perder a 
España, porque si no, no la hubiera enloque- 
cido. 

Maceo merece el monumento: es uno de los 
héroes estatuarios de la revolución cubana. No 
surge con el último movimiento. Desde 1878, 
en que se advierte que el convenio de Zanjón 
es una burla, Maceo, con Calixto García, in- 
tenta en distintas ocasiones, encender de nuevo 
la protesta y alzar toda Cuba en armas contra 
el Estado, que no sabe ser Metrópoli, y contra 
la Nación, que no sabe edificar en la Metrópoli 
un Estado que cumpla sus deberes. No puede. 
Pero cuando, en 24 de febrero de 1895, se 
da el grito de rebeldía, Maceo, que se halla en 
Costa Rica, escapa cautelosamente de dicho 
sitio, llega a la Isla Fortuna con veintiún com- 
pañeros, embarca allí con ellos en la goleta Ho- 
nor y llega a Cuba el 31 de marzo. "Apenas 
saltan a tierra — escribe Varona — comienzan a 



LA ISLA ENCADENADA 1 57 

combatir. Peleando día y noche, como fieras 
acorraladas, se abren camino por entre las fuer- 
zas españolas, que los persiguen con obstina- 
ción, hasta que logran incorporarse a las tropas 
cubanas de Periquito Pérez, en la jurisdicción 
de Guantánamo. Apenas cunde la noticia de su 
llegada, millares de hombres acuden a sus 
filas." Maceo, de acuerdo con Máximo Gó- 
mez, ataca las fuerzas que habían de impedir 
el paso de Máximo Gómez a Occidente; Ma- 
ceo las hostiliza, las cansa; las despista y las 
sujeta hasta el momento en que sabe que Máxi- 
mo Gómez ha entrado ya en Puerto Príncipe. 
El 29 de noviembre se reúnen las columnas de 
Gómez y Maceo en la extremidad oriental de 
las Villas; a fines de diciembre entraban como 
una tromba en la Habana. La sustitución del 
general Martínez Campos por Weyler y la 
aplicación por éste del sistema de concentra- 
ciones, dio a la lucha un nuevo aspecto. En una 
acción militar cualquiera, Maceo, que marcha- 
ba siempre al frente, perdió la vida. Su brazo 
no era ya necesario, como no era necesaria ya 
la palabra de Martí, cuando éste murió en Dos 
Ríos: la Revolución había triunfado. La Re- 
volución no sólo estaba en la conciencia de to- 
dos los que luchaban por ella, sino que tenía un 



i 58 MARCELINO DOMINGO 

ambiente universal favorable. Probaron asto las 
palabras que en el Parlamento italiano se pro- 
nunciaron en honor de Maceo ; la manifestación 
de solidaridad con Cuba, que a la noticia de la 
caída del caudillo, se produjo en toda América; 
las protestas de dolor que salieron de Inglate- 
rra y Francia. 

Maceo fué una espada para Cuba cuando 
Cuba necesitó un soldado; fué una voluntad 
disciplinada a las leyes de Cuba cuando Cuba 
necesitó un ciudadano. José Martí, el filósofo 
de la Revolución, lo presenta así: "Maceo tie- 
ne en la mente tanta fuerza como en el brazo. 
No hallaría el entusiasmo pueril asidero en su 
sagaz experiencia. Firme es su pensamiento y 
armonioso, como las líneas de su cráneo. La pa- 
labra es sedosa, como la de la energía cons- 
tante, y de una elegancia artística, que le viene 
de su esmerado ajuste con la idea cauta y so- 
bria. No deja frase rota, ni usa voz impura, 
ni vacila cuando lo parece, sino que tantea su 
tema o su hombre. Ni hincha la palabra nunca 
ni la deja de la rienda. Será columna de la 
patria; jamás puñal suyo. Con el pensamiento 
la revivirá, más aún que con el valor." ¿Es éste 
el Maceo que España creía podía ser vencido 
con una espada de cartón; que pintaba más 



LA ISLA ENCADENADA i^v. 

con el aspecto repulsivo del bandido que con el 
aspecto dignificador del revolucionario? Lo que 
fué quien mató a Maceo lo prueban el silencio y 
la soledad en que el soldado homicida ha muer- 
to recientemente en España. Lo que fué Maceo 
para Cuba yapara el mundo lo testimonia este 
monumento... Monumento merecido. Porque 
los hombres grandes de América no han sido 
los colonizadores, ni los dominadores, sino que 
son los reconquistadores : los que han puesto su 
espada o su palabra, su brazo o su entendimien- 
to, al servicio de la causa de la Independencia. 



LA VIDA EJEMPLAR DE ESTRADA 
PALMA 

En un lugar recoleto y apartado de Santia- 
go de Cuba se alza el monumento a Estrada 
Palma. No es este monumento como el de Ma- 
ceo en la Habana, fastuoso de ornamentación y 
rico de líneas; es sobrio, modesto, humilde. La 
base está formada por un zócalo dividido en 
cuadros, y en cada cuadro, una guirnalda; so- 
bre el zócalo se levanta un pedestal de mármol 
con relieves de bronce. Estrada Palma, sentado 
familiarmente en una silla, destaca en lo alto 
del pedestal; en la parte anterior de éste, sobre 
unas gradas, yérguese la figura simbólica de la 
Patria. El monumento está rodeado de una ca- 
dena. Entre las piedras del monumento, como 
entre las piedras de un templo o de un castillo 
en ruinas, crece la yerba. 

La figura moral de Estrada Palma parece 
arrancada de las Vidas Paralelas, de Plutarco. 

n 



1 62 MARCELINO DOMINGO 

Es rico y, por servir a la Patria, muere en la 
indigencia; es jefe de su Estado, y en el des- 
tierro es maestro de escuela; conoce la cárcel, 
la pasión revolucionaria y la guerra; consagra 
su existencia a la lucha por la independencia de 
Cuba, y, ya independiente, ha de ser él quien 
pida nuevamente para Cuba la intervención 
extranjera; es hombre con espíritu de San Fran- 
cisco de Asís, forzado a tener que producirse 
como si poseyera el espíritu de Bismark. Es uno 
de los caracteres más sostenidos de la Revolu- 
ción y el carácter más austero que Cuba, en su 
soberanía, ha producido. Por ser todo esto, es 
lo que hoy son contados políticos en Cuba y en 
el mundo: un ejemplo. 

La Revolución de Yara, que estalla en oc- 
tubre de 1 868, sorprende a Estrada Palma rea- 
lizando, en un lugar reducido, El Guamo, una 
obra admirable de pedagogía social. Deja in- 
mediatamente el libro para coger el machete; 
deja la escuela y salta audazmente a la mani- 
gua. Con él va a la revuelta su madre. Cae ésta 
prisionera de los españoles: la encierran y la 
abandonan, dejándola morir de hambre y de 
sed. ¿Recordáis el caso de Cabrera vengando 
el fusilamiento de su madre en la cabeza de in- 
finidad de mujeres de caudillos realistas? Es- 



LA ISLA ENCADENADA 163 

trada Palma no es Cabrera. Los incidentes de 
la lucha ponen en sus manos al jefe de un gru- 
po de soldados españoles; estos soldados caen 
presos también. Las voces de los cubanos esti- 
mulan a Estrada Palma a matar sin piedad al 
jefe español. "No — replica él — ; la memoria 
de mi madre es demasiado sagrada para que yo 
la manche con un sentimiento de venganza." 
Con esta rectitud ética, que no es nunca un 
desenfreno ni nunca un desfallecimiento, sigue 
su camino. Es miembro de la Cámara de Re- 
presentantes del territorio de Cuba en revolu- 
ción; es secretario de Relaciones Exteriores 
con el presidente. Spotorno y firma con él el 
decreto por el cual quedaban condenados a 
muerte cuantos llevasen al campo revoluciona- 
rio proposiciones de paz que no estuvieran ba- 
sadas en la independencia de Cuba. Es elegi- 
do, en 29 de marzo de 1876, presidente de la 
República en armas. Caído prisionero, los sol- 
dados españoles resucitan en él el episodio de 
los galeotes: a Estrada Palma, que no vengó 
la muerte de su madre, que cuando lo detuvie- 
ron, en vez de ocultar su nombre, dijo: "Soy 
Tomás Estrada Palma, presidente de la Repú- 
blica de Cuba", lo ataron, lo condujeron en pe- 
regrinación humillante a Holguín, de Holguín 



1 64 MARCELINO DOMINGO 

a Gibara, de Gibara al castillo del Morro de la 
Habana; de este castillo, al castillo de Figue- 
ras en España. España no supo nunca valorizar 
el tesoro moral que representaba el alma de es- 
tos hombres cubanos, que luchaban hasta el fin 
por la independencia de su patria. Pudo hacer 
de ellos los más firmes aliados nuestros, y los 
convirtió en nuestros más enardecidos enemigos. 
Con el convenio de Zanjón, Estrada Palma 
recobra la libertad. ímpónesele como condi- 
ción para restituirle los bienes embargados la 
sumisión al Gobierno español; niégase termi- 
nantemente a ello. "Preferí — dice él mismo en 
carta dirigida a su íntimo jorge Alfredo Belt — 
sufrir todas las vicisitudes y trabajos de la emi- 
gración, conservando enarbolada la bandera de 
la independencia." Y sufre, elevando el sufri- 
miento a energía y motivo para la lucha. De 
España va a París, donde funda una sociedad 
política; de París va a Honduras; de Hondu- 
ras, a Nueva York, donde establece, en Cen- 
tral Valley, un colegio. "Aquel cubano de años 
ágiles y orden ejemplar — escribe José Martí en 
1892, como impresión de una visita al colegio 
de Estrada Palma — , puntillón y constante, 
que gobernó ayer una República y hoy gobier- 
na su colegio afamado, con todas las enseñan- 



LA ISLA ENCADENADA 165 

zas y las prácticas necesarias para el bienestar 
independiente del hombre trabajador en la dig- 
nidad republicana, es el patriota que a la voz 
de su pueblo dejó el señorío de su hacienda y 
el calor de una madre adorada, por la batalla 
y el peligro de la revolución; es el presidente 
prisionero que rehusa entrar en sus bienes por- 
que los amos de su país le exigen que compre lo 
suyo con el dolor de pasar bajo la bandera de 
la capitulación; es el criollo fundador que hace 
pocos años salió de un castillo de España, al 
garete del destierro, sin más riqueza que la sa- 
lud de su mente y el poder de su corazón, y 
hoy compra, para su familia feliz y la familia 
de sus educandos, un noble edificio, con lago y 
con bosque, que en el corazón del monte yan- 
kee ostenta un nombre cubano : es Estrada Pal- 
ma." Este edificio fué hipotecado después para 
obtener, con el producto de la hipoteca, fondos 
para la nueva y definitiva Revolución cubana. 
Durante esta Revolución actuó como en la de 
los diez años. En paz ya Cuba, volvió Estrada 
Palma, en 1898, a la Central Valley a conti- 
nuar la vida apacible del educador. Los apre- 
mios para intervenir en la política cubana le 
obligaron a dejar el colegio. Y lo dejó para ser 
recibido en su Patria como un Redentor y para 



1 66 MARCELINO DOMINGO 

ser elevado a la más alta magistratura del Es- 
tado, de su Estado. 

¿Estaba forjado Estrada Palma para ejer- 
cer en su país un cargo de tal jerarquía? "No 
fué éste — escribió Enrique Varona — , no podía 
serlo, un verdadero estadista; pero sí un hom- 
bre de acrisolada probidad, ele gran entereza y 
verdadero patriotismo. En otros términos: ca- 
recía de cualidades innecesarias para el puesto 
a que era llamado, donde no hacía falta el rá- 
pido y extenso golpe de vista sobre los sucesos 
internacionales que caracteriza a los grandes 
directores de pueblos y les permite encaminar 
el suyo con precisión y tino; pero poseía virtu- 
des preciosas para vigilar los primeros pasos de 
un nuevo Estado, que nacía débil y rodeado de 
peligros." No era un estadista, era un maestro; 
no era el dictador que impone leyes, era el 
apóstol que muestra a todos el ejemplo de su 
vida; no era un jefe, era un padre. Márquez 
Sterling, con cierta impiedad, habla de Estrada 
Palma en el libro Los últimos días del presi- 
dente Madero, y dice: "En Estrada Palma 
prevalecieron las virtudes domésticas, y las virtu- 
des domésticas no bastan para fundir y moldear 
al hombre de Estado. Administró bien la Re- 
pública en el período inicial, mientras pudo ma- 



LA ISLA ENCADENADA 167 

nejar como un santo patriarca la heredad. 
Perdió el tino al darse cuenta de que goberna- 
ba la casa del prójimo y el vecindario ajeno." 
¿ No estuvo el fracaso de Estrada Palma en no 
ver que el hombre que, apasionadamente, expo- 
nía su vida para librar a Cuba de España, se- 
ría, en sus virtudes, un hombre totalmente dis- 
tinto al hombre que había de acomodarse des- 
pués a las leyes, con objeto de sostener a Cuba 
en su soberanía? El revolucionario de la re- 
vuelta sólo necesita fe, pasión, coraje, audacia, 
desprecio a la vida, un mito, una bandera; el 
revolucionario constructivo — que escribía Kro- 
potkin — , más que fe, necesita razón; más que 
pasión, disciplina; más que coraje, templanza; 
más que audacia, mesura; más que desprecio a 
la vida, cultivo de la vida; más que un mito, 
una doctrina ; más que una bandera, un conven- 
cimiento. Y nadie había cuidado de formar en 
Cuba esta imagen de hombre. ¿No estuvo el 
error de Estrada Palma en considerar los cu- 
banos como entelequias y en amar más la tie- 
rra que los principios? Cuba necesitaba en la 
hora de afianzamiento de su soberanía el esta- 
dista que pedía Costa para España : un estadis- 
ta que tuviera mucho de San Francisco y mu- 
cho de Bismark. Estrada Palma era sólo San 



1 68 MARCELINO DOMINGO 

Francisco. ¿Qué extraño tiene que el día que 
puso Cuba por encima de todo — por encima de 
los cubanos y de los principios — , convencido 
que los cubanos eran inferiores a Cuba y que 
los principios no eran norma política para los 
cubanos, volviera desesperadamente las manos a 
los Estados Unidos, y él, que consagró su vida 
a libertar su pueblo de un dominio extraño, en- 
tregara su pueblo, ya libre, al dominio de otro 
poder extranjero? La actitud de Estrada Pal- 
ma en los últimos días de su gobierno, luchan- 
do contra parte de su pueblo en rebeldía fren- 
te a él, y contra los Estados Unidos, que se 
niegan a la intervención, tiene los trazos que la 
Fatalidad señala en los héroes desdichados de 
la tragedia griega. 

Renunció al Poder en 28 de septiembre de 
1906, y el 3 de octubre salía de Palacio, caí- 
do, vencido, enfermo, con el ademán con que 
salía últimamente Wilson de la Casa Blanca. 
Taft, en nombre de Norte América, le sustitu- 
yó. De la Habana fué Estrada Palma a Ma- 
tanzas; de Matanzas fué a la finca la Panta; 
de esta finca le arrancaron las privaciones, y 
marchó a Santiago de Cuba, y en Santiago de 
Cuba, donde encontró un techo amigo y unas 
manos fraternales, murió casi en completa sota- 



LA ISLA ENCADENADA 169 

dad el 4 de noviembre de 1 908. Hoy tiene una 
estatua en Santiago de Cuba; otra, en Cárde- 
nas; otra, en la Habana. Son estatuas senci- 
llas, modestas, humildes, con yerbas entre las 
piedras. Pasados los años, los cubanos hablan 
de Estrada Palma como hablaban los atenien- 
ses de Pericles después de muerto. "Por lo que 
hace a Pericles — escribe Plutarco en el capítu- 
lo XXXIX de su Vida — , los sucesos mismos 
hicieron muy luego conocer a los atenienses su 
falta y echarle de menos, pues aun los que, 
mientras vivía, llevaban mal su poder por pa- 
recerles que los obscurecía, luego que faltó y 
experimentaron a otros oradores y demagogos, 
confesaban a una que ni en el fasto podía dar- 
se genio más dulce, ni en la afabilidad más ma- 
jestuoso; y se echó de ver que aquella autori- 
dad, un poco incómoda, a la que antes daban 
los nombres de monarquía y tiranía, había ve- 
nido a ser la salvaguardia del Gobierno : ¡ tanta 
fué la corrupción y perversidad que se advirtió 
después en los negocios!, la cual él había debi- 
litado y apocado, no dejándola comparecer, y 
menos que se hiciera insufrible por su inso- 
lencia," 



UNA ESCUELA Y UNA EDUCADORA 

En una de las antiguas calzadas de la Ha- 
bana se encuentra la Escuela del Hogar. Es 
un edificio sencillo, modesto, de arquitectura 
común. Se conoce vulgarmente por la casa de 
los patos, debido a que en el barandal de már- 
mol de la escalera y del pórtico que dan a la 
calle, las molduras y columnas ofrecen la forma 
de dichos animales. El edificio está unido a 
otros y desaparece, confundido entre ellos. 
Pero al otro lado de la calzada, frente a la 
Escuela del Hogar, se extiende, con frondosa 
vegetación, uno de estos parques que tanto 
abundan en la ciudad y tanto la embellecen. 

La Escuela del Hogar — lo dice el nombre — 
cuida de formar a la mujer para el hogar. "La 
casa del hombre es el mundo; el mundo de la 
mujer es la casa", dijo el filósofo. Y la Escue- 
la del Hogar prepara perfectamente a la mu- 



172 MARCELINO DOMINGO 

jer para ejercer con máxima eficiencia su fun- 
ción en este mundo suyo, de tan limitada exten- 
sión material y de tan ilimitada influencia mo- 
ral. Preferentemente hemos dicho. Porque la 
Escuela del Hogar no tiene el sentido estrecho 
de aplicación de las actividades de la mujer en 
la vida que se compendia en las tres k del vul- 
go alemán: Kerche, I?üche und pender; es de- 
cir, iglesia, cocina y niños. La Escuela del Ho- 
gar dispone las aptitudes de la mujer para las 
funciones domésticas, pero cultiva su espíritu, 
con objeto de hacerle sensible a todas las in- 
quietudes universales e interesarla en ellas y es- 
timularla a intervenir, con objeto de imprimir 
en ellas el sentido materno, el sentido puro y 
fino de maternidad, que es el más delicado don 
de la mujer. La Escuela del Hogar prepara a 
la mujer para ocupar dignamente el primer lu- 
gar en este mundo diminuto suyo, que es la 
casa, y para no ocupar un lugar de inferioridad 
en el mundo turbulento y convulso que aparen- 
temente domina el hombre. Prepara a la mu- 
jer, en definitiva, para santificar la casa y para 
luchar en la vida. "La misión de la mujer — di- 
ce una Memoria de la Escuela, escrita por su 
directora — es ser sol de su casa y luna del mun- 
do, y si constantemente se afirmó que la escuela 



LA ISLA ENCADENADA 173 

debe ser el vestíbulo de la vida, en esta casa está 
la verdadera enseñanza de la mujer, ya que para 
el matrimonio y la maternidad ha sido creada. 
Sin que se entienda por ello que nos oponga- 
mos a que intensifique su saber en cuantos ra- 
mos pueda, tanto porque se ha demostrado su 
eficiencia al efecto, cuanto porque somos de los 
que pensamos, con Kant, que la mujer es un 
fin en sí misma y que debe prepararse para lle- 
nar esos fines, y, con tanta más razón cuanto 
que la previsión, la adquisición de la verdade- 
ra prudencia, la energía de carácter, que no 
puede estar reñida con la dulzura que debe dis- 
tinguirle, la valorización de la voluntad y la 
verdadera aptitud para organizar la vida están 
en razón directa del grado de cultura que lle- 
gue a alcanzar." 

La Escuela del Hogar, de la Habana, es de 
reciente fundación. Fué creada hace escasa- 
mente tres años: en diciembre de 1918. Desde 
el principio abarcó ya las materias siguientes: 
Contabilidad y Cálculo, Instrucción práctica 
de economía doméstica, Moral y Cívica e His- 
toria patria, Higiene, Puericultura, Cuidado de 
enfermos, Corte, costura, confección y cestería; 
Confección de sombreros y abanicos; Compra 
práctica en los almacenes de tejidos, Nociones 



174 MARCELINO DOMINGO 

de Física y Química, dando base a la cocina 
científica; nociones de Agricultura, práctica de 
Jardinería, Crianza de animales domésticos, 
nociones de Geografía económica, Cocina co- 
rriente, Alta cocina, Repostería, Lavado y 
planchado de toda clase de ropas, Teñido y 
substracción de toda clase de manchas, Limpie- 
za de calzado y sombreros, Bordado en máqui- 
na. La enseñanza de tales materias está confia- 
da a nueve profesoras, y se dan en dos cursos. 
La condición única para el ingreso es la pose- 
sión del certificado de último grado de instruc- 
ción primaria. No sólo es totalmente gratuita, 
sino que el Estado subvenciona la residencia 
de las alumnas completamente pobres y además 
adjudica becas para ir al extranjero a comple- 
tar los estudios de la Escuela del Hogar. Las 
salas de clase son verdaderos talleres de traba- 
jo. Cada una de las materias se aprende ejer- 
citándose diariamente en las funciones prácti- 
cas que debe comprender: la jardinería, en un 
jardín; la cocinería, en una cocina; la crianza 
de animales domésticos, criándolos. Muchas de 
estas salas se hallan al aire libre y tienen un 
tono de luz que las hace atrayentes. Las alum- 
nas se mueven en ellas como en su hogar. En 



LA ISLA ENCADENADA 175 

lugar visible de todas las paredes destacan 
máximas de un alto valor ético y civil. 

El alma de esta Escuela es la directora, do- 
ña Angeles Landa. Ella lo llena todo con su 
inteligencia, con su diligencia, con la dulzura 
de su gesto y la extraña sugestión de su pala- 
bra. Es una mujer excepcional : culta, recia de 
carácter, amante, con hondo sentido religioso, 
de su profesión. Las alumnas se acercan a ella 
como a una madre; ella sabe ser madre sin 
dejar de ser maestra un solo momento. Entre 
risas y caricias, realiza una de las obras peda- 
gógicas más serias y trascendentes que hemos 
visto. Mujeres de aptitudes para la enseñanza 
abundan en la isla de Cuba ; nosotros hemos co- 
nocido mujeres dignas de admiración en la Es- 
cuela Normal de la Habana y de Santiago, 
preparando al profesorado con metodología que 
puede parangonarse con las de las Normales 
de espíritu más moderno de Europa o Norte- 
américa; hemos conocido mujeres en las escue- 
las primarias ejerciendo su profesión con una 
sabiduría y una dulzura exquisitas. Pero, sin 
que la excepción signifique postergación de na- 
die, doña Angeles Landa es una excepción. 
Nosotros, en el mundo, de la influencia cultu- 
ral y moral de esta educadora, de la irradia- 



i? 6 MARCELINO DOMINGO 

ción luminosa de su palabra y de su conducta, 
sólo hemos conocido otra persona, educadora 
también, y en el grado más excelso : don Fran- 
cisco Giner. El santo recuerdo de don Francis- 
co Giner no nos abandonó desde el momento 
que dimos por primera vez la mano a doña An- 
geles Landa y a sulado pasamos, visitando la 
Escuela del Hogar, todas las horas de una tar- 
de, de una tarde de sol inolvidable. 



EL VALOR EFECTIVO Y SIMBÓLICO 
DE UNA GRANJA 

Junto a la histórica loma de San Juan y a 
la vera del árbol de la Paz, se alza en San- 
tiago un enorme edificio. Es un edificio sobrio 
y sólido. Lo mismo puede ser una fábrica, que 
un cuartel, que un convento. En España sería 
una de estas tres cosas. En Cuba es una es- 
cuela: es la Granja Agrícola; es una de las 
varias granjas agrícolas que en la isla fundó y 
sostiene el Estado. 

La primera impresión que ofrece el interior 
del edificio es la de un extremado orden. Las 
máximas y reglas de disciplina destacan en el 
blanco de las paredes y cautivan los ojos y el 
espíritu. No se grabaron en vano. Conocidos 
los profesores, se advierte que tales máximas y 
reglas son imperativos de conducta. Observan- 
do cómo los alumnos se conducen, se aprende 

12 



i 78 MARCELINO DOMINGO 

que las máximas escritas en la pared las llevan 
escritas en el alma y que las reglas, ordenadas 
ostensiblemente, son las reglas de su vida. Dul- 
zura y severidad en el maestro, disciplina y 
desenvolvimiento de la personalidad en el dis- 
cípulo: tales son los postulados de pedagogía 
que han adquirido inflexibilidad dogmática en 
la Granja Agrícola de Santiago. La segunda 
impresión, es la de existir una capacidad de ac- 
ción en los directores de la Granja superior a 
sus posibilidades. El Estado les ha proporcio- 
nado medios para realizar una obra. Pero la 
obra que desearían llevar adelante los directo- 
res de la Granja es superior a esos medios. Por 
esto, en el interior del edificio obsérvanse gabi- 
netes y laboratorios sin el material debido, t sa- 
las donde se llevan adelante fragmentariamente 
determinados estudios de aplicación, departa- 
mentos donde quedó sin continuar el montaje 
de una máquina o la instalación de los apara- 
tos precisos para señalados experimentos. El or- 
den y este aliento espiritual, por encima de la 
organización mecánica deficiente, son los valo- 
res morales que acreditan la labor de esta ins- 
titución de enseñanza. 

El edificio está rodeado de una gran exten- 
sión de terreno. En él es donde se realizan las 



LA ISLA ENCADENADA t?9 

prácticas agrícolas. Veámoslas. En una parce- 
la se ensaya el cultivo de diversa*, variedades de 
plátanos, alternándolo con el cultivo del café, 
fríjoles y maíz. En otra parcela se realizan ex- 
perimentos con la caña; en otra, con la yuca; 
en otra, con los boniatos. En otra parcela dedi- 
cada a hortalizas se observan las ventajas de 
los injertos. En otra parcela se hacen plantacio- 
nes de vid; en otra, de pina; en otra se deter- 
minan con la abertura de varios surcos las ven- 
tajas de los fertilizantes químicos. Una zona de 
terreno se dedica a apiario; en él hay ya infini- 
dad de colmenas, rodeadas de las plantas me- 
líferas convenientes. Otra zona ocúpanla el ca- 
ballo semental, los gallineros y cochiqueras, 
con variedad exquisita de razas. Adosado al 
cuerpo del edificio, existe el departamento in- 
dustrial, con distintos motores de 15 y 25 ca- 
ballos de fuerza, que permiten el alumbrado de 
la Granja y el funcionamiento de la maquina- 
ria de café y de mantecas. El instrumental, en 
fin, de que dispone la Granja para los traba- 
jos de tierra, es moderno y completo. 

En la Granja reciben, por espacio de tres 
años, instrucción agrícola completa treinta alum- 
nos. Estos alumnos los designan en el término 
de cada granja los Municipios que la granja 



l ** MARCELINO DOMINGO 

comprende; el profesorado de la granja los so- 
mete a un examen de ingreso. Y una vez ad- 
mitidos reciben gratuitamente, durante el tiem- 
po de sus estudios, toda la enseñanza y toda la 
asistencia. Gratuita la matrícula, gratuita la ali- 
mentación, gratuito el uniforme, gratuita la ha- 
bitación y gratuito el título profesional. El Es- 
tado consigna en su presupuesto de Instrucción 
la cantidad necesaria para estas atenciones. Y 
es cantidad que se distribuye entre las doce 
Granjas agrícolas que existen en la isla y la Es- 
tación Experimental Agronómica, que equiva- 
le, por su autoridad y la jerarquía de sus fun- 
cione?, a la Universidad agrícola. ¿Ha de de- 
cirle cuáles fueron y son los propósitos del Es- 
tado en la isla al crear y sostener estas institu- 
ciones pedagógicas? Sus propósitos son moder- 
nizar la agricultura de su país con empleo de 
procedimientos e instrumentos nuevos; modifi- 
car el cultivo, adecuándolo a las conveniencias 
económicas de la isla; dar a la producción de 
la tierra una evolución científica. Las consultas 
que la Estación Agronómica recibe y la labor 
que han ido realizando ya los alumnos salidos de 
la Granja prueban cómo estos propósitos van 
cumpliéndose. Dentro de diez, de veinte años, 
¿en qué límite habrán influido las granjas? Los 



LA ISLA ENCADENADA i&l 

profesores creen que en tal límite, que dentro 
de estas fechas habrán cambiado totalmente las 
características de producción de este país. 

Contemplando este edificio, que tiene a un 
lado la loma de San Juan, empapada en san- 
gre de soldados españoles, y a otro lado el ár- 
bol de la Paz, donde el general Toral, en nom- 
bre de España, firmó la rendición de la plaza; 
contemplando este edificio sobrio y sólido, vuél- 
vense hacia el país de origen los ojos del espí- 
ritu. ¿Qué ha hecho España en este sentido? 
España, que tiene la mitad del territorio sin cul- 
tivar, que en muchas partes del territorio que 
cultiva emplea aún el arado romano, que ve 
perder el agua de sus ríos, que necesita de un 
arancel prohibitivo para sostener muchas de sus 
producciones, iqué ha hecho? Nada, Nada. 
No sólo no ha establecido granjas, sino que ni 
siquiera ha estatuido una enseñanza agrícola 
práctica en las escuelas primarias. "Nada de 
Ministerio especial de Agricultura, que sólo ser- 
viría para aumentar las cargas y los estorbos a 
la producción — escribía Costa en 1898 — ; na- 
da de ingenieros, licenciados ni doctores agró- 
nomos, con que se difunde y encona la plaga 
universitaria de que estamos afligidos y se ago- 
bia con nuevos convidados la mesa del presu- 



1 82 MARCELINO DOMINGO 

puesto; granjas-escuelas, que eduquen prácti- 
camente a sus operarios para capataces". "De- 
ben suprimirse algunas Universidades — volvía a 
escribir Costa en 1899 — , y en lugar de ellas 
crear escuelas regionales y locales para la en- 
señanza manual, positiva y efectivamente prác- 
tica de la Agricultura, de las Artes y Oficios y 
del Comercio, formando antes rápidamente per- 
sonal adecuado, y subvencionando el Estado, 
la Provincia y el Municipio, según los casos, 
las granjas y los campos de enseñanza y de ex- 
perimentación que sean necesarios para el ade- 
lanto y difusión de los métodos culturales y pe- 
cuarios y para las prácticas de Tos alumnos". 
"Hay que generalizar la enseñanza agrícola", 
gritaba ya en 1900 desde la tribuna del Círcu- 
lo de la Unión Mercantil e Industrial de Ma- 
drid... Y gritando en el desierto de España, 
murió. ' _ 

La antigua colonia, independiente, había 
abierto los oídos y había pasado delante de la 
sorda y paralítica metrópoli. España, afian- 
zando la Restauración, continuaba la historia, 
su vieja historia. Cuba, justificando y consoli- 
dando la Revolución, escribía su historia, la 
historia nueva. 



WOOD, EL GENERAL MAESTRO 

Al analizar la política de los Estados Uni- 
dos en el Continente americano es preciso de- 
tenerse, para consignar un adjetivo de encomio, 
en la obra realizada por el general Leonard 
Wood en Cuba desde: 20 de diciembre de 1 899 
a 20 de mayo de 1902. Esta obra, de carácter 
pedagógico principalmente, se llevó a cabo du- 
rante la primera intervención efectiva, oficial y 
pública de los Estados Unidos en Cuba, des- 
pués de la guerra que por su independencia 
sostuvo Cuba contra España. 

España tenía totalmente abandonadas en 
Cuba las atenciones de instrucción pública. La 
dirección de la enseñanza estaba confiada al 
capitán general o gobernador general de la is- 
la, quien se aconsejaba de una Junta superior 
de Instrucción pública, compuesta de doce vo- 
cales, cuyos cargos, honoríficos y gratuitos, no 



184 MARCELINO DOMINGO 

significaron nunca competencia ni actividad. 
Había una Universidad en la Habana y seis 
Institutos de segunda enseñanza, situados en 
las capitales de provincia. No había Normales 
ni escuelas profesionales y técnicas. El maes- 
tro percibía un sueldo insignificante, y lo per- 
cibía tarde o nunca. Las dos terceras partes de 
la población eran analfabetas, y sólo 8.629 cu- 
banos blancos y 1 98 de color poseían la instruc- 
ción superior; es decir, un cubano blanco por 
cada 121, y un cubano de color por cada 
2.627 sujetos de dicha raza. A todo esto añá- 
dase que una de las medidas adoptadas por el 
general Weyler, al desembarcar por última vez 
en la isla, fué la de decretar la clausura inme- 
diata de todos los centros de enseñanza. Quie- 
re decir esto que el Estado español cumplía en 
Cuba sus deberes respecto a instrucción públi- 
ca peor aún que en España, que es ya todo lo 
que se puede decir. 

El primer acto del general Wood en Cuba 
fué la creación de la Secretaría de Instrucción 
y de una Dirección central de Enseñanza pri- 
maria. Para los puestos de mayor responsabi- 
lidad escogió al doctor Enrique José Varona, 
uno de los más altos valores culturales de la 
isla, y a Mr. Alexis G. Foye, una de las men- 



LA ISLA ENCADENADA 185 

talidades pedagógicas más eminentes de Nor- 
teamérica. Se nombró luego un comisionado de 
escuelas, responsable del cumplimiento de la 
ley Escolar y un superintendente encargado de 
los asuntos técnicos. El resultado saltó a los 
ojos: las 312 escuelas que había en 1898 con- 
virtiéronse en 1900 en 3.628, y los 34.597 
alumnos inscriptos en 1898 fueron 172.273 en 
1900. Aumentáronse los grados de enseñan- 
za, cambiáronse los planes de estudio, com- 
práronse 105.000 pupitres modernos y dis- 
tribuyéronse centenares de miles de libros 
de texto. ¿De dónde salieron los maestros? 
Fué necesario formar rápidamente cuatro o 
cinco mil. Y se hizo abriendo una Escuela 
Normal de verano en cada provincia de la is- 
la — seis — , dando en ellas cursos especiales de 
verano y desenvolviendo además cursos peda- 
gógicos en otras diez y nueve poblaciones im- 
portantes. No se detuvo aquí el plan de forma- 
ción del maestro. La Universidad de Harvard, 
cubriendo ella todos los gastos, invitó a los 
maestros de la isla para que asistieran a sus 
cursos especiales, y 1 .300 maestros fueron tras- 
ladados, por otra parte, a Cambridge en trans- 
portes de la Marina americana. ¿Resultado? 
Primero se nombró maestro a cualquier per- 



1 86 MARCELINO DOMINGO 

sona con instrucción; pero en 1900 cursaron la 
carrera 2.710 aspirantes; y en 1901 se revali- 
daron ya 6.603. Y por la dignificación que 
se otorgó a la profesión del pedagogo, de- 
dicáronse a ella los jóvenes de más delica- 
dos afanes intelectuales y las señoritas de 
más firme posición social. "La pedagogía se 
puso de moda — ha escrito un historiador y pro- 
fesor notable, Ramiro Guerra, de quien reco- 
gemos muchos de estos datos — y los periódicos 
dedicaban gran parte de sus columnas a tratar 
de los problemas educativos que interesaban a 
todos. Un Manual de maestros, escrito por 
Mr. Foye, fué leído hasta en los más apartados 
rincones del país; con gran rapidez empezaron 
a publicarse revistas de enseñanza, manuales y 
obras diversas sobre educación y sobre los dis- 
tintos ramos que se enseñaban en las escuelas. 
Puede afirmarse que en el breve tiempo del go- 
bierno del general Wood se escribió en Cuba 
más sobre educación y sobre cada una de las 
asignaturas que forman el programa de nuestras 
escuelas que en casi todo el siglo XIX. Gracias 
a ello, al cesar en el mando el general Wood, 
Cuba contaba con más de cinco mil maestros, 
mejor preparados que los de ningún otro país 
hispanoamericano". ¿Cómo se construyeron los 



LA ISLA ENCADENADA 187 

locales para escuelas? Se hizo un gran presu- 
puesto, imponiendo una cantidad reducida a 
cada contribuyente; con ello se alzaron rápi- 
damente los edificios. Pero además, este gene- 
ral Wood dio un ejemplo a todos los generales 
del mundo. Hizo escuelas de todos los cuarte- 
les. Derribó paredes, higienizó las salas, abrió 
ventanales, plantó jardines, y los cuarteles de 
Pinar del Río, Cárdenas, Cienfuegos, Colón, 
Santa Clara, Trinidad, Ciego de Avila, Puer- 
to Príncipe, Sagua la Grande, Holguín, San- 
tiago de Cuba y otras muchas poblaciones, que 
en tiempo de España sirvieron de hospedaje y 
tortura a los pobres soldados españoles, obteni- 
da la independencia de la isla, se convirtieron 
en aulas de clase de los niños cubanos. En la 
Habana se transformó el Hospital militar de 
San Ambrosio en escuela graduada, y el cuar- 
tel de Dragones, en Facultad de Medicina, y 
la Pirotecnia militar, en el nuevo edificio de la 
Universidad. 

No sólo creó el general Wood la organiza- 
ción de enseñanza, sino que infundió a ella un 
espíritu superior. Una maestra norteamericana 
de religioso sentido profesional, miss Marie 
Keil, fué llamada a Cuba para introducir el 
Kindergarten. Lo hizo, y fué tal la emoción 



1 88 MARCELINO DOMINGO 

pública que rodeó esta institución, que precisó 
la creación en la Habana de una Escuela Nor- 
mal de Kindergarten. Las alumnas de esta Es- 
cuela Normal provenían de las seis provincias 
de la isla, disfrutaban una beca anual de 240 
pesos y adquirían el compromiso de desempe- 
ñar una plaza de maestra de Kindergarten en 
su provincia respectiva durante dos años. Hoy 
el Kindergarten existe en todos los pueblos de 
la isla. Otro maestro norteamericano, Mr. Wil- 
son L. Gilí, organizador de la primera Ciudad 
Escolar en Nueva York, fué traído a Cuba 
para implantar en ella su institución; al poco 
tiempo existían las ciudades escolares en las 
más significadas escuelas de la isla. La misión 
de la ciudad escolar — es sabido — estriba en 
desenvolver la instrucción cívica, en grabar en 
el alma del niño sus derechos y deberes civi- 
les ; en hacer de él un austero y activo ciudada- 
no. Otro profesor norteamericano, L. L. Sum- 
mers, introdujo el trabajo manual, rompiendo 
con el memorismo y verbalismo característicos 
de la enseñanza española, y habituando al ni- 
ño a manejar tanto la herramienta como el 
libro. En definitiva: no sólo se creó la escue- 
la, sino que se creó la nueva escuela; la nueva 
escuela, integrada en la Vida y siendo recto- 



LA ISLA ENCADENADA «89 

ra de la Vida ; unida a la Vida para inspirarse 
en ella y para inspirarla a ella con la fuerza de 
los valores culturales y morales adquiridos en 
la escuela. 

La enseñanza superior pasó también, bajo 
la impulsión del general Wood, por grandes 
transformaciones. En los Institutos — decía el 
doctor Varona — "se ha buscado la manera de 
que cambie por completo la forma de la ense- 
ñanza, dejando de ser puramente verbal y re- 
tórica y pasando a ser objetiva y experimen- 
tal; se ha reorganizado para ello totalmente el 
plan de estudios". Creáronse escuelas profesio- 
nales secundarias. Las de Taquigrafía, Meca- 
nografía y Comercio, en la Habana, dotando 
también de edificio adecuado y talleres la de 
Artes y Oficios; las de Agrimensura, en San- 
tiago de Cuba, Puerto Príncipe, Matanzas, 
Pinar del Río; las de ingenieros, arquitectos, 
electricistas y agrónomos, adscritas a la Uni- 
versidad; iniciáronse también los estudios su- 
periores de Pedagogía. La Universidad fué 
reformada de raíz; modificáronse los planes de 
estudio, las condiciones de examen y ios pro- 
cedimientos de trabajo; creáronse en todas las 
Facultades excelentes laboratorios, con el ins- 
trumental más completo que en aquellos días 



190 MARCELINO DOMINGO 

pudo existir. "No es necesario — como decía 
Guerra Junqueiro de la Universidad de Por- 
tugal — incendiarla para que iluminara", En 
tiempo de Wood fué la Universidad de la Ha- 
bana una luz que iluminó el espíritu de la isla; 
una luz que irradió por todos lados y que dio 
la sensación de que, mientras en la escuela 
alzada en todos los pueblos se formaba una 
democracia honesta y compacta, en lo alto del 
cerro de la Habana donde se alza la Univer- 
sidad, se forjaba una fuerte y civil aristocracia 
intelectual. 

La conducta del general Wood en Cuba 
honra a un hombre y honra al Estado que, en 
su intervención en la vida de otro Estado, elige 
a un hombre como Wood; la conducta de 
Wood prueba la eficacia que puede obtenerse 
de una intervención inteligente e inspirada en 
altos fines. Ella debe servir de ejemplo a Es- 
paña, que no supo nunca intervenir así, y tam- 
bién de ejemplo a los Estados Unidos, que, 
después de Wood, no ha intervenido ya más en 
Cuba con la rectitud y el sentido de responsa- 
bilidad histórica que Wood tuvo. 



LA ISLA ENCADENADA 



MALAS HERENCIAS 

Así como Habana es la llanura, Santiago 
de Cuba es la prominencia y el monte. Así co- 
mo Habana es el camino llano y la línea ilimi- 
tada del horizonte, Santiago es el camino an- 
gosto y el horizonte cortado por la estribación 
de altozanos o por él anfiteatro de la sierra. 
Así corno Habana es el carácter blando y la 
vida apacible, Santiago es el carácter recio y 
la vida tumultuosa. Habana y Santiago no pa- 
recen, por la conformación topográfica ni por 
los rasgos psicológicos, dos pueblos hermanos. 

La Habana habla con un gesto de procer 
altivo de todo aquello que en Cuba no es la 
Habana. Para la Habana, en Cuba, sólo exis- 
ten la Habana y el campo. El campo es Ma- 
tanzas, que tiene la línea gentil de la bahía y el 
regalo del valle de Yumuri y el panorama dan- 
tesco de las grutas de Bellamar; el campo es 

l 3 



194 MARCELINO DOMINGO 

Cienfuegos, que ofrece todas las bellezas y co- 
modidades de una ciudad moderna y que tiene 
el segundo puerto de la isla; el campo es San- 
ta Clara, que conserva los despojos históricos 
de una fuerte riqueza arquitectónica; el campo 
es Camagüey, es Manzanillo, es Cárdenas, es 
Sagua; el campo, es Santiago... Cierto que 
esas ciudades, incluidas en una denominación 
que consideran humillante, se desquitan del ca- 
lificativo revolviéndose con gesto desdeñoso de 
austeridad contra la Habana, acusándola de 
dos vicios capitales: el vicio de la dilapidación 
y el de la frivolidad. Dilapidación y frivolidad 
que para la Habana constituyen sus más pre- 
ciadas virtudes; porque esa dilapidación le ha 
permitido trazar sus avenidas y esculturar sus 
plazas y alzar sus magníficos palacios y abrir 
a los ojos el tesoro de sus parques; y esa fri- 
volidad ha permitido hacer de la Habana un 
recinto amable y acogedor, donde la vida no 
encuentra aristas esquinadas. "Son las provin- 
cias", parece decir la Habana al llamar cam- 
po a los otros poblados de la isla. "Es nuestro 
Madrid", parecen decir las provincias al re- 
volverse los otros poblados contra la Habana... 
¿No es otro signo de la herencia inextinguible 
de España esta rivalidad dentro del propio te- 



LA ISLA ENCADENADA * 195 

rritorio, rivalidad que existe en todos los países 
donde la capital no ha sabido elevarse a la 
alta jerarquía de capital, .de cabeza, de cere- 
bro — ser París, guía ideal de Francia — y don- 
de la soberanía legal no ha querido reconocer 
que la plena y efectiva soberanía no estaba en 
una absorción de la autoridad, sino en una 
atribución de la autoridad allí donde existiese 
el afáh o la potencia de una responsabilidad? 
El hecho más trascendente que se produce 
cuando falta el acatamiento a la capital y 
cuando las llamadas provincias o el llamado 
campo viven con el convencimiento de ser úni- 
camente servidores, es el de haber desapareci- 
do la fuerza que representa el valor constitu- 
tivo de los pueblos que siguen en la Historia 
un camino ascendente: la colaboración. La co- 
laboración no era necesaria en el absolutismo, 
cuando la autoridad — que era la absorción de 
todos los poderes — encarnaba en una sola per- 
sona. La colaboración es imprescindible en las 
democracias, donde la autoridad más elevada 
es sólo una autoridad delegada. ¿Existe esta 
colaboración en España? No. El hombre vive 
ausente de los problemas del Municipio; el 
Municipio ve con indiferencia la obra de la 
Región; la Región se ha desentendido total- 



196 MARCELINO DOMINGO 

mente del Estado. ¿Existe esta colaboración en 
Cuba? No. Los derechos y los deberes civiles 
se han distendido y no son para el cubano im- 
perativos de conciencia. La Habana culpa al 
campo de sus errores políticos; el campo atri- 
buye a la Habana todos los daños y reveses que 
el campo sufre. La Habana y el campo en- 
cuentran ya excusa para las culpas propias en 
la actitud ajena. La Habana alega que no pro- 
gresa políticamente porque el campo sólo rea- 
liza política de bandería, de personalismo; por- 
que el campo, alejando de la política los hom- 
bres más eminentes, no ha sabido elevarse a la 
categoría de una alta y sabia norma civil. El 
campo justifica su repulsión en la banalidad de 
la Habana, donde* en trámites burocráticos, se 
frustran todas las iniciativas; donde, en dulce- 
dumbres y concesiones, se reblandecen los ca- 
racteres de más recio temple. La Habana ha 
encontrado ya en el campo la excusa de lo que 
hace; el campo ha encontrado ya en la Haba- 
na la excusa de lo que deja de hacer. Y esta 
muerte de la colaboración es muerte también 
de los valores sociales, civiles, culturales y eco- 
nómicos, que requiere, no sólo conservar, sino 
enaltecer con la aportación individual y colee- 



LA !SLA ENCADENADA 197 

tiva de cada día todo país que quiera ostentar 
con dignidad y derecho su soberanía. 

Santiago de Cuba es tal vez, en Cuba, la 
conciencia más clara del dolor que significa 
esta ausencia en todos del deber. No de ahora; 
de siempre ha sido Santiago el espíritu alerta, 
audaz y torturado de la isla. Santiago es la ca- 
beza del Oriente. Y el Oriente fué, en tiempos 
de la colonia, el centro de todos los movimien- 
tos insurgentes. Fué en tiempos de la Revolu- 
ción el lugar donde se batió con más fiereza y 
más constancia por la independencia. Ha sido, 
después de 1898, el sitio de donde han surgi- 
do todos los "cuartelazos" — nuestros antiguos 
pronunciamientos — que han producido los cam- 
bios de Gobierno... Es hoy el hogar caldeado 
y firme de una doctrina y una acción naciona- 
listas que pretenden reconstituir Cuba sobre un 
sistema de federación. La Habana tiembla 
un poco de inquietud cuando llegan noticias que 
descubren turbulencias públicas en Santiago. 
"Es el Santiago de siempre", dice con envidia 
y con orgullo, con pena y con gloria. Santiago 
tiembla un poco también, pero es de ira, cuando 
llegan a él noticias de determinadas actitudes 
tolerantes y sumisas de la Habana... "Es la 
Habana de siempre", dice... Y en el fondo 



198 MARCELINO DOMINGO 

de las reconvenciones de una ciudad contra otra 
no hay sino el dolor por no verse unidas en una 
obra común; no hay sino la confesión de varie- 
dades que, estructuradas en organismos funcio- 
nales distintos, crearían una unidad perfecta y 
determinarían una colaboración total y absoluta. 
El natural de Santiago4ia nacido y se ha criado 
entre riscos, ha sido influido por una inmigra- 
ción de catalanes y bearneses, es sobrio, es duro, 
es recio, es seco. El natural de la Habana ha 
nacido y se ha criado en una llanura sin fin, ha 
sido influido por la inmigración de Galicia y 
por el ir y venir de gentes de todos los países; 
es flojo, es transigente, es dilapidador de los 
caudales de su espíritu. ¿Puede someterse el 
uno al otro ; puede ser rector uno de otro ; pue- 
de ser dominador uno de otro? No. ¿Pueden 
pactar, concertarse y colaborar, aportando cada 
uno a la obra sus características sociales? In- 
dudablemente. Y el tiempo que tarden en crear 
el órgano jurídico que determine esta colabora- 
ción será tiempo que vivirán como viven : en in- 
diferencia. Y la indiferencia, para la civilidad, 
es, entre pueblos hermanos, más morbosa que la 
guerra civil, 



FORMADORES Y DEFORMADORES 
DE OPINIÓN 

La diferencia entre la Prensa periódica de 
Habana y Santiago señala, más que ningún otro 
rasgo, la diferencia de caracteres y tendencias 
entre estos dos pueblos. La Prensa de la Ha- 
bana, en su generalidad, es de un exacerbado 
españolismo. Pero de un españolismo descono- 
cido en España. Es adoradora de Alfon- 
so XIII; es devota del Ejército; es reverente 
con simplismo ortodoxo de todos los valores con- 
sagrados en nuestro país. El rey será discutido 
en la Prensa española; en la de la Habana, no. 
El Ejército será acusado en la Prensa españo- 
la; en la de la Habana, no. Los valores consa- 
grados serán desacatados en la Prensa espa- 
ñola; en la de la Habana, no. La Prensa es- 
pañolista de España no está, pues, en España; 
está en la Habana, 



200 MARCELINO DOMINGO 

Las instituciones monárquicas españolas no 
cuentan con defensores más hiperbólicos que 
estos periódicos de la Habana, que en los salo- 
nes de sus fastuosas Redacciones ostentan en 
lugar preferente el retrc.to del rey de España. 
La guerra de Marruecos, ahora, no ha encon- 
trado plumas que más disculpas hayan buscado 
a los desaciertos y más estímulos hayan escrito 
para el avance que las plumas de estos redacto- 
res del Diario de la Marina, del Diario Espa- 
ñol, de El Mundo; las viejas glorias de España 
■ — Numancia, Sagunto, el Cid, Velázquez, Cal- 
derón... — por nadie son rememoradas con más 
vivo orgullo y más nostálgica insistencia que 
por estos flamantes diarios de la capital de 
Cuba. ¿Es sincera esta devoción a la Histo- 
ria pasada y a los valores políticos presentes de 
España? Esto sería un fenómeno a estudiar. 
¿No podría ser que la Prensa de la Habana hi- 
ciera ostentación de tales sentimientos y prefe- 
rencias porque creyera que estos sentimientos y 
preferencias eran los predilectos déla colonia 
española, y que la colonia española hiciera con- 
fesión pública de estos sentimientos y preferen- 
cias por no ponerse en pugna con las tendencias 
de la Prensa? La colonia española en la Ha- 
bana es de una extraordinaria fortaleza econó- 



LA ISLA ENCADENADA 20! 

mica. Tiene todo el comercio; posee Bancos; 
es dueña de los grandes Centros regionales y 
de las Casas de Salud; ocupa el primer lugar 
en la vida social y financiera de la ciudad. Ello 
significa tanto como estar la colonia española 
en la primera línea de suscriptores y de anun- 
ciantes en los diarios. Ello significa tanto como 
perder toda la suscripción y todo el anuncio el 
periódico que se pronunciara contra la colonia 
española. ¿No serán, pues, así los periódicos 
de la Habana porque creen que es así la co- 
lonia? ¿No aparecerá así la colonia porque 
cree que la voz de los periódicos es la voz co- 
lectiva? ¿No podría ser, en este caso, que dos 
ficciones, hurtándose recíprocamente la verdad, 
ofrecieran una tonalidad de espíritu general 
contraria totalmente a la disposición espiritual 
de cada uno de los individuos? Quien haya 
abierto la puerta de muchas almas y haya visto, 
en la intimidad el fondo de ellas, habrá descu- 
bierto cómo estas pregonadas devociones pala- 
tinas o acatamientos monárquicos cubrían un 
anárquico sarcasmo o una de las indiferencias 
más desoladoras. 

La Prensa de Santiago es totalmente distin- 
ta a la de la Habana. Las Redacciones del 
Diario de la Marina y del Diario Español os- 



202 MARCELINO DOMINGO 

tentan en sus paredes retratos de figuras promi- 
nentes en la vida pública española : el rey, Cá- 
novas, Maura... Todos estos retratos destacan 
la dedicatoria... La Redacción de los diarios de 
Oriente, El Cubano Libre, el Diario de Cuba, 
ofrecen únicamente la imagen de los hom- 
bres representativos de la Revolución cubana: 
José Martí, el filósofo; Maceo, el caudillo; Es- 
trada, el estadista; Céspedes, el precursor; He- 
redia y Zenea, los poetas... Los inspiradores 
de estos periódicos son almas de cristal, como 
Abril Amores, o almas de fuego, como Du- 
cazcal... ¿Es que sienten aversión a España? 
Al contrario. Quieren saber de ella, pero saber 
la verdad. Anhelan ser útiles a ella; pero sien- 
do ella útil al mundo. Ansian acercarse a ella; 
pero acercarse a una España que no sea la de 
la dinastía que gastó contra Cuba la última pe- 
seta y el último hombre, ni la de los generales 
que fueron gobernadores militares en Cuba, ni 
la de los políticos que no supieron entender nun- 
ca a Cuba... No sólo no sienten aversión a Es- 
paña, sino que España es para ellos una intensa 
preocupación. Esta Prensa de Santiago no tie- 
ne Redacciones fastuosas como la de la Ha- 
bana; sus Redacciones son casas pequeñas, sa- 
las pequeñas, mitad logia y mitad celda, con 



LA ISLA ENCADENADA 203 

más apariencia de cuarto oculto de conspirado- 
res que sala abierta de escritores. Esta Prensa 
de Santiago no sale a la calle con la cantidad 
de planas y la riqueza de fotograbados de la 
Prensa de la Habana: sale con cuatro u ocho 
planas de tamaño pequeño. Es como esa Pren- 
sa de España — El Socialista, La Lucha, So- 
lidaridad Obrera — modesta, limitada, que con- 
centra el fervor de grandes idealidades y sim- 
boliza las más puras emociones colectivas... 

Estas dos características periodísticas signi- 
fican dos tendencias y dos estados de espíritu; 
marcan, en un nuevo aspecto, la diferencia que 
va del Oriente al Occidente de la isla. Quien 
anhele conocer el alma de los hombres y de las 
cosas, ha de entrar en el alma de estos grandes 
diarios de la Habana y de estas pequeñas hojas 
de Santiago. En ella podrá discernir los valores 
puros de los falsos y advertir las fuerzas efec- 
tivas y las fuerzas convencionales que forman la 
opinión pública de Cuba. 



EL HUNDIMIENTO 
DE LAS ECONOMÍAS MILAGROSAS 

Pocos países obtuvieron de la guerra euro- 
pea las ventajas económicas que obtuvo la isla 
de Cuba. El azúcar, que es el primer signo de 
riqueza de la isla, llegó a exportarse y a pagar- 
se en tal cantidad, que la época de la guerra 
europea es denominada así: la época de la dan- 
za de los millones. Y efectivamente. Hubo un 
período de tres años en Cuba en que sólo se 
hablaba de millones, en que sólo se gastaban 
millones, en que los millones se ganaban en un 
abrir y cerrar de ojos. Cuéntanse de esta época 
anécdotas edificantes. Un guajiro, enriquecido 
súbitamente, entraba en una joyería para pedir 
veinte mil dólares de joyas; otro guajiro se 
acercaba a Caruso, cuando Caruso estuvo en la 
Habana, y le pedía precio para trasladarlo a su 
casa y cantar en ella; la suma de treinta mil dó~ 



206 MARCELINO DOMINGO 

lares tímida y socarronamente apuntada por Ca- 
ruso le fué entregada al punto. Mil anécdotas 
más podrían citarse, probatorias todas de la 
existencia de un período en el que el dinero, 
por ser excesivo, había perdido todo su valor. 
Pocos países han sufrido tampoco un de- 
rrumbamiento económico tan inesperado y tan 
profundo como el que ha sufrido la isla de 
Cuba. En el espacio de una noche, se pasó de 
la máxima abundancia a la máxima miseria. El 
azúcar, que hoy, 7 de octubre, se cotizaba a 
treinta centavos, con tendencia al alza, mañana, 
8 de octubre, al amanecer el día no se pagaba 
ya ni a dos centavos, ni a uno: había perdido 
totalmente la cotización. Como complemento, 
los Bancos, que con la pignoración del azúcar 
habían hecho préstamos, habían abierto crédi- 
tos y tenían el capital del ahorro y del comer- 
cio en bonos, suspendían pagos de una manera 
fulminante. Y esta es, después de tres años, la 
realidad actual : el azúcar, sin valor en el mer- 
cado, y los Bancos, con las puertas cerradas. 
¿Compréndese el desastre que ello significa en 
una economía que había considerado como nor- 
malidad permanente la danza de los millones? 
Quien visite Cuba actualmente vivirá en toda 
su intensidad dramática el nessum magior dolore 



LA ISLA ENCADENADA 207 

del Dante y sólo verá, en muchas pequeñas ciu- 
dades, casas incendiadas que son casas que con 
el incendio hicieron su liquidación, y en la Ha- 
bana, villas y quintas y palacios que tienen al 
aire, esperando días más propicios, el esqueleto 
de sus paredes y el armatoste de madera de su 
edificación. 

No es único el caso de Cuba: es el caso de 
la mayoría de los países. ¿Qué país no se vio 
rápidamente enriquecido y rápidamente empo- 
brecido? El caso de Cuba es más ostensible 
porque Cuba redujo al azúcar su signo de pro- 
ducción y de cambio. Pero la irrupción inopi- 
nada y la rarefacción inopinada también del di- 
nero ofrecen características comunes. En Cuba, 
como en todos los países enriquecidos con la 
guerra, no se hizo de la riqueza milagrosa un 
sólido fundamento económico. Y esta es la cau- 
sa de que el enriquecimiento fuera flor de un 
día y que el empobrecimiento aumente, en vez 
de salvarse, con el tiempo. Los Bancos han 
contribuido a ello; los Bancos que, en las horas 
de prosperidad, fomentaron el agio y entraron 
locamente en la danza, sin respeto para el ca- 
pital que tenían en depósito y sin criterio orien- 
tador para el capital que entraba en el país; 
los Bancos que, en las horas de penuria, han 



208 MARCELINO DOMINGO 

ido a una suspensión de pagos o han ido a una 
suspensión de crédito. El fuerte nacionalismo 
económico de las grandes potencias europeas y 
americanas manifestado después de la guerra, 
ha contribuido más que ningún otro hecho a que 
el empobrecimiento perdurara. La paz, que ha- 
bría de haberse cimentado en un supranaciona- 
lismo económico, distribuidor de las primeras 
materias, que hubiera regulado y servido las ca- 
pacidades de producción y consumo de cada 
país, quiere cimentarse en una guerra de tarifas. 
Y esta guerra no podía dar otro resultado que 
un encarecimiento de la vida, una paralización 
del trabajo y el hundimiento de países que, 
como Cuba, limitan su producción a un solo 
artículo y este artículo lo producen en cantidad 
superior a la reducida capacidad de consumo 
de una Humanidad empobrecida, y más que 
empobrecida, temerosa de un empobrecimiento 
mayor. 

La isla de Cuba es el ejemplo más relevante 
del trastorno económico que la guerra y la paz 
han significado. Ella enseña, con sus dolores, 
las normas futuras a que deberán someterse to- 
dos los pueblos. Normas, en que el interés pú- 
blico signifique más que la conveniencia priva- 
da; en que las instituciones de gobierno y de 



LA ISLA ENCADENADA 2Ó9 

crédito sean guías con plenitud de austeridad, 
de severidad y de sapiencia; en que las econo- 
mías nacionales no sean compartimientos estan- 
cos, sino que tengan una dependencia interna- 
cional. Si tales normas hubieran prevalecido, la 
entrada de los millones no habría sido para 
Cuba una danza loca, pero la salida de los 
millones no habría equivalido tampoco a una 
danza macabra. La entrada de los millones ha- 
bría servido para intensificar y enriquecer el 
ritmo económico de Cuba. Y este ritmo, con 
pulsaciones más débiles o más fuertes, seguiría 
siendo la ley de su vida. 



14 



UNA INTERVENCIÓN TORTUOSA 

. — ¿** 

Los Estados Unidos tienen desde antiguo 
una intervención activa en la vida interior de 
la isla de Cuba. Lo más reprobable de esta in- 
tervención, tanto como su existencia, es la for- 
ma cautelosa e irresponsable en que se ha pro- 
ducido. Los Estados Unidos hicieron por es- 
pacio de largo tiempo reiteradas gestiones con 
objeto de que España les vendiese la isla; alen- 
taron, por otra parte, todo movimiento revolu- 
cionario que pudiera poner en peligro la sobe- 
ranía de la metrópoli; tomaron parte en la lucha 
por la independencia, decidiéndola; obligaron 
luego a los cubanos a aceptar la enmienda Platt, 
que equivale a tener los Testados Unidos la 
mano libre para agarrotar por el cuello a Cuba 
siempre que se les antoje. Esta forma de inter- 
vención de los Estados Unidos en Cuba ha 
despertado en el alma del cubano el sentimien- 



212 MARCELINO DOMINGO 

to de la irresponsabilidad, que es en el hombre 
el camino abierto a todas las claudicaciones ci- 
viles y éticas. El quebranto moral que la inter- 
vención ha producido está en un grado mucho 
más alto que el marcado por los beneficios ma- 
teriales que de la intervención en la única oca- 
sión del general Wood, la isla haya podido 
obtener. 

No son los Estados Unidos los culpables ab- 
solutos de tal estado de cosas ; no lo es tampoco 
Cuba: lo es, en gran parte, España, que, a ex- 
cepción de la resistencia por la venta de la isla, 
desde el primer momento que hubo de parla- 
mentar diplomáticamente con los Estados Uni- 
dos — cuando aun España era un gran Imperio 
y los Estados Unidos eran todavía un valor te- 
rritorial y nacional insignificante — les concedió 
ya, respecto a Cuba, un trato especial de favor. 
El Tratado de amistad, límites y navegación 
entre Su Majestad Católica y los Estados Uni- 
dos de América, firmado en El Escorial el 27 
de octubre de 1795 por Godoy y Thomas 
Pickney, contiene un artículo 7 que es una 
abdicación total de la soberanía española y que 
inicia esta ingerencia irresponsable de los Es- 
tados Unidos en Cuba. Este artículo es agra- 
vado con unas extensas concesiones en el Pro- 



LA ISLA ENCADENADA 213 

tocólo de 1 877, que al hacerse público en 1 896, 
en plena guerra, desencadenó en España, irri- 
tada por la humillación, una tempestad de pro- 
testas. La determinación concreta de tales ce- 
siones era ésta: un norteamericano residente en 
Cuba y acusado, por actos realizados en la isla, 
de sedición, de infidelidad o de complot contra 
las instituciones, contra la seguridad pública, 
contra la integridad del territorio o contra el 
Gobierno supremo, no podía ser entregado ni 
sometido al juicio de ningún tribunal excepcio- 
nal. ¿No equivale tal concesión a una situación 
de derecho en Cuba obtenida por el norteame- 
ricano superior, no sólo a la del cubano, sino a 
la del mismo español europeo? Los cubanos no 
podían moverse en su país ; con leyes los constre- 
ñían y con Tribunales los celaban; los cubanos 
trasladados por simple sospecha a Fernando 
Poo o a Ceuta o ejecutados aplicándoles la ley 
de fugas ascendían a una cantidad incalcula- 
ble; los españoles europeos deportados o fusila- 
dos por colaboración con los movimientos revo- 
lucionarios cubanos suman un número insupera- 
ble; los norteamericanos, por concesión otorga- 
da y ratificada por España, eran los únicos que 
impunemente podían ser rebeldes a Tas institu- 
ciones oficiales de la isla. La responsabilidad 



214 MARCELINO DOMINGO 

de esta irresponsabilidad, única en la historia 
diplomática del mundo, no es de los Estados 
Unidos, que pidieron y obtuvieron; es de Es- 
paña, que otorgó lo que sin mengua vil de su 
soberanía no debió otorgar jamás. 

Un país con alto sentido de su soberanía hu- 
biera puesto en la firma de tales Tratados y 
Protocolos la resistencia obstinada que puso 
España a la venta de Cuba a los Estados Uni- 
dos. La venta pública era preferible a esa hu- 
millación callada. Cuando en 1823 míster 
Adams, secretario de Estado en el Gobierno de 
los Estados Unidos ,' escribió oficialmente lo que 
sigue, España debió advertir que la pérdida de 
Cuba era irreparable. "Hay leyes de gravita- 
ción política — escribió Mr. Adams — con tanta 
fuerza como las leyes de gravitación física; y 
si una manzana desprendida del árbol por la 
tempestad no puede sino caer en tierra en vir- 
tud de la ley de gravedad, así Cuba, separada 
por la fuerza de su propia conexión con España 
e incapaz de mantenerse por ella sola, no puede 
sino gravitar hacia la Unión americana, la cual, 
por la misma ley natural, no puede arrojarla 
de su seno.'* España no advirtió la transcen- 
dencia de estas palabras o, advirtiéndola, no se 
condujo política y económicamente en Cuba de 



LA ISLA ENCADENADA 2» 5 

manera que, por la fuerza efe los intereses crea- 
dos y por una consistente solidaridad cordial, 
Cuba quedara más unida y más identificada que 
nunca con España. Al contrario, fué perdiendo 
de día en día en Cuba su prestigio económico y 
político. Rechazó una propuesta de dinero que 
se le hizo, pero suscribió una cláusula de abdi- 
cación. 

En 1848, en un despacho del secretario de 
Estado, Mr. Buchanan, a Mr. Saunders se 
dice textualmente: "Bajo la administración de 
los Estados Unidos, Cuba no dejaría de ser la 
isla más fértil y más rica del mundo entero. Si 
Cuba formara parte de los Estados Unidos, se- 
ría difícil calcular la cantidad de granos, hari- 
nas, arroz, algodón y otros productos de la 
agricultura, como también cíe la industria, ma- 
deras y diversos artículos que se abrirían un 
comercio en esta isla, a cambio de su café, de 
su azúcar y de su tabaco. " A. esta declaración 
siguió una nueva propuesta de dinero: a los 
nueve millones de duros que los Estados Uni- 
dos ofrecían en 1837, llegaron primero, en 
1 844, a diez millones ; después, a cincuenta mi- 
llones Míster Saunders, embajador comisiona- 
do, adujo, al hacer la propuesta, el caso de la 
Lausiana, vendida sin escrúpulos en 1803, 



2i6 MARCELINO DOMINGO 

"No — dijo Pidal, ministro de Estado enton- 
ces — ; no; que la isla se hunda; que desaparez- 
ca bajo una ola antes de cederla España a otra 
potencia." Y no la cedió, pero convino secreta- 
mente nuevas concesiones a los norteamerica- 
nos, ratificó las ya otorgadas y no propuso nin- 
guna reforma que obligara a Cuba a volver, 
agradecida y rendida, los ojos a España. En 
otra ocasión, más adelante, por conducto de 
Mr. Soulé, llegó a ofrecerse a España hasta 
200 millones. Nada se obtuvo. Y, cansados de 
ofrecer los Estados Unidos, desistieron ya de 
ello y, aprovechando los derechos especiales 
que en Cuba España misma les había otorgado, 
dedicáronse a crear intereses y a fomentar re- 
vueltas. Introducen la masonería en Cuba, que 
rápidamente adquiere tal fuerza, que equivale 
a un Estado frente al Estado constituido. Pres- 
tan hombres al mariscal Narciso López cuando 
se sublevó frente a Cárdenas. Dan en N«*eva 
York dinero y medios para toda organización 
de los elementos revolucionarios cubanos. El 
manifiesto del presidente Cleveland, dirigido al 
Congreso en 7 de diciembre de 1 896 justifican- 
do la intervención de los Estados Unidos en la 
guerra, es el remate obligado a las abdicaciones 
de España, a las intrusiones permitidas jurídi- 



LA ISLA ENCADENADA 217 

camente a los Estados Unidos y a la situación 
geográfica, política y moral de la isla de Cuba. 
Cuba haLía de sublevarse porque no podía ya 
permanecer pasiva; los Estados Unidos habían 
de intervenir porque necesitaban acabar con loa 
obstáculos del poder nominal español; España 
había de perder Cuba porque, entre estas tur- 
bulencias y estas solicitudes, no había hecho 
mérito ni obra alguna para perdurar en la po- 
sesión. 

¿Qué energías morales habían de crear una 
tan dilatada época de soberanía sin Poder — Es- 
paña — y de Poder sin soberanía- — los Estados 
Unidos? Habían de crear la realidad actual: 
una intervención irresponsable, por no ser ofi- 
cial, que es la peor de las intervenciones, y un 
Estado aparentemente libre, pero con concien- 
cia plena de que no disfruta de ninguna liber- 
tad, que es la degradación civil máxima a que 
un Estado puede llegar. Ca enmienda Platt no 
es otra cosa que un nuevo capítulo del Tratado 
de El Escorial de 1857. España acostumbra a 
los cubanos a vivir sometidos y a los norteame- 
ricanos a entrar en Cuba sin freno moral ni 
jurídico de ninguna clase. Y la costumbre no 
se ha perdido. Lo que comienza a ser tiempo 
es que los Estados Unidos adviertan que la 



218 MARCELINO DOMINGO 

responsabilidad de la situación política y ética 
que atraviesa Cuba no es ya de España, que 
rompió sus lazos hace muchos años, ni de Cuba, 
a quien no se le ha dejado ensayar una vida 
de plena soberanía. La responsabilidad va sien- 
do de quien posee la máxima autoridad; y ésta, 
total, absoluta e indiscutiblemente, pertenece a 
los Estados Unidos. 



UN CETRO DE CAÑA 

La inmoralidad política llega en la Isla de 
Cuba a los límites del escándalo. El investi- 
gador atento advierte este hecho a las pocas 
horas de su permanencia en la Habana. No en* 
cuentra una persona que no le hable en seguida 
de las "botellas", los "chivos" y los "serru- 
chos". La "botella" es la credencial otorgada 
como merced, sin exigencia de la función pú- 
blica que la credencial impone; el número de 
"botellas" que existe en la Isla de Cuba es in- 
superable. El "chivo" equivale al negocio ven- 
tajoso realizado desde un puesto preeminente 
de la política y valiéndose precisamente de la 
influencia de este puesto; la lista de "chivos" 
contiene nombres que la calumnia o la realidad 
ha incluido en ella y que corresponden a las 
más humildes y a las más encumbradas perso- 
nalidades públicas. El "serrucho" significa la 



220 MARCELINO DOMINGO 

parte que la autoridad reclama en un servicio 
que representa para quien lo recibe un interés 
económico; el "serrucho" ha arraigado ya en 
las costumbres y es práctica usual en las rela- 
ciones públicas. La política en Cuba ofrece, en 
la actualidad, un espectáculo ético más lamen- 
table que el que ofrecieron por la influencia 
materialista del positivismo y por el convenci- 
miento de la interinidad la monarquía de julio 
y los días del segundo Imperio en Francia. 

¿Qué causas han producido esta lamentable 
realidad? España no ha sido nunca para sus 
colonias de América un ejemplo fuerte de ho- 
nestidad pública. Fijándonos en el principio de 
la obra colonizadora, aparecerán los siglos XVI 
y XVII como épocas de una baja moral pú- 
blica en nuestro país: los procesos de Montigny 
y del Duque de Villahermosa, de Antonio Pé- 
rez y de la princesa de Eboli nos enseñan los mil 
recovecos de la Historia y las mil influencias que 
sobre ella ejercían presión, desviándola de la 
ley y de la ética; las obras de Cervantes "La 
Ilustre Fregona" y "Don Quijote", principal- 
mente, nos descubren las costumbres españolas, 
costumbres en las que privaban la picardía y la 
holganza. El "papelismo y abogadismo" y la 
"Iglesia, mar o casa real", como características 



LA ISLA ENCADENADA 2¿i 

de la política o preferencias de actividades, en 
tiempos de Felipe II, nos muestran la irradia- 
ción de España en América. Siendo esto Es- 
paña y con esto que era, entró en América. 
¿Cómo salió, cómo era cuando salió? Detengá- 
monos en Cuba y fijémonos en la administra- 
ción española de los últimos años. "Grandes 
sueldos — - dice José Enrique Varona — y las 
manos sueltas para los empleados que van a la 
colonia ; tributos regulares para los políticos que 
los apadrinan en la Metrópoli. En el ministerio 
de Ultramar, que reside en Madrid, que paga 
el Tesoro de Cuba, con una asignación de 
$ 96.800, comienza la saturnal a que se entre- 
gan los burócratas españoles con los caudales 
cubanos. Unas veces por impericia, las más poi 
espíritu torpe de lucro, se despilfarra el dinero 
del contribuyente de Cuba, sin escrúpulo ni res- 
ponsabilidad. Se ha demostrado que por impe- 
ricia del ministro Fabié ha aumentado la deuda 
de Cuba, en la suma de $ 50.232.500. En tiem- 
pos de este ministro, el Banco de España dis- 
puso de veinte millones del Tesoro de Cuba» 
que debían estar en cuenta corriente a disposi- 
ción del ministro para la famosa operación de 
la recogida de los billetes. Cuba pagaba intere- 
ses por esos millones, y los siguió pagando todo 



i22 MARCELINO DOMINGO 

el tiempo que el Banco se utilizó de ellos. El 
ministro Romero Robledo sacó una vez (1892) 
de las cajas del Banco de España un millón 
de pesos, pertenecientes al Tesoro de Cuba, y 
lo prestó a la Compañía Trasatlántica, de que 
es accionista. Esto fué hecho contra la ley y sin 
autorización de ninguna clase. El ministro fué 
amenazado con que se le llevaría a la barra, y 
contestó con arrogancia que irían a sentarse con 
él sus antecesores de todos los partidos. La ame- 
naza se deshizo en humo. En junio de 1890 
hubo en las Cortes españolas un escandaloso 
debate, en que salieron a relucir, y no por pri- 
mera vez, algunos de los, fraudes de que ha sido 
víctima la Hacienda de Cuba. Allí se hizo pú- 
blico que de la Caja de Depósitos, a pesar de 
estar cerrada con tres llaves y cada una en po- 
der de distinto funcionario, habían sido substraí- 
dos $ 6.500.000. Entonces se supo que, con 
pretexto de falsos transportes y víveres ficticios 
en tiempo de la guerra anterior, se habían 
hecho posteriormente desfalcos por valor de 
$ 22.81 1.516. En el mes de marzo de ese mis- 
mo año afirmaba el general Pando que los ro- 
bos cometidos con motivo de libramientos que 
expedía la Junta de la Deuda pasan de 
$ 12.000.000. El diputado Dolz, en un discur- 



LA ISLA ENCADENADA 22 3 

so pronunciado a principios de año en el Ate- 
neo de Madrid, aseguró que en las Aduanas de 
Cuba se han robado, de 1877 a la fecha, más 
de $ 200.000.000." Esta fué, desde el princi- 
pio al fin, la escuela del Estado español; la 
escuela del Estado español en Cuba, que no 
podía ser distinta a la escuela del Estado es- 
pañol en España. Así como el Estado español 
no podía dar a los cubanos una libertad y una 
cultura que no recibían los españoles, no po- 
día ofrecer a los cubanos un ejemplo distinto al 
que en todos los actos del Poder público los 
españoles recibían también. 

Justo es decir que el primer Gobierno sobe- 
rano en Cuba, el de Estrada Palma, constitu- 
yó una honrosa ejecutoria de honestidad. Pero 
no podía perdurar: estaban, por una parte, in- 
ficionadas las raíces; había, por otra parte, in- 
terés en corromper el ambiente. La situación del 
cubano es compleja: ha adquirido una indepen- 
dencia política nominal, y no ha adquirido nun- 
ca su independencia económica. Los principales 
signos de riqueza de Cuba no están en poder 
de los cubanos, sino en poder de los inmigrantes 
extranjeros, y no de unos inmigrantes que se na- 
cionalizan en Cuba y afincan en ella, sino, en 
general, de unos inmigrantes cuyo único pensa- 



224 MARCELINO DOMINGO 

miento es enriquecerse rápidamente para disfru- 
tar las riquezas adquiridas en el país de origen. 
El afán de enriquecerse deja aparte ya muchos 
escrúpulos éticos que radican en el alma de todo 
hombre; el afán de enriquecerse rápidamente 
borra del alma hasta la última norma ética, y 
el afán de enriquecerse rápidamente para mar- 
char del país donde uno se ha enriquecido, hace 
que no se sienta el menor estímulo en conservar 
o aumentar la pureza de costumbres de este 
país. Este caso no es sólo el caso de Cuba, 
sino con variación de gradaciones, es el caso 
de la mayor parte de América, incluyendo en 
el primer lugar de esta mayor parte a Norte- 
américa. "Nadie que haya deslizado la vista 
por la Historia universal — escribía recientemen- 
te Ortega Gasset — puede desconocer esto; si 
se quiere un ejemplo escandaloso y nada re- 
moto, ahí está la historia de las Estados Uni- 
dos durante los últimos cincuenta años. A^ lo 
largo de ellos ha corrido por la vida norteame- 
ricana un Misisipí de inmoralidad pública." 
Cuba obtiene, como los otros territorios ameri- 
canos, el beneficio económico y el quebranto 
moral de la inmigración, superior, tal vez, el 
quebranto moral al beneficio económico. Pero 
Cuba, sobre el daño de la dependencia econó- 



La isla encadenada 225 

mica, que es sumisión política, tiene el daño de 
la soberanía nacional. Cuando Cuba creyó, con 
Estrada Palma, que su soberanía era efectiva, 
hizo un esfuerzo sobrehumano para librarse de 
los prejuicios y de las malas costumbres, y Es- 
trada Palma pudo escribir su nombre parale- 
lamente al de Catón. Pero la entrega de Cuba 
por Estrada Palma a la intervención norteame- 
ricana y el ejemplo desmoralizador de esta se- 
gunda intervención por la conducta de los Es- 
tados Unidos, mató todas las virtudes que na- 
cían y avivó los viejos vicios. El político cuba- 
no, con la espada de la intervención siempre 
sobre su cabeza, con el convencimiento de la 
imposibilidad de realizar ninguna obra, con 
vida de interinidad y en un ambiente de nego- 
cios, se deja arrastrar. Allí donde la "botella'*, 
el "chivo" o el "serrucho" no existen, la calum- 
nia los inventa, y, con calumnia o realidad, no 
hay política que actúe con más recelo y más 
acusaciones y en una atmósfera de tan densa 
impudicia como esta política cubana. ¿Encarni- 
zamiento apasionado délos hombres? No. Por- 
que son los mismos partidarios de Menocal los 
que cuentan los errores y los peculados de su se- 
gunda época; y son los devotos de José Mi- 
guel Gómez los que detallan por qué le llama- 

J 5 



226 MARCELINO DOMINGO 

ban tiburón, y los que han circulado la fama de 
que era hombre que se bañaba, pero que salpi- 
caba a un tiempo; y son los adictos al actual 
presidente Zayas los que en voz baja y en voz 
alta relatan hechos que le desconceptúan en su 
obra de gobierno. 

Confesemos que en este ambiente irrespira- 
ble existe en todas las clases sociales cubanas 
el convencimiento del mal y un hondo deseo de 
depuración. Lo que sucede es que no encuen- 
tran el camino para salvarse. ¿Es que no exis- 
te? Sí. Un camino está en reglamentar la inmi- 
gración, obligando al inmigrante a deberes civi- 
les, de los que ahora, irresponsable, se escapa; 
atándole de manera que en Cuba no sea sólo 
un negociante nómada con vistas al negocio, 
sino un ciudadano con imperativos de moral in- 
excusables. Otro camino está en la intervención 
política de las clases proletarias, imponiendo e 
imponiéndose normas éticas, hoy totalmente ol- 
vidadas. Otro camino, seguramente el primero, 
está en exigir la derogación de la enmienda 
Platt, en borrar todo vestigio de intervención 
norteamericana y en recobrar la Isla la pleni- 
tud de su soberanía. Las horas de abyección y 
de miseria que atraviesa Cuba, tal vez pro- 
duzcan los hombres de espíritu titánico necesa- 



LA ISLA ENCADENADA 227 

rios para llevar adelante esta obra de restaura- 
ción y dignificación nacional. Si estos hombres 
no surgen y actúan rápidamente y rápidamente 
concentran la opinión en torno suyo, el futuro 
de la Isla de Cuba ofrece la representación do- 
lorosa de la imagen agonizante y en martirio 
que tiene en la cabeza una corona de espinas y 
que, sarcásticamente, en la mano encadenada 
se le ha puesto un cetro. Un cetro de caña. 



LA DIPLOMACIA 
DEL DOLAR Y LA ENMIENDA PLATT 

Hay países que por su posición geográfica o 
por su situación económica no han podido al- 
canzar aún una plena soberanía. Alcanzan, tal 
vez, a tener todas las apariencias de soberanía: 
una Constitución, un jefe de Estado, Ejército, 
una bandera, unas fronteras claramente defini- 
das, una representación diplomática; pero ello 
es a precario. El hecho, tácita o expresamente, 
priva por encima del derecho. ¿No es esta la 
realidad de toda la América bañada por el 
mar Caribe, desde el Río Bravo hasta el Canal 
de Panamá? En todos estos países, la sobera- 
nía está mediatizada o detentada por los Esta- 
dos Unidos. En unos — Santo Domingo y Hai- 
tí — , la intervención de los Estados Unidos es 
pública y públicamente responsable; en otros 
— Méjico — , la intervención es cautelosa, si- 



230 MARCELINO DOMINGO 

nuosa y contumaz ; en otros — Cuba — , la inter- 
vención ha buscado los medios de poder ser le- 
gal siempre, y rehusando siempre ser oficial, es 
siempre efectiva. La agresividad de los Estados 
Unidos prueba la carencia de escrúpulos éticos 
y civiles en la política de los hombres represen- 
tativos de Norte América, incluso de aquellos 
que, como Wilson, cruzaron eT Océano con un 
evangelio de ética y civilidad como norma para 
la vida futura de todos l«s Estados de Europa. 
La resistencia a la agresividad de los Estados 
Unidos descubre el temple de las distintas Re- 
públicas de la América Central. 

La adición que los Estados Unidos impuso a 
la Constitución de Cuba, cuando Cuba logró 
la independencia, adición conocida con el nom- 
bre de "enmienda Platt' , es el arma que los 
Estados Unidos tiene alzada sobre la cabeza 
de Cuba. Dicha enmienda, aprobada desde 
1907, dice textualmente así: "1.° El Gobierno 
de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o 
Poderes extranjeros ningún Tratado u otro 
Convenio que pueda menoscabar o tienda a me- 
noscabar la independencia ele Cuba, ni en ma- 
nera alguna autorizará o permitirá a ningún 
Poder o Poderes extranjeros obtener por colo- 
nización o para propósitos militares o navales, o 



LA ISLA ENCADENADA 231 

de otra manera, asiento en o control sobre nin- 
guna porción de dicha Isla. — 2.° El Gobierno 
de Cuba no asumirá o contraerá ninguna deuda 
pública para el pago de cuyos intereses y amor- 
tización definitiva, después de cubiertos los gas- 
tos corrientes del Gobierno, resulten inadecua- 
dos los ingresos ordinarios. — 3.° El Gobierno 
de Cuba consiente que los Estados Unidos pue- 
dan ejercitar el derecho de intervenir para la 
conservación de la independencia cubana, el 
mantenimiento de un Gobierno adecuado para 
la protección de vidas, propiedad y libertad in- 
dividual y para cumplir las obligaciones que, 
con respecto a Cuba, han sido impuestas a los 
Estados Unidos por el Tratado de París, y que 
deben ahora ser asumidas y cumplidas por el 
Gobierno de Cuba. — 4.° Todos los actos reali- 
zados por los Estados Unidos en Cuba durante 
su ocupación militar deben ser tenidos por vá- 
lidos, ratificados, y todos los derechos legal- 
mente adquiridos a virtud de ellos deben ser 
mantenidos y protegidos. — 5.* El Gobierno de 
Cuba ejecutará, y en cuanto fuese necesario 
cumplirá los planes ya hechos y otros que mu- 
tuamente se convengan para el saneamiento de 
las poblaciones de la Isla, con el fin de evitar 
el desarrollo de enfermedades epidémicas e in- 



232 MARCELINO DOMINGO 

fecciosas, protegiendo así al pueblo y al comer- 
cio de Cuba lo mismo que al comercio y al pue- 
blo de los puertos del Sur de los Estados Uni- 
dos. — 6.° La Isla de Pinos será omitida de los 
límites de Cuba. — 7.° Para poner en condicio- 
nes a los Estados Unidos de mantener la inde- 
pendencia de Cuba y proteger al pueblo de la 
misma, así como para su propia defensa, el Go- 
bierno de Cuba venderá o arrendará aTos Insta- 
dos Unidos las tierras necesarias para carbone- 
ras o estaciones navales en ciertos puntos deter- 
minados que se convendrán con el presidente de 
los Estados Unidos." Esta es la enmienda 
Platt. Cuba protestó cuando tuvo noticia de 
ello, y exigió su derogación a los Estados Uni- 
dos. Los Estados Unidos explicaron el alcance 
que la enmienda tenía y ordenaron que, sin acla- 
raciones, formase parte del texto de la Cons- 
titución cubana. Cuba pudo en aquel momento 
volver contra los Estados Unidos las armas que 
había alzado contra España. No quiso o no se 
sintió con fuerza para ello. Y en sesión de 12 
de junio de 1901 añadió a su Constitución, 
como apéndice, sin comentario de ninguna cla- 
se, el capitulado íntegro de la enmienda nor- 
teamericana. Esta enmienda es la Constitución 



LA ISLA ENCADENADA 2 33 

vigente de Cuba. La Constitución escrita no es 
otra cosa que un cetro de caña. 

El convencimiento de no poseer la soberanía 
ha anestesiado en Cuba el sentimiento de enal- 
tecerla o de mantenerla con dignidad. El caso 
de Estrada Palma, luchando con heroicidad es- 
partana durante su vida por obtener la indepen- 
dencia cubana y pidiendo después, como pre- 
sidente de la República en Í905, la aplicación 
del artículo 3.° de la enmienda Platt — que es la 
intervención de los Estados Unidos — , prueba 
hasta qué punto el espíritu civil habíase abatido 
en Cuba. Este abatimiento, después de la inter- 
vención — intervención que ha quedado como 
ejemplo escandaloso de inmoralidad adminis- 
trativa — se intensificó. Y hoy ya Cuba ofrece 
el dramático espectáculo de un pueblo civilmen- 
te rendido. Los Estados Unidos dominan la 
política, regulan la economía, imponen su crite- 
rio en todos los órdenes de la vida cubana. In- 
. tervienen efectivamente, sin la responsabilidad 
pública de una intervención, que en los Estados 
Unidos, inspirados por la "diplomacia del dó- 
lar", es intervención sin ninguna delicadeza ci- - 
vil, y en Cuba, pueblo que al cobrar su indepen- 
dencia necesitaba de altas ejemplaridades he- 
roicas, es el estímulo y el camino abierto a to- 



234 MARCELINO DOMINGO 

das las corruptelas posibles en una política des- 
provista de altos alientos ciudadanos. 

La enmienda Platt es un nuevo testimonio de 
la fuerza que los intereses privados tienen en 
la orientación política de los Estados Unidos. 
El nombre de unos banqueros neoyorquinos va 
unido a toda la política de los Estados Unidos 
en Nicaragua; la influencia del National City 
Bank of New York es la que rige la política 
de los Estados Unidos en Haiti; la convenien- 
cia de los petroleros es la que marca la política 
irritante de los Estados Unidos en Méjico; la 
necesidad de los explotadores del azúcar y el 
tabaco en Cuba es la que dictó la enmienda 
Platt. Es la bandera, sin preseas civiles, si- 
guiendo al conquistador del dólar. En unos paí- 
ses, como Méjico, ha producido este hecho viri- 
les protestas y un estado latente de revolución; 
en otros países, como Cuba, ha causado un ani- 
quilamiento de la voluntad colectiva y del sen- 
timiento del deber. En todos, en Cuba y en Mé-> 
jico, en todos, calladamente o abiertamente, ha 
creado una justificada y formidable hostilidad 
espiritual contra los Estados Unidos. 



EL PRESIDENTE ZAYAS 

El Palacio del presidente de la República 
ofrece «1 aspecto de uno de esos grandes hote- 
les que se levantan en las playas de moda. No 
tiene traza arquitectónica, ni siquiera escultó- 
rica, de ninguna clase. Es uno de los edificios 
vulgares y corrientes que se encuentran en to- 
das las partes del mundo, y que lo mismo pue- 
den ser un hospital, que un teatro, que un ca- 
sino. Está aislado. Circúndanlo unos parterres 
cerrados con cadenas. En las puertas principa- 
les, en vez de guardias solemnes, hay dos o 
tres policías. 

La parte interior del edificio no es superior 
a la exterior. Las dependencias que sirven de 
antesala al despacho del presidente tienen mo- 
blaje moderno y llamativo. No hay un lienzo, 
ni un tapizado, ni un mármol en que puedan 
detenerse los ojos. Todo parece adquirido en 



236 MARCELINO DOMINGO 

la subasta de un bazar. Por estas dependencias 
van y vienen, vestidos de uniforme, los milita- 
res que constituyen el Estado Mayor del pre- 
sidente. Uno de ellos se acerca a nosotros para 
hacernos un elogio de la Marina de guerra es- 
pañola, en la que durante algún tiempo prestó 
sus servicios en calidad de agregado. Otro nos 
pide informes del ejército español, que nosotros 
rendimos en términos que le asombran. Estos 
militares no usan condecoraciones de ninguna 
clase. Para distinguir su graduación precisan 
conocimientos hermenéuticos, que, a pesar de 
nuestro esfuerzo, nos ha sido completamente 
imposible adquirir. 

El presidente nos recibe en una habitación 
íntima, de trabajo. En una sala pequeña, con 
mesas llenas de libros y papeles. El presidente 
sale a nuestro paso e inmediatamente nos invi- 
ta a tomar asiento. Hablamos con extensión de 
España y de Cuba. ¿España? Al hablar de 
España, el presidente recuerda los días que es- 
tuvo preso en Santander, en Málaga y en Ceu- 
ta; los últimos tiempos de dominación española 
en Cuba. La conversación recae sobre Marrue- 
cos, y exponemos entonces las características 
más significativas de este problema. El presi- 
dente se interesa por conocer determinadas 



LA ISLA ENCADENADA 237 

cuestiones políticas, económicas y sociales de 
España; nosotros le exponemos, respecto a 
ellas, nuestro juicio, al mismo tiempo que su- 
plicamos el juicio del presidente respecto a de- 
terminadas cuestiones cubanas. El diálogo se 
prolonga, sobre todo por parte del presidente, 
que habla con una fluidez extraordinaria. Nos 
ponemos en pie. El presidente nos retiene unos 
momentos más, y luego nos hace el honor de 
salir a despedirnos hasta la puerta de su sala 
de trabajo. 

Nos ha producido pena este hombre. El afán 
de su vida fué llegar al puesto que ocupa. Ba- 
talló y sufrió por ello. Y ahora que ya está en 
lo alto, advierte, por una parte, que su Cuba le 
cela y lo despedaza la calumnia, y por otra 
parte, que el poder electivo de la soberanía 
cubana no está en él, que es el presidente cons- 
titucional. En efecto. Pocos países habrá don- 
de el juicio público sea más adverso a los po- 
líticos. Entre bromas y veras se dice en la ca- 
lle lo que no se dice en ninguna parte del mun- 
do. Contra el hombre que ejerce un cargo de 
representación popular en Cuba es lícito todo 
dicterio y aceptable toda imputación y corrien- 
te el descubrimiento de los más íntimos secre- 
tos del hogar. Pocos países habrá tampoco 



23» MARCELINO DOMINGO 

donde la soberanía esté tan mediatizada. En 
Cuba es unánime la afirmación y la creencia de 
que el presidente no es el doctor Zayas, sino 
el delegado especial de los Estados Unidos, 
general Crowder. ¿Cómo no ha de producir 
pena ese hombre, que se sienta sobre un pedes- 
tal de lodo y con un cetro de caña en las ma- 
nos, que se ve desprestigiado por su pueblo y 
sojuzgado por un pueblo extraño? 

El presidente Zayas es bajito, cenceño; su 
cara, pulcramente rasurada, parece más de un 
sajón que de un latino. Escribe y habla con co- 
rrección y profundidad. Como Teófilo Braga, 
es Zayas el historiador de su país. Conoce los 
secretos del idioma y los secretos de la raza, 
que van descubriendo sus libros, que aparecen 
muy de tarde en tarde y que son un testimonio 
de talento y erudición. Estos libros inacabados 
son ahora la nostalgia del presidente, como era 
la lucha política la nostalgia del escritor cuan- 
do, escribiendo, soñaba con la conquista de la 
futura presidencia. El presidente Zayas, más 
preparado para el ejercicio de su cargo que 
ningún otro de los presidentes que desde su in- 
dependencia Cuba ha tenido, vive íntimamente 
la tragedia moral del hombre que, cuando se 
habla de austeridad en público, no se habla de 



LA ISLA ENCADENADA. ^ 

él, sino de Estrada Palma; que cuando se ha- 
bla de popularidad no se habla de él, sino de 
José Miguel Gómez; que cuando se habla de 
competencia no se habla de él, sino de Meno- 
cal, y que, siendo en el fondo seguramente su- 
perior a los tres, se le considera un heredero in- 
ferior. ¿Qué heroicidad habría de realizar el 
doctor Zayas para sobrepasar en prestigio, ante 
la opinión pública, a sus antepasados? Esta es 
tal vez la pregunta que a diario se formula, y 
que, al no acertarla a contestar, en unos cuan- 
tos meses le ha envejecido, con las huellas de 
la vida tormentosa de una infinidad de años. 

¿Es que, efectivamente, Zayas es inferior a 
las exigencias de su época? Seguramente. Pero 
esta época, de exigencias infinitas, se caracteri- 
za en todas partes por una desoladora crisis de 
hombres. No es en Cuba; es en toda América, 
es en toda Europa. ¿Es que, efectivamente, 
Zayas es inferior a las exigencias de su país? 
Aquí sí que no es posible generalizar en la res- 
puesta. Porque si existe un país en el que sea 
difícil advertir, por mucho que se acerque el 
oído a su alma, qué es lo que pide, este país es 
Cuba. Las ideas son confusas e inarticuladas; 
faltan impulsos juveniles ; carece de fuerte emo- 
ción pública. Cierto que hay una inquietud que 



24Ó MARCELINO DOMINGO 

es la inquietud vital de este Continente, que 
aún busca su camino para imponerse; pero es 
una inquietud difusa, inconsistente. No se pue- 
de afirmar si Zayas es superior a Cuba o si 
Cuba es superior a Zayas. Lo que sí puede 
afirmarse es que Zayas se encuentra sin pueblo 
que le siga y que el pueblo cubano se siente sin 
pastor que le guíe. 



LA ISLA ENCADENADA 

Cuba es la isla encadenada. Encadenada 
cuando era colonia y no tenía, por consiguien- 
te, otra libertad que la que España le permitía 
disfrutar. Encadenada hoy, después de con- 
quistar con sangre su independencia; encade- 
nada hoy por los Estados Unidos, que con lá 
apariencia de dejarla en franco y completo ejer- 
cicio de soberanía, ha puesto a esta soberanía 
las cadenas de la enmienda Platt. 

La riqueza de Cuba, más que su azúcar y 
su tabaco, es su posición geográfica; aislada, 
como el Japón y como Inglaterra; llave de un 
trozo de mar que es la puerta de un Continen- 
te, inmediato a toda la América central y a la 
América del Norte y separado 1 de una y de otra. 
La riqueza de Cuba es su posición geográfica, 
y esta posición geográfica, que podía ser base 
de la más efectiva y formidable soberanía, es 

16 



M 2 MARCELINO DOMINGO 

causa de su encadenamiento. Es un caso aná- 
logo al que ofrece Méjico; su fuerza económi- 
ca es el tesoro inmenso de petróleo que guarda 
en las entrañas de su subsuelo. Cuando los pue- 
blos proceres van de una parte a otra de la 
tierra en busca del massut, convencidos que sólo 
quien posea este mineral en cantidad suficiente 
poseerá independencia, Méjico es dueño hoy 
por hoy de él, en los límites de producción que 
se pudieran señalar a un manantial inagotable. 
El petróleo es la riqueza de Méjico y el pe- 
tróleo es la causa de la miseria y de la inestabi- 
lidad política y de la descarada mediatización 
que Méjico sufre. 

El caso de Cuba y de Méjico no es excep- 
cional en la historia de los pueblos ni en la vida 
de los hombres. Existen y han existido infini- 
dad de personalidades, individuales o colecti- 
vas, que han debido su sumisión o su abyección 
a lo mismo que podría haber sido y que es en 
otras manos instrumento de dominación y de 
prestancia formidable. 

Cuba presenta un aspecto moral más dolo- 
roso que el de Méjico. Méjico ha permitido que 
elementos extraños acapararan su riqueza, que 
capital extranjero se adueñase de sus hacien- 
das, de sus minas, de su comercio ; pero ha man- 



LA ISLA ENCADENADA 243 

tenido un gesto de rebeldía contra el pretendi- 
do dominador; el dominador no ha puesto pie 
en la Constitución de Méjico; al contrario: la 
Constitución de Méjico comienza a poner el 
pie sobre su cabeza. Cuba, no; luchó por des- 
encadenarse de España, cuando España había 
permitido que quedara ya encadenada a los 
Estados Unidos; se desencadenó de España, y 
desde entonces vive encadenada a los Estados 
Unidos. Por cansancio en la lucha, por intui- 
ción de impotencia, por debilidad de espíritu, 
por insensibilidad civil o por desesperación, el 
resultado es que la Cuba noblemente, virilmente 
rebelde ante España, está caída rendida, sumi- 
sa ante los Estados Unidos. Cierto que en la 
intimidad del alma de cada cubano hay un 
fondo de dolor, de aversión, de protesta contra 
este encadenamiento; cierto; pero en la super» 
fíele de la vida son ostensibles todos los signos 
de una abdicación absoluta. Los Estados Uni« 
dos encuentran en Cuba campo abierto y expe- 
dito para su imperialismo económico y político. 
El encadenamiento de Cuba, como el de 
todo ser con pensamiento y con voluntad, pro- 
duce ira en quienes, sabiendo que encadena- 
miento significa esclavitud moral, pugnan por 
que el pensamiento y la voluntad, totalmente. 



244 MARCELINO DOMINGO 

libres, rindan a la Humanidad su más podero- 
sa contribución. Encadenamiento es desinterés 
por la cultura, indiferencia por la civilidad, 
desdén por la acción; encadenamiento es ser- 
vilismo obligado y servilismo creado. El enca- 
denado, o lucha desesperadamente por romper 
las ligaduras o se acomoda a vivir con ellas y 
no siente internos afanes por conseguir la vida 
espiritual propia ni la vida moral colectiva. El 
encadenado, o acaba siendo un superhombre, 
si lucha, o acaba siendo un ex hombre, si se 
entrega. ¿Vamos a analizar uno a uno los efec- 
tos que en Cuba ha producido esta situación de 
dependencia? No. Vamos a volver los ojos so- 
lamente sobre el panorama de su política para 
advertir los estragos causados en la conciencia 
pública y en la conciencia civil de cada hom- 
bre. Un derecho que produce este morboso es- 
tado de hecho debe ser repudiado sin piedad. 
El encadenamiento de Cuba esta produciendo 
el aniquilamiento moral de uno de los sectores 
humanos más emotivos y con un perfil de la 
más clara y bella característica personal. El en- 
cadenamiento de Cuba está apagando el alien- 
to vital del espíritu cubano. Y contra esto hay 
que rebelarse. Hay que rebelarse incluso en 
nombre del egoísmo, que reclama que la Hu- 



LA ISLA ENCADENADA 'M$ 

manidad se enriquezca con la aportación del 
mayor valor que cada hombre signifique. 

La guerra europea fué, en parte, una lucha 
mantenida con objeto de dar libertad y perso- 
nalidad jurídica a las pequeñas nacionalida- 
des. No vamos a discutir si en este punto, como 
en otros muchos, la guerra ha sido, de momen- 
to, una total defraudación de las esperanzas 
que se pusieron en ella. Supongamos polémica- 
mente que no lo ha sido; que las pequeñas na- 
cionalidades han logrado ya la plenitud de su 
soberanía. ¿Podría, con ello, darse por termi- 
nada la obra? No. Hay una realidad más an- 
gustiosa que la que representan las nacionali- 
dades que no logran elevarse a la categoría de 
Estados, y. es la de los Estados con soberanía 
de derecho y de hecho, siendo colonias de de- 
terminados imperialismos económicos o políti- 
cos. Es angustioso ser la India de hoy o la Ir- 
landa de 1 92 1 ; pero es más angustioso ser Mé- 
jico, ser Cuba, ser Guatemala, ser Nicaragua. 
Es angustioso no poseer los atributos de sobe- 
ranía; pero es más angustioso poseerlos y tener 
atadas las manos con que debieran hacerse 
efectivos. ¿Qué medio existe para desencade- 
nar a estas tierras encadenadas? ¿La revolu- 
ción? No es medio, porque quien encadena 



246 MARCELINO DOMINGO 

procura siempre ponerse en condiciones de no 
aparecer como enemigo ostensible; no es un 
encadenamiento de fuerza armada; es un ea- 
cadenamiento de leyes sutilísimas, contra las 
que son impotentes los., brazos de los hombres. 
¿La apelación a la conciencia universal? Esto 
sería tal vez un medio inicial. Y si de ello sur- 
giera una organización económica y política su- 
pranacional que trazara los límites ele ingeren- 
cia de una nación en otra j de independencia 
de todas las naciones, esta organización sería 
evidentemente el medio definitivo. Contra es- 
tas soberanías nacionales fuertes, detentadoras 
de las soberanías nacionales débiles, no existe 
otro instrumento de defensa que la creación de 
una soberanía supranacional que regule los lí- 
mites de acción de las soberanías nacionales; 
que signifique en letra y en espíritu la perma- 
nencia de las leyes éticas supranacionales por 
encima de las leyes que articulen las economías 
de cada nación. 

¿Se va a ello? Debe irse. Y vivimos un mo- 
mento histórico en que el deber y el poder tien- 
den a alcanzar el mismo plano. Sí. Se va a 
ello. Contra las exigencias de los viejos impe- 
rialismos, que resisten denodadamente, destaca- 
se el espíritu arrollador de una fuerza que apa- 



LA ISLA ENCADENADA 247 

reci® con el desencadenamiento de la guerra 
europea y que avanza todavía y que avanzará 
hasta el punto de que las inquietudes y las ne- 
cesidades coincidan con las realidades creadas. 
Sí. Se va al establecimiento de un organismo 
supranacional que fije derechos y deberes eco- 
nómicos y políticos. Sólo un organismo así pue- 
de desencadenar a Cuba, restableciendo en ella 
todos sus derechos, y puede evitar que Cuba 
se encadene nuevamente a sí misma, obligán- 
dola al cumplimiento de todos sus deberes. 



ÍNDICE 

Páginas 

SOLILOQUIOS DE UN EMIGRANTE 

El hombre peligroso 5 

La soledad de España. 13 

Andar y ver 19 

Psicología del pasajero 29 

El aventurero español 35 

Lecturas evocadoras .v . . . 41 

PANORAMAS TROPICALES 

Las evocaciones de la Habana 51 

La luz, la palmera y el caballo..., 57 

Santiago, la ciudad convulsa 63 

REFLEXIONES DE UN ESPAÑOL 

Un español en América 71 

Un manifiesto revelador 77 

LA ESPAÑA QUE PERDURA EN CUBA 

Un Centro español 95 

"Una Quinta de Salud ....... r .. T 103 



Páginas 

El Estado español y los Estados de América.. 1 09 
El Estado español y sus colonias de América.. 1 1 5 
Los reconquistadores, peores que los. conquis- 
tadores 123 

España fuera del camino de América 129 

Asia despierta 135 

FORJADORES DE LA INDEPENDENCIA 

Martí, el escultor de su pueblo 145 

Maceo, la espada de la independencia 153 

La vida ejemplar de Estrada Palma 161 

Una escuela y una educadora 171 

El valor efectivo y simbólico de una granja... 1 77 

Wood, el general maestro 183 

LA ISLA ENCADENADA 

Malas herencias 193 

Formadores y deformadores de opinión 1 99 

El hundimiento de las economías milagrosas... 205 

Una intervención tortuosa 211 

Un cetro de caña 219 

La diplomacia del dólar y la enmienda Platt.. 229 

El presidente Zayas 235 

La isla encadenada 241